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La seguridad en Panamá


El tema de seguridad en nuestro país es tan viejo como la historia misma. En todos los países de nuestra América se realizó repartición de las tierras con diversas fórmulas lo que generó la existencia de ricos terratenientes y áreas de hacinamiento para el cultivo de la pobreza. La posesión de la tierra llevó al poder político a regir los destinos de los pueblos, mientras que las poblaciones marginadas, quedaron en la total dependencia de los que detentaban el poder en todas sus manifestaciones. Se enraizaron entonces los primeros y subsecuentes focos de pobreza, extrema pobreza y miseria, los que no tenían acceso a una buena vivienda, alimentación, vestido, empleo y educación. Con esta inequidad, la carencia en la solución de las necesidades vitales y tener acceso a la educación, como un instrumento de movilidad social, permitió y ha permitido que muchos de los panameños incurran en la ejecución de delitos que han evolucionado en su cantidad y calidad.

Somos de la creencia que el problema es sumamente complejo y que hay que atacar aquellos factores que constituyen el sustrato primario para la existencia de la actividad criminal. Mejorar las condiciones de vida del pueblo panameño va en primera instancia, iniciar una cultura de prevención del crimen, desde los primeros años de la formación del hogar hasta la realización de campañas que inculquen el sistema de valores positivos, casi dejado de lado en nuestra sociedad, y creando instituciones reales de curación y rehabilitación de los delincuentes para posteriormente reinsertarlos o resocializarlos de manera real y efectiva.

El problema no se soluciona doblando o triplicando las penas o creando la pena de muerte. En un medio como el nuestro donde el sistema carcelario no suple la internalización de todos los delincuentes en el país, ni la distribución de los reos por la calidad de la carga delictiva, permite que nuestras cárceles se constituyan en verdaderos escenarios de escuelas para el crimen, en donde los delincuentes primarios y de faltas leves, se transformen en verdaderos criminales en estos centros. La falta de presupuesto al ?"rgano Judicial y al Ministerio Público es otra agravante que atenta contra la respuesta adecuada que se le pueda dar a este flagelo social.

La carencia de recursos a este nivel, produce la llamada "Mora Judicial", que trae un mayor aumento de la problemática. En la Policía Nacional, los salarios son muy bajos y el crimen está tan organizado que tiene los recursos que les permite comprar conciencias en beneficio de sus intereses. Se deben reforzar los programas educativos a nivel del cuerpo policial para crear algún tipo de solución al problema de seguridad, hay que accionar tanto los niveles macro, messo y micro a los que atañe esta problemática.

La situación de la criminalidad podríamos situarla en cuatro diferentes etapas: Diagnóstico y Prevención; Penalización, Distribución y Adecuación; Curación y Rehabilitación (socio-científica); Resocialización y reinserción. La labor que hay que desarrollar es ingente y compleja, de tal forma que la inversión es de orden multisectoral y debe someterse a un tratamiento científico excepcional. Debe existir conciencia y voluntad política para atender esta situación que gravita con efectos muy nocivos en nuestra sociedad y que no distingue de personas y/o estratos sociales.

101 años de Panamá América

 
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