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La supuesta crisis del concepto de solidaridad frente a Patria Nueva


MUCHO SE habla y se escribe del declive del concepto de Estado benefactor. Se dice, por ejemplo, que Europa y Japón han reducido sustancialmente su ritmo de crecimiento económico y social frente a los Estados Unidos de América, precisamente, porque allende el Océano Atlántico se aplica un modelo económico y social que pone en práctica principios de solidaridad humana que desconoce el capitalismo norteamericano.
Incluso, Inglaterra, la gran aliada de los Estados Unidos de América, está asentada sobre un contrato social que prevé una extensa red de beneficios para sus ciudadanos por parte del Estado.
Se pretende, equivocadamente, aplicar esos principios a América Latina, cuando nuestros países ni siquiera aspiran -salvo Chile-, al grado de desarrollo económico europeo, ni mucho menos emulan las instituciones económicas estadounidenses.
Uno de los escritores panameños más importantes del siglo XX, me dijo hace poco tiempo que Panamá estaba sentada sobre una bomba de tiempo social, que podía estallar en cualquier momento. Pues bien, ya comenzamos a observar las primeras expresiones de esa bomba social latinoamericana, en los frecuentes linchamientos que se dan al margen de la Ley desde México hasta Perú, pero también, en la inusitada violencia que enfrenta a manifestantes con autoridades policiales, a lo largo de todo el continente.
En el orden institucional, en la República de Panamá, las reformas constitucionales recién aprobadas deben abrir paso a una renovación de todas aquellas instituciones políticas que fueron objeto de cambios. Esto es fundamental si vamos a hacer al sistema político más participativo, sin dejar de ser fundamentalmente, representativo.
Por otra parte, en materia de gestión gubernamental, la última encuesta encargada por el diario La Prensa indica que el ciudadano está cada día más sediento de un nuevo concepto de funcionario gubernamental, con una nueva contextura ética, que trabaje afanosamente por la solución de sus problemas sociales. Nos referimos a mejores viviendas, mejores caminos de penetración, mejores calles y carreteras. Mejor educación y mejor salud.
En vez de desarticular la maltrecha red estatal de gestión a favor de los menos favorecidos, como lo sugieren modernas teorías muy en boga en otros lares, los ciudadanos panameños aspiramos a que el Estado nos siga prestando esos servicios, con mucha mejor eficiencia, dentro de un nuevo concepto de funcionario al servicio del Estado.
Sólo eso explica que los ministros más populares sean, precisamente, los que integran el gabinete social del gobierno: la Ministra de la Vivienda, el Ministro de Salud y el Ministro de Educación.
La encuesta también nos dice, entre líneas, que el panameño percibe, a partir de esta buena gestión social, que también se combate eficientemente lo que se considera el principal problema del país: el desempleo. Y, entre líneas, debemos entender, que lo que los empresarios esperan de éste y de los próximos gobiernos es el cumplimiento de estas obligaciones sociales, de la garantía de seguridad colectiva (de allí la popularidad del ministro Alemán), y del mantenimiento de reglas claras del juego económico, para que la economía despegue, aquí sí, con muy poca participación de gestión del gobierno.
De los ministros del gabinete económico, se requiere, una función orientadora y facilitadora. Del resto se encarga la dinámica empresa privada panameña y extranjera invitada a invertir en nuestro país.
Tal vez, y sólo tal vez, por eso, sean menos populares los ministros del MIDA, de Comercio e Industrias, de Economía y Finanzas, de Turismo y el Director de la Autoridad Marítima Nacional. Tal vez sólo, porque mientras más imperceptible pero efectiva, en materia económica, sea la labor del Estado, más crecimiento económico y menos desempleo habrá en el país.
Como todo comienzo de gestión gubernamental, exageradas son siempre las aprehensiones, por un lado, y las expectativas, por el otro.
Los temores, en su inmensa mayoría, son infundados. Si es preciso resumir y ser objetivos, cuando termine este gobierno nos conformaríamos con que:
  1. Se sienta en el país una reducción en los niveles de corrupción.

  2. Se desarrollen las nuevas instituciones de la reforma constitucional.

  3. Se desactive la bomba social.

  4. Se resuelva el problema de la CSS, y,

  5. Se planifiquen e inicien con éxito los trabajos de expansión del Canal de Panamá.


A cuatro meses de inicio de la gestión gubernamental, los opositores, no tienen nada serio de qué preocuparse. A parte del ya conocido desprestigio del Órgano Legislativo -que debería preocuparles-, después de tres años de gobierno, se habrá cometido suficientes errores como para que el péndulo del poder regrese al o los candidatos o candidatas opositores.
Hacer oposición per sé, ya lo dijo alguien, sin un mapa de navegación, es sólo una invitación al repudio de la población.

101 años de Panamá América

 
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