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La segunda república


El viernes pasado, con ocasión del acto de transferencia de la vía interoceánica, comentamos respecto a lo que consideramos una tendencia a percibir el trascendental acontecimiento como una especie de final de la historia patria cuando en verdad es apenas el comienzo de la oportunidad que por 94 años nos había sido denegada, de forjar nuestro propio destino como nación plenamente independiente y soberana.
El nuevo milenio nos sorprende en medio de grandes problemas sociales. Una pobreza intolerable que linda el 35%, una desnutrición infantil que limita el desarrollo corporal y mental de nuestros niños y que excede el 25%, una delincuencia agresiva que crece en progresión geométrica, una corrupción asfixiante, un crecimiento económico anémico de sólo 3.5% que actúa como serio limitante de cualquier acción de gobierno tendiente a solucionarlos y un desempleo que se mueve alrededor del 12.5%.
En ese contexto, los centros metropolitanos circundantes al Canal no pueden permitirse el lujo de estimular una migración masiva hacia ellos, que comprometería el frágil equilibrio de la cuenca hidrográfica que nutre y da vida a la vía interoceánica. Debemos por tanto cuidar que la distribución geográfica de la población del país no se altere en demasía. Las fuentes de agua potable en la capital son cada vez más escasas y están contaminadas.
Por otro lado, la educación nacional es un desastre, la incultura y las peores costumbres campean y echan profundas raíces, lo cual podría contaminar el más valioso de nuestros recursos, sus ciudadanos. Si no cuidamos y mejoramos este elemento, olvidémonos de competitividad e inversión.
El Canal, por su parte, conlleva la oportunidad de desarrollar plenamente nuestro potencial marítimo y de centro multimodal de intercambio y redistribución de bienes y servicios. Para ello nos ayudará el área canalera y los varios proyectos que en él se desarrollan. Pero no pasemos por alto que su pleno aprovechamiento irá aparejado también con el recurso humano. Paralelamente nos toca modernizar la vía y encontrar fórmulas para financiar las obras. El impacto de esos trabajos revolucionará la economía de un país tan pequeño, por su costo descomunal.
Nos toca también edificar una nueva y moderna relación con Estados Unidos, cimentada en la concurrencia de intereses y sin comprometer la plena independencia recién lograda. Al respecto hemos de abocarnos en su momento al estudio del Tratado de Neutralidad, a fin de determinar si conviene luchar por su revisión; debemos asimismo procurar el saneamiento de las áreas del territorio nacional, contaminadas por casi un siglo de presencia militar norteamericana en nuestro suelo. Todo ello es parte de la tarea que nos espera a partir de ahora.

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América