La seguridad como bien público
La seguridad democrática es un tema que debe estar presente en la agenda ciudadana, la agenda gubernamental, la agenda electoral partidaria pero como una agenda de Estado de nuestro país. En un reciente Foro Centroamericano sobre seguridad realizado en Guatemala, en agosto, auspiciado por la Coordinadora Regional de Investigaciones Económicas y Sociales CRIES y el Centro de Investigaciones Internacionales para el Desarrollo (CIID) de Canadá, sirvió para generar un fructífero intercambio de ideas sobre los nuevos retos de la seguridad hemisférica, regional y nacional, y la revisión y reforma del Tratado Marco de Seguridad Democrática en Centroamérica (TMSDCA).
En el evento, partiendo de la realidad de los acontecimientos del 11 de Septiembre y los elementos que constituían el concepto de seguridad en ese entonces, se llegó al acuerdo de que la seguridad hemisférica enfrenta diversas vulnerabilidades y amenazas. Entre éstas se encuentran:
La propia situación del 11 de Septiembre y ciertos conflictos internos, como el caso de Colombia que se percibe como un problema de terrorismo y narcotráfico, también constituyen una amenaza para la agenda de seguridad y el estado de la seguridad hemisférica.
Con respecto al proceso de revisión y reforma del tratado marco se concluyó y recomendó lo siguiente:
El libro “Los emperadores de la jungla” de John Lindsey Poland, que acaba de publicar el IDEN de la Universidad de Panamá, constituye un excelente acercamiento de peligros pasados y presentes que son un riesgo para el fortalecimiento de la sociedad y la democracia panameñas.
Como afirma Francine Jácome, en función de la socialización de los temas sobre seguridad, es perentorio que ésta sea definida como un bien público (definidos a grandes rasgos como aquellos bienes que favorecen y pueden ser disfrutados por una mayoría de la población, ya que no están orientados hacia un sector específico), lo cual implica que deben establecerse espacios públicos para su discusión y que requieren ser construidos en forma colectiva. A tal fin, uno de los mecanismos que se ha propuesto son los llamados policy networks, en los cuales participan actores estatales y no estatales en función de la definición de consensos, así como planes de trabajo comunes y participativos que permitan generar estos bienes públicos.
Esta propuesta se realiza frente a los peligros actuales que las libertades y los derechos ciudadanos y humanos se vean recortados en función de la seguridad; se puede estar ante una reedición o reformulación de la Doctrina de Seguridad Nacional.
El riesgo de esta reelaboración es que nuevamente, como en décadas anteriores, la seguridad nacional, regional y hemisférica sea definida como una serie de mecanismos necesarios para defender no al Estado mismo, sino a determinados actores políticos y económicos por encima de las necesidades e intereses de los ciudadanos.
El tema de seguridad democrática en Panamá debe ser transparente y accesible a todos los sectores nacionales.
Hoy, cien años después, hay evidentes paralelos históricos. La separación de Panamá, al comenzar el siglo XX, no está desligada del estado de postración en que dejó a Colombia la Guerra de los Mil Días. En los comienzos del XXI, el conflicto interno persiste: ya no se trata de liberales y conservadores, sino de la confrontación con grupos guerrilleros y paramilitares. Pero todavía la violencia debilita nuestra posición internacional y nos conduce a una política exterior subordinada. Hay diferencias, y grandes, entre la danza de los millones que siguió al Urrutia-Thompson y el actual Plan Colombia. Pero ambos son reflejos de la vulnerabilidad externa que genera la violencia interna".
El Tiempo de Bogotá estuvo en Panamá para averiguar cómo les transmiten a los niños de edad escolar la historia de su separación, en 1903, de Colombia.
Las razones expuestas a los escolares panameños son las que desde primarias nuestros maestros nos enseñaron: Colombia no atendía las necesidades del departamento de Panamá y peor aún rechazo la firma del Tratado Herrán-Hay, que autorizaba la construcción del canal a Estados Unidos.
