La soledad de la lectura
LA LECTURA ES un mundo inmóvil y solitario. Sólo se comparte cuando ha concluido. Sucede entre el ayer y el mañana, con personajes reales o ficticios que viven en territorios literarios que producen profundas sensaciones en el infinito tiempo y el imaginario espacio. Se practica con la mente y se guarda en el alma. "¡Pero es tanta la información no leída que todo lo que hemos hecho [leído] hasta ahora es: Nada!", me dijo un incansable lector con gran acierto. Por eso se sigue insistiendo que leer es lo más importante para la formación cultural de las personas. En ello hay acuerdo y no hay novedad. Donde persisten las discrepancias es sobre lo que habría que leer y la oferta que nos hacen.
En la actualidad, el fenómeno presupone una falsa dicotomía entre las formas de leer y el contenido de la misma, porque el tema adquiere dimensiones gigantescas en la era del ciberespacio. ¿Están las personas leyendo mucho menos que antes? Según datos ofrecidos por Joe Tucci, presidente de la EMC (digitalización a gran escala), la conclusión sería que no. Según Tucci el promedio de tiempo que gasta una persona en su trabajo respondiendo correos electrónicos es de 15 horas semanales (hay 1,600 millones de correos electrónicos en el mundo), invierte a su vez 14 horas más creando documentos, unas 10 horas buscando en la red y 10 horas leyendo esa información. La capacidad de almacenamiento de la información a escala produce vértigo. ¿Es difícil? Sí, y requiere atención.
Antes, los periodistas, solíamos leer dos o tres periódicos al día, veíamos algunos noticieros locales de televisión y con eso bastaba. En cambio, hoy tengo entre mis "favoritos" nada menos que 14 periódicos que "visitar" al día, casi todos extranjeros. Entre una y otra cosa, la rutina diaria incluye además las noticias de las agencias (Reuters y BBC que no pueden faltar), los buscadores y, aún así, me siento desinformada. Al final, los textos que escribo compiten irracionalmente con los titulares, pues "nadie lee" artículos largos. En la literatura ocurre otro tanto. La oferta es inmensa y hay mucho para escoger, pero no en esta tierra de marinos y comerciantes. Hoy día, tanto los escritores y lectores panameños necesitan la alianza con los "intermediarios" para que los orienten. Los primeros no pueden surgir sin la "pretoriana guardia editorial" que afirman que saben que lo que el público quiere. La fórmula que proponen es corto, ligero y entretenido. Los lectores le dan la razón. Es el estandarte de los nuevos tiempos en el mercado editorial. Atrás quedó el debate entre promover la lectura "pesada" o "ligera". Observen que no digo entre buena o mala literatura (esas son aguas profundas), lo que planteo es que estamos ante un mundo que sistemáticamente consume lo corto, rápido y útil, inclusive en los sagrados templos de la literatura. Pero como pocos poseen el virtuosísimo de la brevedad (que no corto) de Monterroso, el tema es de gran actualidad.
Se hizo patente hace unos días al terminar de leer "La vida instrucciones de uso" (Editorial Anagrama, 1988), la grandiosa novela de Georges Perec, considerada en el momento de su aparición una obra maestra. Pese al tiempo consumido, estoy fascinada por la manera en que el lenguaje de este escritor va describiendo los planos superpuestos de la vida de los inquilinos decadentes de un viejo edificio parisino que le permite al lector observarlos como si le hubiesen quitado la fachada, lo cual nos permite detenernos en los diversos aspectos paralelos de cada situación. Es una obra monumental y extravagante, que habla de la "comedia humana" como la definió Italo Calvino. Pero se trata de una novela imposible de leer en un avión, mucho menos de un tirón. Ahora, ¿cuántos hay dispuestos a meterse en semejante aventura literaria? Algunos tendrán el tiempo, pero la gran mayoría prefiere invertirlo de otra forma. No los culpo.
En los últimos años, donde más visible se hizo el fenómeno es en la televisión. Algunos de sus iniciadores son hoy grandes magnates del sector entretenimiento, el mundo editorial y de la política. Gustavo Cisneros, los Azcárraga y Silvio Berlusconi, por ejemplo. Descubrieron temprano el interés de las mayorías por los programas ligeros. Poco a poco fueron suprimiendo la "comunicación pesada" (ciencia, cultura, historia, documentales) por otros más "ligeros". Los parámetros de la televisión panameña han estado recorriendo el mismo camino, aunque con menos velocidad.
