La soberbia lleva a la militarización
La ciudadanía se opone, con base en muchas circunstancias que todos conocemos, a la aparente remilitarización del país. Basta con observar que el Ejecutivo está legislando la puesta en vigor de esta decisión inconsulta mediante poderes extraordinarios que luego presentarán al supuesto Poder Legislativo para decretar el consabido madrugonazo. Se me ocurre que más bien somos testigos de un "añazo" puesto que se esperó cuatro años del presente gobierno para madrugarnos en el quinto año con la sarta de norieguistas que, no lo dudo, están esperando el regreso de su narcolíder.
Causa grima observar la soberbia desplegada por el Premier, quien ataca a los "ventrílocuos de la gente" y a los que irrespetan al ministro del caso. Es hora de recordarle a los forzudos que por culpa de ellos, nuestro país fue invadido bélicamente y que el soberano decidió eliminar nuestro "ejército".
También no se puede enfatizar lo suficiente que desde la invasión vivimos una democracia que, aunque imperfecta, exige a los funcionarios acatar el querer de las mayorías. Por lo tanto, lo adecuado es señalar que el ministro irrespeta al soberano porque el pueblo, la gente, son los mandamases. ¡Bájense de esa nube de soberbia!
Lo peor de todo, además de la increíble soberbia, es que han esperado el inicio de la campaña política de las elecciones quinquenales, para desviar la atención de "la gente" y quizás meter gato por liebre. ¿O se trata de dobermans? Debido a esta sospecha es que quiero instar a los dirigentes de la oposición que acuerden una alianza y un sólido plan de gobierno para desalojar a los mercaderes del templo de la patria.
Hay algunos hechos que me llaman la atención. Una señora, que es puro pueblo, me contó que presenció un incidente en el que un ciudadano, desde su auto, gritó sonoramente que votará por determinado candidato a la presidencia. Se dirigió a un número plural de humildes panameños que estaban en una parada esperando transporte a sus hogares. Resultó que varias de estas personas trabajaban en el comercio, cuyo dueño era el candidato pregonado. Al instante exclamaron que no votarían por un jefe altanero y gruñón que los trata como seres humanos inferiores, de la manera más cruel e irrespetuosa.
Otro hecho es que uno de los que suena para ocupar la vicepresidencia es yerno de su suegro quien, a su vez, es yerno de un admirado expresidente (q.e.p.d.). Este es un ejemplo de nepotismo. Lo que hace notar como un chichón en la frente que necesitamos ser por de más exigentes y estrictos con los que aspiran a salir victoriosos en nuestra imperfecta democracia. Hay "gente" que alega que hay individuos que quieren comprar un partido político para así elevarse al solio presidencial.
Lo expuesto es para recordar a la "gente" que la soberbia está que no se aguanta, y si se trata de un funcionario, no importa su jerarquía, se le debe exigir que renuncie. En democracia, hasta las imperfectas, hay que obedecer al pueblo. ¿O no?