La silla del Consejo de Seguridad
Panamá podría ocupar un puesto en el Consejo de Seguridad, una vez se vuelva a reunir este martes -7 de noviembre-, el pleno de la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas para votar en dicho organismo por el nuevo representante no-permanente de América Latina. La noticia ha sido aquí muy bien recibida por diversos sectores, no obstante es importante analizar el contexto de dicho compromiso y definir las expectativas reales que se derivan del mismo. Hasta el momento sólo dos cosas están claras: El gobierno de Torrijos no había planeado la estrategia, pues la propia cancillería panameña manifestó que el tema "no figuraba en sus planes". Por otro lado, que somos la nación candidata de "consenso" regional, debido a que la candidatura de Panamá surgió luego de 47 infructuosas votaciones en la Asamblea General de la ONU que, desde el 16 de octubre, se encontraba estancada, pues Guatemala y Venezuela pugnaban fuertemente por el escaño no-permanente que dejaba vacante Argentina.
Es decir, la candidatura del país surgió realmente tras un tenso cansancio producto de unas reñidas votaciones entre los reales favoritos, y entre los que no figurábamos nosotros. Ambos factores entibian un poco la postulación de Panamá ante el Consejo de Seguridad. Sin embargo, el cargo ha sido ocupado por Panamá en otras ocasiones; la primera vez en 1958, bajo el gobierno de Ernesto de la Guardia, y en otras tres oportunidades (1972, 1976 y 1982) con el gobierno militar de entonces.
América Latina era la región que faltaba por definir quién sería su representante ante el Consejo de Seguridad, pues desde mediados de octubre los otros cuatro países no permanentes (Bélgica, Indonesia, Italia y Sudáfrica) habían sido votados sin contratiempos.
La designación de Panamá, tras la ardua competencia entre Guatemala y Venezuela, no resuelve las contradicciones a lo interno del Consejo, sin embargo en una excelente oportunidad para elevar la voz del país en un escenario que debate trascendentales temas de interés mundial. Contamos para ello con el embajador panameño en la ONU, Ricardo Alberto Arias, quien es un representante con prestigio y suficiente experiencia para destacar la nueva tarea diplomática con las expectativas regionales que se han depositado en nuestro país.