Lo importante es destacar que las escasísimas librerías que Panamá posee, sin haber pasado antes por la oferta tradicional, van en esta misma dirección ofreciendo esencialmente libros de auto ayuda, recetas y textos escolares. Quieren esquivar un descenso en las ventas de un pobre negocio. Y actúan como "compuertas" para contener las preferencias de un público (que existe) menos numeroso pero más exigente, que sabe que para acercarse a un libro se requiere de poderosas razones individuales, entre ellas, interés, persistencia y renuncia. Esto es así, pues la lectura produce reflexiones, incrementa la crítica e invita a pensar. Los que aseguran que es sólo una actividad ferial, están confundiendo perversamente las cosas. Les faltó argumentar: "¡No ven acaso que si compran un libro lo leerán!". Pero la lectura es lo más alejado a una operación mercantil; es justamente todo lo opuesto al enfoque carnavalizado que animó este año la Feria del Libro.
Según Luis Ramos, director del Policentro de Juan Díaz, las denuncias por parte de los moradores y estudiantes han sido constantes desde el año 2004.
Hace 3 años se abrió el expediente para investigar quiénes son los causantes de esos malos olores que al principio eran fétidos, pero que después de los cierres temporales de las empresas REDEPROSA y Macello se han mejorado.
El director de la Regional de Salud de Juan Díaz, explicó que todavía existen fallos en el mecanismo de producción, por lo cual ya han solicitado ayuda a los moradores y estudiantes del IPT de Juan Díaz, para que creen un cronograma de las horas en donde más fuerte se sienten los olores.
En base a ese proceso que deben hacer los estudiantes, se iniciarán las investigaciones, ya que determinarán a qué hora procesa cada empresa sus productos.
De esta manera se podrán buscar soluciones adecuadas, indicó Ramos.
Aseveró que estas industrias han hecho mejoras en sus plantas y les ha tocado invertir buena cantidad de dinero, y se ha logrado que los olores no sean tan desagradables como al principio.
¿Se ha solucionado el problema de los malos olores en Juan Díaz?
Iván Walkes: Los olores son insoportables y más a la hora de la tarde, pedimos que nos coloquen aires acondicionados, como los del IPT de Juan Díaz.
Alvaro Julio: Ya nos acostumbramos a los malos olores, al principio si me desmayaba y sentía mareos, pero la costumbre de convivir todos los días con esta calamidad ya es una rutina.
Leyda Hidalgo: Los olores fétidos provocan mareos, vómitos, mis compañeros se desmayan. Todos los días esos olores aparecen a la hora del recreo y es bien desagradable convivir en ese ambiente.
Dilia de la espada: Eso va en detrimento de nuestra salud, yo tengo estudiantes de mi grupo que siempre se desmayan a causa de esos malos olores, que son tan fuertes que ni los profesores los aguantamos.
Jonathan Millar: Los olores son parecidos a los de la morrina, son bien nauseabundos, hay días que se sienten más fuertes que dan ganas de vomitar. Pedimos que las empresas paren esto que nos vamos a quedar sin olfato.
En la actualidad, el fenómeno presupone una falsa dicotomía entre las formas de leer y el contenido de la misma, porque el tema adquiere dimensiones gigantescas en la era del ciberespacio. ¿Están las personas leyendo mucho menos que antes? Según datos ofrecidos por Joe Tucci, presidente de la EMC (digitalización a gran escala), la conclusión sería que no. Según Tucci el promedio de tiempo que gasta una persona en su trabajo respondiendo correos electrónicos es de 15 horas semanales (hay 1,600 millones de correos electrónicos en el mundo), invierte a su vez 14 horas más creando documentos, unas 10 horas buscando en la red y 10 horas leyendo esa información. La capacidad de almacenamiento de la información a escala produce vértigo. ¿Es difícil? Sí, y requiere atención.
Antes, los periodistas, solíamos leer dos o tres periódicos al día, veíamos algunos noticieros locales de televisión y con eso bastaba. En cambio, hoy tengo entre mis "favoritos" nada menos que 14 periódicos que "visitar" al día, casi todos extranjeros. Entre una y otra cosa, la rutina diaria incluye además las noticias de las agencias (Reuters y BBC que no pueden faltar), los buscadores y, aún así, me siento desinformada. Al final, los textos que escribo compiten irracionalmente con los titulares, pues "nadie lee" artículos largos. En la literatura ocurre otro tanto. La oferta es inmensa y hay mucho para escoger, pero no en esta tierra de marinos y comerciantes. Hoy día, tanto los escritores y lectores panameños necesitan la alianza con los "intermediarios" para que los orienten. Los primeros no pueden surgir sin la "pretoriana guardia editorial" que afirman que saben que lo que el público quiere. La fórmula que proponen es corto, ligero y entretenido. Los lectores le dan la razón. Es el estandarte de los nuevos tiempos en el mercado editorial. Atrás quedó el debate entre promover la lectura "pesada" o "ligera". Observen que no digo entre buena o mala literatura (esas son aguas profundas), lo que planteo es que estamos ante un mundo que sistemáticamente consume lo corto, rápido y útil, inclusive en los sagrados templos de la literatura. Pero como pocos poseen el virtuosísimo de la brevedad (que no corto) de Monterroso, el tema es de gran actualidad.
