La separación de Colombia
Recientemente he podido revisar una importante bibliografía sobre los acontecimientos de 1903. Al público que desee tener una visión más objetiva que la usual les recomiendo: El cruce entre dos mares, de D. McCullough; Cadiz a Catay, de Miles Duval; y la muy completa, pese a lo que digan algunos aquí, Panamá y su separación de Colombia, de Eduardo Lemaitre. Obras que sumo al trabajo de Ovidio Díaz E., How Wall Street created a nation, que aparecerá en español el próximo año.
Todos estos libros prueban cómo Estados Unidos presionó a los negociadores colombianos (Silva, Concha y Herrán) para firmar un tratado sobre el Canal que contenía una flagrante violación de la soberanía, bajo amenaza de tomar por la fuerza a Panamá. Cuando estas presiones no dieron resultado, pues, el Senado colombiano rechazó el Tratado Herrán Hay, y aún antes, preparó con el apoyo de prominentes empresarios panameños, ligados a sus intereses, la llamada separación de Colombia.
Al respecto es ilustrativa una carta de Facundo Mutis Durán, quien fuera gobernador de Panamá, dirigida a José V. Concha, el 6 de mayo de 1902, en la que recomienda la firma del tratado, aunque cree que "el canal una vez construido no influirá de modo apreciable en la prosperidad del Istmo..". Señala que algunos se oponen ".. por considerar tales exigencias depresivas de la dignidad y la soberanía de la Nación", entre ellos los liberales. A favor están "la gran mayoría de comerciantes, propietarios, industriales y hombres de negocio", a los que él se suma, para que Panamá no sea tomada por la fuerza.
La carta muestra que no hay unanimidad sobre el tema del Tratado, ni en Colombia, ni en Panamá. Estas contradicciones afectaron a los tres senadores por Panamá: mientras José Agustín Arango, no asistió a los debates porque ya había empezado la conspiración para la separación; José de Obaldía, como parte de la comisión senatorial recomendó, en julio de 1903, su aprobación con "restricciones" y, cuando finalmente se rechazó el 2 de agosto, se retiró de la sala para no votar. Pero el tercer senador panameño, Juan B. Pérez y Soto no votó en contra, e hizo el más importante alegato para su rechazo.
Recomiendo también La jornada del día 3 de Noviembre de 1903 y sus antecedentes, del panameño Ismael Ortega. La obra es una apología del acontecimiento, pero la narración minuciosa permite ver algunos detalles que suelen pasarse por alto. Por ejemplo, el papel decisivo de las tropas norteamericanas.
Amador escribe a Bunau Varilla (el 29 de octubre): "Fate news bad powerfull tiger urge vapor Colón". Este le responde en clave que en dos días llegaría el buque de guerra. Llegaron el Nashville, primero y el Dixie después para asegurar la separación.
Otro elemento interesante es la actitud ambivalente de José de Obaldía, nombrado gobernador de Panamá en agosto. Lemaitre dice que era separatista desde el inicio, pero en la narración de Ortega aparece en la mañana del 3 diciéndole a los conspiradores que cometían una locura, y luego es apresado a la brava, aunque se le envió a casa de su amigo Amador Guerrero.
Chiriquí fue una de las últimas regiones en adherirse. El corornel Alvarado fue enviado para sumar la provincia, pero allá encontró la oposición del capitán Guardado, jefe de la tropa, y del gobernador Ramón de la Lastra, el cual fue finalmente destituido.
Alvarado, intentando influir en el gobernador habla con su hermano, José María, pero éste creía que se trataba de una maniobra de los liberales. Alvarado le respondió: "Don Pepe, Ud. está equivocado. No es esta obra de los liberales, pues, precisamente, son los conservadores los que están a la cabeza de este movimiento. Ahí están don José A. Arango, Amador, Nini Obarrio, Espinoza, Tomás Arias". A lo que el viejo le replicó: "El equivocado es Ud. que es muy joven, y lo han engañado".
Hubo dudas sobre cómo responderían las tropas en Penonomé, al mando de Tascón, que habían sido sacadas de la ciudad por una falsa invasión liberal, para facilitar la ocupación norteamericana. Pero Tascón era amigo de Huertas. En Chitré, el general Correa procedente de Pesé con 75 policías, arrestó al Sr. Burgos, enviado por los separatistas, hasta que el pueblo se "convenció" y lo dejó libre.
Ortega menciona un foco de resistencia en Darién, "habían por allí colombianos con intenciones agresivas", y la detención del comandante Domitilo Cabeza y otros que fueron conducidos a Panamá. En Bocas del Toro nadie, salvo el Dr. Rafael Neira, sabía de la trama, "lo que produjo una verdadera sorpresa en todos los bocatoreños". Cuando el Coronel Eliseo Torres, se retira de Colón sin enfrentar a las tropas yanquis, con un soborno de 8,000 dólares en los bolsillos, un nutrido público de "colombianos", según Ortega, les gritaba improperios, no por apoyar la separación, sino porque no enfrentaba a los gringos.
Luego de retiradas las tropas de Torres, los separatistas, supongo que henchidos de "patriotismo", nombraron abanderado al Coronel norteamericano Shaler, quien cedió el honor de izar la bandera panameña al mayor William Murray Black, gringo también, entre gritos de "Viva la República de Panamá!" "¡Vivan los Estados Unidos de América!".
