¿La sexta gran extinción?
Amás de un mes de haber finalizado la conferencia mundial sobre el cambio climático realizada en Copenhague resulta claro que la misma debe calificarse como un notable fiasco para la humanidad. El propio Joseph Stiglitz, quien en sus trabajos teóricos ha argumentado a favor de la posibilidad de un crecimiento económico continuo sin ninguna limitación por parte los recursos naturales, y quien actualmente se muestra favorable a las políticas de mercado como solución al problema del calentamiento global, así lo ha destacado explícitamente, reconociendo que los lideres mundiales han sido incapaces de traducir la retórica sobre el tema en una acción concreta.
Este fracaso, desgraciadamente, se da en una coyuntura en la que el problema parece estar cruzando una serie de umbrales a partir de los cuales el mismo se retroalimenta y acelera. Este es el caso del rápido deshielo del ártico que lleva a un deterioro del llamado efecto albedo, reemplazando el hielo que tiene capacidad reflexiva por agua azul obscuro, lo que provoca una mayor absorción de energía y calor y a una elevación de la temperatura promedio del mar. Así mismo, la fusión de la tundra en las regiones nortes llevará a la liberación del metano que se encuentra atrapado bajo la superficie, acelerando consecuentemente el problema de los gases invernaderos. No menos importante es la acidificación de los océanos, fenómeno que se ha acelerado a partir del año 2000, el que limita la capacidad de los mismos de absorber carbón, incrementado, entonces, la cantidad de este en la atmósfera. Todo esto, a su vez, lleva a una creciente extinción de especies, lo que a su vez puede llevar al colapso de algunos ecosistemas y a la desaparición de más especies. El peligro es que todo esto desemboque en lo que podría ser la sexta gran extinción observada en nuestro planeta, generada esta vez por la propia acción humana.
Siendo este peligro potencialmente catastrófico, resulta indispensable precisar la causa básica del actual comportamiento humano que solo puede calificarse como suicida.
Tratándose de un proceso relativamente reciente es seguro concluir en que no se trata de un simple producto de la naturaleza del ser humano, evidenciándose que es un fenómeno social explicado por la aparición de un sistema económico guiado exclusivamente por la generación de beneficios y su creciente acumulación, el cual busca someter al medio ambiente, que es de por sí finito, a su sed insaciable e ilimitada de ganancias. Este mismo sistema es el que, en base a una propaganda prácticamente omnipresente, también genera un modelo de consumo exagerado e insostenible para una minoría de la población mundial, mientras que la gran mayoría de los habitantes del planeta sufre de una permanente carencia en la satisfacción de sus necesidades básicas. Es entonces imperativo avanzar hacia una nueva forma de sociedad, la que, con el fin de lograr la subsistencia de nuestra propia especie, deberá basarse en la equidad, la solidaridad y el respeto a la naturaleza.
Jovajun@yahoo.com