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La savia vital de la patria por unos dólares más...


Cuando una comisión de la Asamblea Legislativa aprobó, en primer debate, el establecimiento del idioma inglés como idioma comercial de la República, válido para todas las transacciones comerciales y financieras, pasó por alto o ignoró, según se quiera, algunos aspectos fundamentales de los elementos que constituyen una nación. Además de cerrar los ojos (o tenerlos ciegos) a lo que es la forma de actuar del gran capital en el mundo actual "postglobalización", ha tenido que dejar cerrados, sin abrirlos ni una vez, los volúmenes que en la biblioteca del Palacio Justo Arosemena contienen las leyes vigentes y la Constitución que, en sus primeras líneas, establece que el idioma nacional es el español.
¿Qué pensarán los estudiantes universitarios y los de secundaria sobre el futuro que les espera si ya han llegado a la edad adulta sin saber inglés, puesto que no podrán aprenderlo nunca con la necesaria perfección como para escribir o entender bien los documentos que se producen en la economía de un país? ¿Qué pensarán sus padres después de haber pasado tantos años haciendo toda clase de sacrificios ofrendados en aras del sueño de que a sus hijos podría tocarles una vida mejor?
222...lo que puede quedar para este pedacito nuestro del Tercer Mundo sería lo que allá es desechable, lo que allá no sirve.
¿Qué pensarán los maestros frente a la perspectiva de que Panamá se inunde con maestros extranjeros de mediocre calidad bajo el pretexto de que vienen a enseñarles a todos los panameños a hablar inglés? Conste que he dicho mediocres porque en el país cuya preponderancia en la economía mundial ha dado a su idioma un lugar especial en la economía del mundo, uno de los principales problemas sociales es la falta de maestros buenos al punto de que están importando maestros de Canadá y de otras partes. Una de las manifestaciones más dolorosas de ese problema es que en Estados Unidos, según las estadísticas de fin de siglo, se calculaba que dos de cada cinco adultos serían analfabetos funcionales en el año 2000. Esto traducido al español panameño significa que lo que puede quedar para este pedacito nuestro del Tercer Mundo sería lo que allá es desechable, lo que allá no sirve.
Pero el proyecto dice que: "Para suplir el déficit de educadores especialista en la enseñanza del idioma inglés, se permitirá la inmigración temporal de estos especialistas para impartir clases de inglés".
(Conste que los errores gramaticales crasos que aparecen subrayados en las partes que cito están en la transcripción del texto del proyecto aprobado que tengo en mis manos, lo que revela el grado de calidad lingüística que impera y, entre otras cosas, al que no sabe gramática, al extremo de no poder hacer que el verbo concuerde con el sujeto, le resulta imposible aprender bien otro idioma).
Ahora bien, los que por su trabajo o por curiosidad conocen superficialmente el sistema jurídico en que vivimos, tienen conocimiento de que la obligación de inscribir determinados documentos en el Registro Público es para hacerlos de conocimiento público como lo establece claramente el Código de Comercio. ¿Y cómo puede ser de conocimiento público un documento en inglés en un país de habla española?
Esa dependencia estatal, que es la piedra angular de la institución de la propiedad privada, perdería todo sentido si lo que se inscribe en ella no lo puede conocer todo ciudadano, pero el proyecto de ley dice que: "Todo trámite, contrato, documento, comunicaciones escrita y verbales, títulos, valores y otros efectos comerciales, financieros y de negocios en general podrán formalizarse en idioma inglés, con la misma validez y fuerza legal que los emitidos en idioma español".
Además, dice que: "Todo documento comercial, financiero y/o relativo a actividades comerciales, financieras y de negocios, que requieran ser notariados e inscritos en el Registro Público, podrán registrarse en idioma inglés".
Ahora bien, prácticamente todas las transacciones contractuales implican una relación entre dos o más personas naturales o jurídicas, y establecen obligaciones y derechos para cada una de las partes, y lo fundamental en todo contrato es que se cumpla lo que se acordó, y eso no siempre ocurre como saben muy bien los jueces que a diario tienen que resolver disputas entre contratantes porque uno alega que el otro no cumplió. A la edad que tienen, ¿tendrán que aprender inglés todos los jueces cuya competencia abarque relaciones contractuales? Si no saben inglés, ¿cómo van a saber quién tiene la razón? ¿O es que a los autores del proyecto se les olvidó incluir al Órgano Judicial y a todos los jueces dentro de una disposición que contemplara el aprendizaje forzoso de ese idioma? ¿O es que lo han dejado para las sesiones de septiembre?