Eulibiades Chérigo, supervisor nacional de Geografía e Historia de Educación Media Académica, del Ministerio de Educación, al ser cuestionado por el periodista colombiano sobre cómo le enseñaron la historia de la separación, respondió que "como un cuento: en el momento en que los liberales y conservadores estaban trenzados en la Guerra de los Mil Días, los istmeños dijeron: "No vamos a ser más colombianos, vamos a ser panameños". Pero no se transmite una idea de Colombia negativa. De lo que se hablaba era del sueño de Bolívar, de un conflicto de fronteras. Hoy hablamos del principio de autodeterminación de los pueblos. Y sentimos hacia Colombia una gran hermandad", dice.
Para los colombianos, se trata de un traidor y así lo manifiesta El Tiempo en su edición del pasado 23 de octubre cuando titula "General Esteban Huertas, el colombiano traidor".
En su publicación, el diario colombiano apunta que Huertas "fue pieza clave en la emancipación de Panamá al capturar a sus generales compatriotas que iban a evitar el golpe".
Agrega que "los panameños acordaron con él que permitiría que los golpistas actuaran sin restricción, deteniendo a los generales colombianos Juan B. Tovar y Ramón G. Amaya en el Cuartel de Chiriquí, ubicado en Las Bóvedas. Ellos comandaban un batallón que defendería la soberanía ante una inminente invasión de Nicaragua".
Para los panameños, definitivamente un héroe. Allí, en las Bóvedas, donde hace cien años detuvo a Tovar y Amaya, hoy se erige un paseo en su honor "El Paseo Esteban Huertas", que perdurará como símbolo de la gratitud y respeto de todos los panameños.
En el evento, partiendo de la realidad de los acontecimientos del 11 de Septiembre y los elementos que constituían el concepto de seguridad en ese entonces, se llegó al acuerdo de que la seguridad hemisférica enfrenta diversas vulnerabilidades y amenazas. Entre éstas se encuentran:
La falta de despegue económico y la insuperable lucha contra la pobreza. El debilitamiento del sistema judicial y la falta de institucionalización democrática, lo cual resulta a consecuencia de una clase política antidemocrática y una sociedad civil que no participa. La falta de integración en Centroamérica y la falta de consenso en cuanto a una visión política, económica y social.
La propia situación del 11 de Septiembre y ciertos conflictos internos, como el caso de Colombia que se percibe como un problema de terrorismo y narcotráfico, también constituyen una amenaza para la agenda de seguridad y el estado de la seguridad hemisférica.
Con respecto al proceso de revisión y reforma del tratado marco se concluyó y recomendó lo siguiente:
Para Centroamérica debería significar mantenerse firme con el espíritu del tratado marco, independientemente de las visiones hemisféricas, y buscar que las acciones que se tomen sean congruentes con el tratado. Debe darse un proceso integral que identifique los temas que requieren revisión, defina los actores, diseñe una serie de mecanismos de revisión y reforma, y que elabore un plan de trabajo para que esta revisión sea factible. Una vez concluida la revisión, incentivar la ratificación por parte de Panamá y Costa Rica, así como la inclusión formal de Belice. Inclusión de otros actores, si es que se va a tomar el concepto ampliado de seguridad. Creación de zonas de paz, donde no haya ejército. Desmilitarización de Centroamérica como zona de paz. Impulsar la voluntad política para hacer que el balance razonable de fuerzas sea congruente con la reducción de las fuerzas armadas, efectivos y armamento. Desmilitarizar los problemas de seguridad. Fortalecer medidas de confianza y mecanismos de resolución de conflictos. Revisar las políticas de defensa y seguridad nacional para hacerlas congruentes con el concepto de seguridad democrática. Revisar todo el proceso de revisión y reforma del tratado, incluyendo su institucionalidad.
El libro “Los emperadores de la jungla” de John Lindsey Poland, que acaba de publicar el IDEN de la Universidad de Panamá, constituye un excelente acercamiento de peligros pasados y presentes que son un riesgo para el fortalecimiento de la sociedad y la democracia panameñas.
