“La revolución será moral, o no será”
Eso lo dijo el filósofo Charles Péguy. Estados Unidos se aboca a una de las elecciones más importantes para el mundo. Lo que se llamó "El Consenso de Washington", planteaba que con el fin de la Guerra Fría había emergido un esquema universal para las naciones, resumido en dos ideas fuerza: Democracia y Mercado. La crisis económica que recorre el globo no es el fin del capitalismo y la democracia, como quisieran algunos nostálgicos de la extrema izquierda, sino el del capitalismo de casino y la fantasía del mundo unipolar.
Ahora, Barak Obama parece representar la opción más alejada del neo conservadurismo de George Bush y la mejor oportunidad para construir un nuevo orden mundial, que debe regresar a los principios y valores fundamentales: La democracia como sistema para producir el mayor grado de felicidad en la población; el mercado como mejor sistema para producir y distribuir riqueza; el Estado como instrumento para proteger los derechos individuales y sociales; y la dispersión del poder como garantía frente a los abusos de los poderosos. La democracia ya no se podrá imponer; el mercado no será un fin, sino un medio; el Estado no será espectador, sino árbitro y el poder mundial no se concentrará en Washington, sino en polos. Pero, sobre todo, ese nuevo orden mundial será moral, o no será.