¿Es que ninguna de las personas que tuvieron que ver con el proyecto pensó que ningún capitalista firmaría un contrato en un idioma que no va a entender el juez que resolvería cualquier disputa que surgiese de lo firmado? Y en cuanto a contratos que tengan que ver con documentos que ya consten inscritos en el Registro Público, ¿será que piensan ir contra el principio reconocido en todo el mundo sobre la función de un Registro Público como medio para que los actos jurídicos sean de conocimiento público? ¿Será que todo lo que está registrado lo van a traducir al inglés, para que cualquier Peter Johnson entienda cuáles son los linderos del lote que compra? ¿Será que las escrituras en papel sellado terminarán todas con un sello que diga "THE PANAMA PUBLIC REGISTRY", con el escudo nacional en el centro?
Además, con la calidad del inglés que aprenderían los miles de personas que tienen que ver con las transacciones y los contratos, ¿entenderá el señor de Londres o de Nueva York lo que le han preparado, o es que han pensado que, detrás de los maestros de inglés, vendrán los abogados desempleados de Estados Unidos a encargarse del tamal? Cualquiera que tenga familiaridad con la profesión sabe muy bien que los abogados con capacidad para redactar un contrato en inglés son muy escasos, como es natural en un país de habla española, y como ocurre también en cualquier país cuyo idioma nacional no sea el inglés. En Francia, en Italia, en Alemania, en el Japón, en Rusia, son contados los abogados que conocen el inglés con la perfección necesaria para escribir textos jurídicos. Por eso los jefes de Estado siempre hablan en su idioma aunque conozcan el idioma del país que visitan.
Algo más que se ha quedado en otro desván (esta vez el desván de la memoria de la gente) es que, además de meterle un alfiler al globo del dinero circulante con la venta del INTEL y del IRHE, el gobierno anterior, en su globalizadera, dejó abiertas las puertas para que los abogados extranjeros pudieran ejercer libremente en Panamá, como parte del precio del boleto de entrada a la Organización Mundial de Comercio cuyos beneficios nadie ve.
Por último, a ninguno de los autores del proyecto se le ocurrió pensar que el idioma es el elemento fundamental de la nacionalidad. Los países cambian de bandera y de himno y de escudo, y esto se ha visto incluso entre grandes potencias a lo largo de los últimos siglos, y cambian también de moneda como acaba de hacer casi toda Europa, pero a ningún político en un país civilizado, ni en voz baja siquiera, se le ocurriría decir que apoya la idea de introducir otro idioma para la economía de su país, mucho menos si se trata de una sustitución completa. Además, cualquier capitalista de importancia preferiría invertir en la República Checa antes que en Panamá, y allá tienen que hacer los contratos en checo.
Como Giordano Bruno decía que la filosofía era un consuelo, quisiera recordar ahora lo que dijo Hannah Arendt, la gran figura femenina de la filosofía alemana en el siglo XX, cuando regresó a Alemania después de la guerra y se encontró con todo destruido. El periodista que la entrevistaba le preguntó: "¿Qué queda, entonces?", y Hannah Arendt le respondió: "¿Qué queda? ¡La lengua materna!". Con eso, con su lengua materna estudiada con esmero, cuidada y venerada como el principal recurso nacional, por los conocimientos y las tradiciones y la sabiduría que encierra toda lengua culta, el pueblo alemán construyó sobre ruinas la potencia que es Alemania ahora. Y el español, aunque muchas veces aquí no lo parezca, es una de las principales lenguas cultas, con un inconmensurable acervo que incluye nuestra participación en la cultura occidental y en el desarrollo científico y tecnológico del mundo.
¿O será que todo es una gigantesca burla o un grotesco juego de manos que nos cae encima por los tratados que recientemente firmaron en inglés y sin plenipotencia y sin la ratificación que la Constitución exige para los pactos que obligan a la nación en los términos que esos instrumentos contienen? ¿O será que los conspiradores golpisas que el gobierno denuncia a cada rato le metieron un gol a la asamblea porque decidieron que es hora de que el país entero se levante?

101 años de Panamá América

 
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