Se hizo patente hace unos días al terminar de leer "La vida instrucciones de uso" (Editorial Anagrama, 1988), la grandiosa novela de Georges Perec, considerada en el momento de su aparición una obra maestra. Pese al tiempo consumido, estoy fascinada por la manera en que el lenguaje de este escritor va describiendo los planos superpuestos de la vida de los inquilinos decadentes de un viejo edificio parisino que le permite al lector observarlos como si le hubiesen quitado la fachada, lo cual nos permite detenernos en los diversos aspectos paralelos de cada situación. Es una obra monumental y extravagante, que habla de la "comedia humana" como la definió Italo Calvino. Pero se trata de una novela imposible de leer en un avión, mucho menos de un tirón. Ahora, ¿cuántos hay dispuestos a meterse en semejante aventura literaria? Algunos tendrán el tiempo, pero la gran mayoría prefiere invertirlo de otra forma. No los culpo.
En los últimos años, donde más visible se hizo el fenómeno es en la televisión. Algunos de sus iniciadores son hoy grandes magnates del sector entretenimiento, el mundo editorial y de la política. Gustavo Cisneros, los Azcárraga y Silvio Berlusconi, por ejemplo. Descubrieron temprano el interés de las mayorías por los programas ligeros. Poco a poco fueron suprimiendo la "comunicación pesada" (ciencia, cultura, historia, documentales) por otros más "ligeros". Los parámetros de la televisión panameña han estado recorriendo el mismo camino, aunque con menos velocidad.
Lo importante es destacar que las escasísimas librerías que Panamá posee, sin haber pasado antes por la oferta tradicional, van en esta misma dirección ofreciendo esencialmente libros de auto ayuda, recetas y textos escolares. Quieren esquivar un descenso en las ventas de un pobre negocio. Y actúan como "compuertas" para contener las preferencias de un público (que existe) menos numeroso pero más exigente, que sabe que para acercarse a un libro se requiere de poderosas razones individuales, entre ellas, interés, persistencia y renuncia. Esto es así, pues la lectura produce reflexiones, incrementa la crítica e invita a pensar. Los que aseguran que es sólo una actividad ferial, están confundiendo perversamente las cosas. Les faltó argumentar: "¡No ven acaso que si compran un libro lo leerán!". Pero la lectura es lo más alejado a una operación mercantil; es justamente todo lo opuesto al enfoque carnavalizado que animó este año la Feria del Libro.
Según Luis Ramos, director del Policentro de Juan Díaz, las denuncias por parte de los moradores y estudiantes han sido constantes desde el año 2004.
Hace 3 años se abrió el expediente para investigar quiénes son los causantes de esos malos olores que al principio eran fétidos, pero que después de los cierres temporales de las empresas REDEPROSA y Macello se han mejorado.
El director de la Regional de Salud de Juan Díaz, explicó que todavía existen fallos en el mecanismo de producción, por lo cual ya han solicitado ayuda a los moradores y estudiantes del IPT de Juan Díaz, para que creen un cronograma de las horas en donde más fuerte se sienten los olores.
En base a ese proceso que deben hacer los estudiantes, se iniciarán las investigaciones, ya que determinarán a qué hora procesa cada empresa sus productos.
De esta manera se podrán buscar soluciones adecuadas, indicó Ramos.
Aseveró que estas industrias han hecho mejoras en sus plantas y les ha tocado invertir buena cantidad de dinero, y se ha logrado que los olores no sean tan desagradables como al principio.
¿Se ha solucionado el problema de los malos olores en Juan Díaz?
Iván Walkes: Los olores son insoportables y más a la hora de la tarde, pedimos que nos coloquen aires acondicionados, como los del IPT de Juan Díaz.
Alvaro Julio: Ya nos acostumbramos a los malos olores, al principio si me desmayaba y sentía mareos, pero la costumbre de convivir todos los días con esta calamidad ya es una rutina.
Leyda Hidalgo: Los olores fétidos provocan mareos, vómitos, mis compañeros se desmayan. Todos los días esos olores aparecen a la hora del recreo y es bien desagradable convivir en ese ambiente.
Dilia de la espada: Eso va en detrimento de nuestra salud, yo tengo estudiantes de mi grupo que siempre se desmayan a causa de esos malos olores, que son tan fuertes que ni los profesores los aguantamos.
Jonathan Millar: Los olores son parecidos a los de la morrina, son bien nauseabundos, hay días que se sienten más fuertes que dan ganas de vomitar. Pedimos que las empresas paren esto que nos vamos a quedar sin olfato.