Un siglo después no puedo dejar de sentirme avergonzado al leer esto. Pero habiendo vivido la invasión del 20 de diciembre de 1989, puedo recordar el descaro con que muchos se echaban a los pies del ejército de ocupación.
Todos estos libros prueban cómo Estados Unidos presionó a los negociadores colombianos (Silva, Concha y Herrán) para firmar un tratado sobre el Canal que contenía una flagrante violación de la soberanía, bajo amenaza de tomar por la fuerza a Panamá. Cuando estas presiones no dieron resultado, pues, el Senado colombiano rechazó el Tratado Herrán Hay, y aún antes, preparó con el apoyo de prominentes empresarios panameños, ligados a sus intereses, la llamada separación de Colombia.
Al respecto es ilustrativa una carta de Facundo Mutis Durán, quien fuera gobernador de Panamá, dirigida a José V. Concha, el 6 de mayo de 1902, en la que recomienda la firma del tratado, aunque cree que "el canal una vez construido no influirá de modo apreciable en la prosperidad del Istmo..". Señala que algunos se oponen ".. por considerar tales exigencias depresivas de la dignidad y la soberanía de la Nación", entre ellos los liberales. A favor están "la gran mayoría de comerciantes, propietarios, industriales y hombres de negocio", a los que él se suma, para que Panamá no sea tomada por la fuerza.
La carta muestra que no hay unanimidad sobre el tema del Tratado, ni en Colombia, ni en Panamá. Estas contradicciones afectaron a los tres senadores por Panamá: mientras José Agustín Arango, no asistió a los debates porque ya había empezado la conspiración para la separación; José de Obaldía, como parte de la comisión senatorial recomendó, en julio de 1903, su aprobación con "restricciones" y, cuando finalmente se rechazó el 2 de agosto, se retiró de la sala para no votar. Pero el tercer senador panameño, Juan B. Pérez y Soto no votó en contra, e hizo el más importante alegato para su rechazo.
Recomiendo también La jornada del día 3 de Noviembre de 1903 y sus antecedentes, del panameño Ismael Ortega. La obra es una apología del acontecimiento, pero la narración minuciosa permite ver algunos detalles que suelen pasarse por alto. Por ejemplo, el papel decisivo de las tropas norteamericanas.
Amador escribe a Bunau Varilla (el 29 de octubre): "Fate news bad powerfull tiger urge vapor Colón". Este le responde en clave que en dos días llegaría el buque de guerra. Llegaron el Nashville, primero y el Dixie después para asegurar la separación.
Otro elemento interesante es la actitud ambivalente de José de Obaldía, nombrado gobernador de Panamá en agosto. Lemaitre dice que era separatista desde el inicio, pero en la narración de Ortega aparece en la mañana del 3 diciéndole a los conspiradores que cometían una locura, y luego es apresado a la brava, aunque se le envió a casa de su amigo Amador Guerrero.
Chiriquí fue una de las últimas regiones en adherirse. El corornel Alvarado fue enviado para sumar la provincia, pero allá encontró la oposición del capitán Guardado, jefe de la tropa, y del gobernador Ramón de la Lastra, el cual fue finalmente destituido.
Alvarado, intentando influir en el gobernador habla con su hermano, José María, pero éste creía que se trataba de una maniobra de los liberales. Alvarado le respondió: "Don Pepe, Ud. está equivocado. No es esta obra de los liberales, pues, precisamente, son los conservadores los que están a la cabeza de este movimiento. Ahí están don José A. Arango, Amador, Nini Obarrio, Espinoza, Tomás Arias". A lo que el viejo le replicó: "El equivocado es Ud. que es muy joven, y lo han engañado".
Hubo dudas sobre cómo responderían las tropas en Penonomé, al mando de Tascón, que habían sido sacadas de la ciudad por una falsa invasión liberal, para facilitar la ocupación norteamericana. Pero Tascón era amigo de Huertas. En Chitré, el general Correa procedente de Pesé con 75 policías, arrestó al Sr. Burgos, enviado por los separatistas, hasta que el pueblo se "convenció" y lo dejó libre.
Ortega menciona un foco de resistencia en Darién, "habían por allí colombianos con intenciones agresivas", y la detención del comandante Domitilo Cabeza y otros que fueron conducidos a Panamá. En Bocas del Toro nadie, salvo el Dr. Rafael Neira, sabía de la trama, "lo que produjo una verdadera sorpresa en todos los bocatoreños". Cuando el Coronel Eliseo Torres, se retira de Colón sin enfrentar a las tropas yanquis, con un soborno de 8,000 dólares en los bolsillos, un nutrido público de "colombianos", según Ortega, les gritaba improperios, no por apoyar la separación, sino porque no enfrentaba a los gringos.
Luego de retiradas las tropas de Torres, los separatistas, supongo que henchidos de "patriotismo", nombraron abanderado al Coronel norteamericano Shaler, quien cedió el honor de izar la bandera panameña al mayor William Murray Black, gringo también, entre gritos de "Viva la República de Panamá!" "¡Vivan los Estados Unidos de América!".
Un siglo después no puedo dejar de sentirme avergonzado al leer esto. Pero habiendo vivido la invasión del 20 de diciembre de 1989, puedo recordar el descaro con que muchos se echaban a los pies del ejército de ocupación.