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La sopa está lista y condimentada


Cuando cualquier cocinero se prepara para cocinar una buena sopa, primero reúne los ingredientes mejores, observa la calidad de los mismos y los limpia para dar un mejor sabor y ofrecer algo bueno. Políticamente hablando se habla mucho de "huesos viejos" para referirse a la experiencia de antiguos militantes en cada partido. La preparación de nuevos dirigentes ha causado incomodidad a quienes habiendo servido por muchos años en un colectivo, sienten un desplazamiento injusto y no merecido, pero aún así continúan prestando servicios a su causa. La virtual alianza del Partido Panameñista con Cambio Democrático, no sólo era previsible, y este servidor ya lo había expresado oralmente y por escrito a mis copartidarios, dejando además plasmada mi posición en espacios de opinión.

Si el cocinero es Don Ricardo Martinelli, es evidente que ha recogido gente de todos los colectivos, que avizoran, sin duda alguna, el triunfo electoral de su propuesta. Ya tiene gallos y ahora los ñames, de suerte que no tiene que salir a buscar más condimentos. Si los huesos viejos son de vital importancia, me incorporo a la lista y junto a reconocidos panameñistas como Juan B. Chevalier, Tony Bolívar, Chela Medina, Rolla Pimentel, Hernan Delgado, Emelina Samaniego, Hernán Batista, para mencionar algunos, seremos el condimento necesario para consolidar una suculenta sopa política que guste a todos.

En la otra olla tienen también huesos viejos, que prefieren aislar. Nada se oye de Duquibiri, Fito Duque, Michael Doens, Sánchez Cárdenas, el Toro, los Murgas, ya sin música, y para mantener el sabor PRD, se suma Tony Domínguez, con cuyo concurso la sopa queda de fideos. Se quedan a un lado Ahumada, los Carrizo, los Periñán que no se ven activos, quizás porque le dan mal sabor a la sopa. El condimento que más presenta la sopa PRD, es el de la lechuga, porque son frescos a matarse. Esta sopa no la quieren probar ni los que recogen por toda la ciudad. Por lo tanto, hablar de sopa de huesos viejos es tanto como ensuciar el arroyo y luego tener que bañarse en sus aguas. Es que se les ha olvidado la cantidad de huesos viejos que milita en su partido, incluyendo a Solís Palma.

A la sopa Martinelli no es necesario ponerle ni ñame, porque se saturaría de este condimento, mientras que a la sopa de la Chola, le falta sustancia, está insípida, es como un guacho y las más sobresalientes verduras son la berenjena que la acompaña, la yuca del PP que está cerca del calderón, con el fallo de la Suprema; y por leña no se preocupan, ya que el Tío Charro tiene mucha de mangle. La sopa política de ambos grupos tiene sabor diferente, la de Martinelli sabe a trabajo, y tiene esperanza fortalecedora; la de la Chola huele a área revertida, a cambios de zonificación, a cinta costera, a viajes al exterior, a cosechas dañadas por no poder exportarse. En fin, ni los productos Compita podrán cambiarle el mal sabor.

101 años de Panamá América

 
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