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La sociedad 20:80 ya está en Panamá


Quien haya leído el libro "La trampa de la globalización" de los alemanes Hans-Peter Martin y Harold Schumann, no debe extrañarse por las declaraciones de la embajadora de Estados Unidos en Panamá, Linda Watt, quien afirmó que la pobreza en Panamá puede conducir a consecuencias sociales y políticas que amenazarían la salud de toda la colectividad pública.
Quinientos expertos vaticinaron la década pasada cómo sería el mundo en el siglo XXI: "En el futuro, el 80 por ciento de la humanidad tendrá que vivir a expensas del 20% por ciento. No habrá puestos de trabajo para más. Esta tremenda visión se nos está aproximando a toda velocidad", relatan ambos profesionales que escriben para el Spiegel desde 1986. Es la sociedad 20:80.
En Panamá esa visión ya está aquí. Cuando Watt indica que el 20% de la población adinerada devenga el 60% del ingreso anual del país y un estudio de la Universidad de Panamá demuestra que unas 80 personas ligadas por lazos empresariales y familiares controlan cerca de la mitad del producto anual bruto, sólo hacen confirmar el pronóstico de los pragmáticos reunidos en septiembre de 1995 en el hotel Fairmont de San Francisco, toda una "institución y símbolo, albergue de lujo y leyenda de la alegría de vivir". "Quien se aloja en él es porque ha llegado a la cima".
Tres días concentrados en pequeños cubículos de trabajo fueron suficientes para que antiguos y experimentados líderes mundiales como George Bush, George Shultz y Margaret Thatcher, y los "global players" del mundo informático y financiero indicaran el camino al siglo XXI "en marcha hacia una nueva civilización". Todo esto organizado por la Fundación Gorbachov, del ex presidente de la Unión Soviética y premio Nobel, Mijail Gorbachov.
"Una quinta parte de todos los que buscan trabajo bastará para producir todas las mercancías y aportar las valiosas prestaciones de servicios que la sociedad mundial puede permitirse. Ese 20% participará, por tanto, activamente en la vida, el beneficio y el consumo, no importa en qué país. Se puede añadir a ellos un 1 ó un 2%, admiten los participantes en el debate, por ejemplo, contando a los herederos acomodados", escriben el abogado y el ingeniero teutón.
¿Qué hacer con la mayoría que quedaría excluida de la "alegría de vivir"? El veterano polaco Zbigniew Brzezinski, quien fuera consejero de Seguridad Nacional del presidente norteamericano Jimmy Carter, dio con la respuesta: tittytainment. Dice Brzezinski que ese concepto "es una combinación de entertainment y tits, pechos en argot americano".
"El buen humor de la frustrada población del mundo podría mantenerse con una mezcla de entretenimiento aturdidor y alimentación suficiente", indican los autores que llevan más de diez años escribiendo juntos crónicas y reportajes sobre la interdependencia global de la economía. Vaya sociedad en que viviremos.
Para los dirigentes de los consorcios, el sustento de los excluidos provendría de la revalorización de actividades como los servicios voluntarios a la comunidad, la ayuda a los vecinos, la práctica de deportes y la participación en asociaciones de todo tipo, mediante una modesta remuneración y fomentar así la autoestima de millones de ciudadanos.
¿Es eso lo que queremos los panameños? Pues, en lo particular, no. Quiero como panameño que se fomente la industria creando departamentos de Investigación, Desarrollo e Innovación en las empresas privadas y elevando la inversión del Gasto Nacional en ese aspecto con respecto del Producto Interno Bruto, que en la actualidad es del orden del 0.1%. Organizaciones científicas proponen que en este quinquenio se incremente a 0.5%, la mitad del índice de los países industrializados.
Panamá podría seguir el ejemplo de los dragones asiáticos: "los gobiernos mantienen su soberanía económica y aseguran que tanto el capital local como el extranjero cumplen los objetivos políticos fijados".
No es por gusto que Malasia organice sistemáticamente la participación de firmas públicas y privadas propias en las filiales de los consorcios, y suficiente beneficio procedente de las exportaciones se quede en el país y afluya a la construcción de empresas nacionales.
También podríamos optar por la implementación de la tasa Tobin de 0.1% a la especulación financiera, que recogería poco más de un millón de dólares; elevar a un tribunal internacional nuestra "deuda odiosa" a la que incurrió la dictadura militar (1968-1989); y unirnos en una alianza latinoamericana para reclamar una especie de Plan Marshall, que ayudó a la Europa de la posguerra a su recuperación.
Alternativas a la sociedad 20:80 existen, sólo que los que gobiernan nuestro país no les interesa llevarlas a cabo. Siguen a la perfección los dictámenes de los mercados financieros, sin ninguna objeción. Sólo la capacitación y movilización social e intelectual podría construir otro mundo posible.

101 años de Panamá América

 
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