default

La segunda república


" Todo pasa" reza la antigua filosofía griega y en los versos del sabio Salomón hay uno que enfatiza lo pasajero y baladí de las cosas terrenas. Por ello en el Libro de Eclesiastés se nos exhorta a acordarnos de nuestro Creador todos los días de nuestra vida, en especial en los años de la adolescencia. También ha pasado el torneo electoral. Martín Torrijos resultó, abrumadoramente, el Presidente Electo. Así, pues, sale a la palestra gubernamental un hombre respaldado por las grandes mayorías de la nación y con una alta dosis de legitimidad política a la que se suma la representatividad nacional.
El pueblo se pregunta, ¿y ahora qué? La pregunta es profunda, hasta filosófica. Encierra un cúmulo de expectativas en donde se debaten, en cada extremo, sueños e inquietudes; esperanzas y aflicciones; metas y programas. Tras de ella vienen otras de la misma naturaleza: ¿Tendremos empleos los panameños y a esas plazas de trabajo que se habrán de generar, para su acceso, se tomarán en cuenta la preparación, la necesidad de cada cual o seguiremos inmersos en los nombramientos que requieren como condición previa el pertenecer a un partido político o acatar la orden de inscribirse, de inmediato, en él? ¿Resolveremos los problemas del Seguro Social?; ¿qué respecto a la inseguridad ciudadana?; ¿qué propuestas se nos traen respecto al problema de la vivienda a la que no tienen acceso los pobres?; ¿la administración de justicia seguirá postrada en el cadalso?; ¿quienes son los hombres y mujeres transparentes, que ocuparán los puestos claves del gobierno para hacer realidad la propuesta Patria Nueva?.
Martín Torrijos tiene que enfrentar retos de gran magnitud. Los panameños debemos ser conscientes que se requiere de un tiempo prudencial para poner en ejecución los planes de gobierno. La paciencia del pueblo será vital en el primer año de gobierno del presidente electo. Pero, para nuestro pueblo será suficiente que, de modo mínimo, se vayan atisbando u observando los mínimos indicios que darán muestras de que sí es posible construir una Patria Nueva.
Ahora todo se presenta como novedoso para nuestra gente. Es como cuando, por las mañanas, vislumbramos el nuevo amanecer. El pueblo encontró, humanamente hablando, a alguien en quien creer. No podemos decepcionar a nuestra gente. Un nuevo Pacto Social, dijo Martín Torrijos, se inicia entre el nuevo gobierno y la sociedad en general. Es un pacto de promisiones, de esperanzas y expectativas. La desilusión sería catastrófica y de efectos impredecibles. ¡Pero no se defraudará al pueblo! Debemos ser garantes de que se cumpla ese nuevo pacto social. Es un error pensar que debemos cruzarnos de brazos y estar a la expectativa de qué se cumple y que no se ejecuta.
Nadie nos ha puesto como fiscales ni jueces de esta nación. Al final de cuentas es Dios quien juzga las acciones de los hombres y es ante El que rendiremos cuentas el día del juicio final. Mas, nuestro pueblo permanece, insisto, en la creencia de que sus nuevos gobernantes harán todo lo posible para cumplir con las propuestas electorales. Toca a nosotros no decepcionar al pueblo panameño. Ya el Presidente Martín lo reiteró en un discurso, que asumía la histórica responsabilidad de gobernar a la nación con un sentido de humildad y de querer hacer las cosas bien para la reconstrucción de la Patria. A la oposición Martín Torrijos le ha peticionado algo especial: "arranquen cuando al menos, como Presidente, firme el primer decreto presidencial". Ello traduce varias cuestiones: que será tolerante con la oposición y que, al mismo tiempo, ésta haga lo que tiene que hacer con elegancia, fundamentación crítica y objetiva, gallardía y tolerancia política.
No hay lugar a las críticas cuando ni siquiera Martín Torrijos ha dado inicio a su gestión de gobierno. No podemos adelantarnos a lo que no se ha hecho o acontecido. Pregonar una oposición de modo preliminar implica o traduce falta de madurez política. El nuevo gobierno, quienes lo vayan a integrar, requieren prudente paciencia y benevolencia, no sólo de los cientos de miles que respaldaron la propuesta Patria Nueva, sino de todo los que convivimos en esta Patria, pues al final de cuentas todo cuanto atañe al Estado y a la Nación debe ser materia de preocupación para todos los panameños y para quienes conviven en este Istmo. Hagamos las cosas pensando siempre como estadistas y no como políticos. El Gobierno de Martín dará inicio a la Segunda República.
La falta de transparencia y de rendición de cuentas por parte de los Organos del Estado ante los ciudadanos todos, ha generado una creciente pérdida de credibilidad que sólo podrá recuperarse a través de la decidida participación ciudadana, para lo cual todos y cada uno de los habitantes de nuestro país tiene que ser respetado en sus libertades y en sus derechos.
Las elecciones y sus resultados son únicamente una muestra de las selecciones que se imponen a la ciudadanía para pode ser actores y no espectadores de la construcción de un Estado nuevo. El Estado -se ha dicho- es uno de los rostros de la democracia, luego un Estado sin ciudadanos soberanos y sin poder es una democracia hueca, una democracia falsa, que es exactamente lo que no se quiere.
Si aceptamos que la política "encarna las opciones, agrupa las voluntades y crea poder", condiciones inexcusables para el surgimiento y el desarrollo de una democracia moderna, debemos entonces lograr que las recientes elecciones y sus selecciones no sean nuevamente "una mascarada, en que los grandes disfraces y las frases y gestos no son más que una careta para ocultar lo mezquino y lo miserable".
Tal vez debamos preguntarnos con Maurice Joly en su "Diálogo en el Infierno entre Maquiavelo y Montesquieu": "¿Qué forma de gobierno creéis posible en una sociedad donde la corrupción se ha infiltrado por doquier, donde la riqueza se adquiere por la sorpresa del fraude, donde únicamente las leyes represivas pueden garantizar la moral y el mismo sentimiento patriótico se ha disuelto en no se qué cosmopolitismo universal?".

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América