La suerte está echada
Ha quedado atrás el frenesí y el desparpajo escandaloso de los carnavales, que si bien no compaginan conmigo (seguramente por razón de la edad), los comprendo porque constituyen un placentero y sensual desahogo a nuestras más hondas penas y frustraciones ; punto de vista que de ninguna manera es compartido por la Santa Madre Iglesia, que sostiene que el desenfreno, la orgía y las impúdicas desnudeces jamás borrarán la cruda realidad, ya que inexorablemente tendrán que regresar las tediosas horas de trabajo, el atraso de los pagos, las rencillas domésticas y hasta quizás el desasosiego en que nos sume la aflicción de un ser querido.
Por fortuna, me digo, nos queda el ilusorio consuelo de la lotería, y la distracción de la política, eternos pasatiempos nacionales. En lo que me concierne, siendo demasiado cándido, no me meto mucho en ese depurado arte donde menudean golpes bajos y deben de esquivarse las cáscaras de guineo que con tanta saña y sutileza nos colocan los amigos.
Con todo, no dejo de tener preferencias y aunque resulte repetitivo echo mi suerte con la de Alberto Vallarino, y no porque tenga en su haber más diplomas, que como se sabe nada dicen si no van acompañados por su capacidad, que va refrendada por su exitosa trayectoria empresarial. No en vano reza la Biblia : "por sus frutos los conoceréis." ¿Qué cosas tangibles han hecho sus contendores? ¿Cuánta plazas de trabajo han creado?
Extrañamente, paradójicamente, lo tildan de tener un perfil de gerente, cuando precisamente lo que más necesita el Estado es un administrador capaz.
Amables lectores, la nación requiere a un presidente que afronte y soluciones los retos que ya están a la vista, como la globalización, el canal y el problema del Darién. No me cabe la menor duda que ese mandatario pudiera ser Alberto Vallarino, quien se comportará a la altura de los tiempos y de las circunstancias, dándole solución a los problemas con tacto, inteligencia y no por el recurso simplista del paternalismo que empobrece y anula por igual tanto a la iniciativa como al amor propio.
Los últimos tiempos, más que difíciles, son críticos. De hecho se ha puesto en práctica un nuevo modelo económico que requiere de un fuerte espíritu competitivo y para el que lamentablemente no estamos preparados. Las nuevas estrategias de eficiencia desplazarán sin piedad a los menos preparados más a tono con la época, y motivar una conciencia que transforme nuestros hábitos moldeados por una economía de servicios. Por cierto que esta era que vivimos ya fue vislumbrada por su tío político, el Dr. Arnulfo Arias. quien con su habitual dureza sermoneaba advirtiendo que la única redención del pueblo yacía solo en la voluntad de trabajar más y mejor.
Ya para terminar, no envidio la responsabilidad de Alberto Vallarino si llega a la presidencia, pero me alivio pensando en su idoneidad para afrontar cualquier contingencia inherente a tan alto cargo.
Después de todo, ha sido forjado con la lucha y muy contrario a lo que dicen sus detractores, es producto de su propio esfuerzo.
Bueno, apelo a la ciudadanía a que use su sentido común. La suerte está echada y por sus frutos los conoceréis.
Por fortuna, me digo, nos queda el ilusorio consuelo de la lotería, y la distracción de la política, eternos pasatiempos nacionales. En lo que me concierne, siendo demasiado cándido, no me meto mucho en ese depurado arte donde menudean golpes bajos y deben de esquivarse las cáscaras de guineo que con tanta saña y sutileza nos colocan los amigos.
Con todo, no dejo de tener preferencias y aunque resulte repetitivo echo mi suerte con la de Alberto Vallarino, y no porque tenga en su haber más diplomas, que como se sabe nada dicen si no van acompañados por su capacidad, que va refrendada por su exitosa trayectoria empresarial. No en vano reza la Biblia : "por sus frutos los conoceréis." ¿Qué cosas tangibles han hecho sus contendores? ¿Cuánta plazas de trabajo han creado?
Extrañamente, paradójicamente, lo tildan de tener un perfil de gerente, cuando precisamente lo que más necesita el Estado es un administrador capaz.
Amables lectores, la nación requiere a un presidente que afronte y soluciones los retos que ya están a la vista, como la globalización, el canal y el problema del Darién. No me cabe la menor duda que ese mandatario pudiera ser Alberto Vallarino, quien se comportará a la altura de los tiempos y de las circunstancias, dándole solución a los problemas con tacto, inteligencia y no por el recurso simplista del paternalismo que empobrece y anula por igual tanto a la iniciativa como al amor propio.
Los últimos tiempos, más que difíciles, son críticos. De hecho se ha puesto en práctica un nuevo modelo económico que requiere de un fuerte espíritu competitivo y para el que lamentablemente no estamos preparados. Las nuevas estrategias de eficiencia desplazarán sin piedad a los menos preparados más a tono con la época, y motivar una conciencia que transforme nuestros hábitos moldeados por una economía de servicios. Por cierto que esta era que vivimos ya fue vislumbrada por su tío político, el Dr. Arnulfo Arias. quien con su habitual dureza sermoneaba advirtiendo que la única redención del pueblo yacía solo en la voluntad de trabajar más y mejor.
Ya para terminar, no envidio la responsabilidad de Alberto Vallarino si llega a la presidencia, pero me alivio pensando en su idoneidad para afrontar cualquier contingencia inherente a tan alto cargo.
Después de todo, ha sido forjado con la lucha y muy contrario a lo que dicen sus detractores, es producto de su propio esfuerzo.
Bueno, apelo a la ciudadanía a que use su sentido común. La suerte está echada y por sus frutos los conoceréis.