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La suerte de los dogmas: Morir.


La mano invisible, el mercado como regular de la vida económica y, en especial, de los precios, no ha resultado tan eficiente, como sortear la gran y peligrosa crisis financiera que enfrenta Estado Unidos, que amenaza el orden económico mundial, y una baja peligrosa del dólar, que de no revertirse, tendría un efecto en cascada, y de seguro, que terminará por afectar la economía de la región latinoamericana. Se trata de un fenómeno, no con el dramatismo arriba mencionado, pero que también se viene dando en el mundo europeo.

Sin lugar a dudas, los radicales, ortodoxo del pensamiento económico neoclásico, han quedado extremadamente contrariado, cuando Henry Paulson, secretario del Tesoro, dijo ante el comité bancario del Senado estadounidense que "no existe ninguna fórmula de estabilizar los mercados que no sea la intervención estatal". En efecto, el presidente George W. Bush, como respuesta a la crisis, propone destinar la suma de 700 mil millones para insuflar de liquidez a compañías financieras al borde del colapso.

El Banco central Europeo ha destinado una suma por el orden de los 380 mil millones para reflotar su sistema y banca financiera. La lección, viene como anillo al dedo. En varios artículos de nuestra autoría, siempre hemos sostenido que el Estado constituye un factor ineludible del funcionamiento equilibrado de la sociedad y no se le puede marginar. El Estado, para cumplir esa función, se reserva una cuota importante de autonomía, frente a los grupos de poder económico, lo que le permite actuar con mayor grado de perspectivas cuando se trata de la sobrevivencia del sistema económico. Las clases sociales, por naturaleza, suelen no mirar más allá de sus intereses inmediatos y corporativo.

Para la ortodoxia del pensamiento económico liberal radical, la intervención del Estado en la economía atenta contra el sistema económico y la libre empresa. Van más lejos, no tienen porqué preocuparse por lo social, suficiente con el mercado como factor regular y distribuidor de bienes. Imaginemos qué sería de los pobres, si el Estado no provee políticas de apoyo y solidaridad social, de seguro, el caos o la revolución sería el pan diario. Por fortuna, nuestra Constitucional Nacional, en cuanto a economía, es heterodoxa y reserva para el Estado un papel importante en el desenvolvimiento del sistema económico.

101 años de Panamá América

 
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