Como afirma Francine Jácome, en función de la socialización de los temas sobre seguridad, es perentorio que ésta sea definida como un bien público (definidos a grandes rasgos como aquellos bienes que favorecen y pueden ser disfrutados por una mayoría de la población, ya que no están orientados hacia un sector específico), lo cual implica que deben establecerse espacios públicos para su discusión y que requieren ser construidos en forma colectiva. A tal fin, uno de los mecanismos que se ha propuesto son los llamados policy networks, en los cuales participan actores estatales y no estatales en función de la definición de consensos, así como planes de trabajo comunes y participativos que permitan generar estos bienes públicos.
Esta propuesta se realiza frente a los peligros actuales que las libertades y los derechos ciudadanos y humanos se vean recortados en función de la seguridad; se puede estar ante una reedición o reformulación de la Doctrina de Seguridad Nacional.
El riesgo de esta reelaboración es que nuevamente, como en décadas anteriores, la seguridad nacional, regional y hemisférica sea definida como una serie de mecanismos necesarios para defender no al Estado mismo, sino a determinados actores políticos y económicos por encima de las necesidades e intereses de los ciudadanos.
El tema de seguridad democrática en Panamá debe ser transparente y accesible a todos los sectores nacionales.
Hoy, cien años después, hay evidentes paralelos históricos. La separación de Panamá, al comenzar el siglo XX, no está desligada del estado de postración en que dejó a Colombia la Guerra de los Mil Días. En los comienzos del XXI, el conflicto interno persiste: ya no se trata de liberales y conservadores, sino de la confrontación con grupos guerrilleros y paramilitares. Pero todavía la violencia debilita nuestra posición internacional y nos conduce a una política exterior subordinada. Hay diferencias, y grandes, entre la danza de los millones que siguió al Urrutia-Thompson y el actual Plan Colombia. Pero ambos son reflejos de la vulnerabilidad externa que genera la violencia interna".
El Tiempo de Bogotá estuvo en Panamá para averiguar cómo les transmiten a los niños de edad escolar la historia de su separación, en 1903, de Colombia.
Las razones expuestas a los escolares panameños son las que desde primarias nuestros maestros nos enseñaron: Colombia no atendía las necesidades del departamento de Panamá y peor aún rechazo la firma del Tratado Herrán-Hay, que autorizaba la construcción del canal a Estados Unidos.
Eulibiades Chérigo, supervisor nacional de Geografía e Historia de Educación Media Académica, del Ministerio de Educación, al ser cuestionado por el periodista colombiano sobre cómo le enseñaron la historia de la separación, respondió que "como un cuento: en el momento en que los liberales y conservadores estaban trenzados en la Guerra de los Mil Días, los istmeños dijeron: "No vamos a ser más colombianos, vamos a ser panameños". Pero no se transmite una idea de Colombia negativa. De lo que se hablaba era del sueño de Bolívar, de un conflicto de fronteras. Hoy hablamos del principio de autodeterminación de los pueblos. Y sentimos hacia Colombia una gran hermandad", dice.
Para los colombianos, se trata de un traidor y así lo manifiesta El Tiempo en su edición del pasado 23 de octubre cuando titula "General Esteban Huertas, el colombiano traidor".
En su publicación, el diario colombiano apunta que Huertas "fue pieza clave en la emancipación de Panamá al capturar a sus generales compatriotas que iban a evitar el golpe".
Agrega que "los panameños acordaron con él que permitiría que los golpistas actuaran sin restricción, deteniendo a los generales colombianos Juan B. Tovar y Ramón G. Amaya en el Cuartel de Chiriquí, ubicado en Las Bóvedas. Ellos comandaban un batallón que defendería la soberanía ante una inminente invasión de Nicaragua".
Para los panameños, definitivamente un héroe. Allí, en las Bóvedas, donde hace cien años detuvo a Tovar y Amaya, hoy se erige un paseo en su honor "El Paseo Esteban Huertas", que perdurará como símbolo de la gratitud y respeto de todos los panameños.