La temible inflación
En el 2000, científicos advertían el fin de la Era del petróleo barato. Las empresas petroleras y los científicos contratados por empresas petroleras negaron esa afirmación: el pico de la producción no llegaría en al menos 50 años. Sin embargo, 10 años de tendencia alcista y la llegada a precios límites considerados imposibles parece corroborar que, en efecto, el petróleo barato se acabó.
Las consecuencias de eso apenas comienzan. Un mundo globalizado a expensas del petróleo padecerá una inflación globalizada. Los gobiernos tuvieron dos opciones: O prepararse para entrar a la era de combustibles más caros o esperar que el mercado se adaptara abruptamente. La mayoría del mundo, ante el acoso de las poderosas empresas petroleras, prefirió esperar lo segundo.
También nuestro Gobierno prefirió durante años negar la tormenta. La apuesta fue grande: aprobar un megaproyecto, la ampliación del Canal, para acelerar el crecimiento económico. Paralelamente, producto de condiciones particulares (problemas políticos en Venezuela y Colombia impulsan una inmigración de extranjeros, debilidad del dólar, etc.) crearon una auge inmobiliario que impulsa las tasas de crecimiento nacional hasta un 10%. Ante el embrujo que significan esas grandes construcciones, nuestros economistas olvidaron que una economía excesivamente "caliente" crea inflación. Así, aunque apenas estamos a inicios de la tormenta global, Panamá presenta condiciones que acentúan el fenómeno inflacionario. ¿Cuánto durará el fenómeno? Hasta que una depresión a escala global reduzca la demanda y, consecuentemente, bajen los precios. Esa depresión podría ser la más grave de los últimos 100 años.
El gobierno PRD parece que ha sido rebasado por el problema. La creación del programa COMPITA sólo es un paliativo que, al final, agravará la situación. Los llamados a reducir el consumo energético a la población, mientras se construyen enormes torres, parece una paradoja. El Gobierno entiende la gravedad del problema, pero es consciente que quien lo padecerá será la próxima administración.
Con cierto temor veo que los candidatos presidenciales prometen reducir el costo de la canasta básica, sin explicar cómo harán para revertir la inflación, que es un problema grave.
Los panameños gozamos por décadas de tasas menores al 1%. El crecimiento económico actual lo perciben muchos, pero lo disfrutan muy pocos. La inflación nos golpeará a todos, pero especialmente a los más pobres.
Me gustaría proponer algunas medidas: Obligar, por fuerza de ley, que los motores de los vehículos puedan utilizar etanol o biodiesel. Promover un desarrollo agrícola menos dependiente a los agroquímicos, apoyando la investigación de nuevas tecnologías. Promover un sistema de transporte urbano masivo que no utilice petróleo, así como nuevas tecnologías para la producción eléctrica, estudiando la posibilidad de usar termoeléctricas a base de etanol o biodiesel. Incentivar la siembra de la caña de azúcar y palma aceitera. Al final, la gran tormenta inflacionaria puede convertirse en la oportunidad que esperaba nuestro agro para desarrollarse.
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