La teoría del estado fallido en Latinoamérica
Con la agudización de la violencia criminal en algunos países de Latinoamérica y la poca o relativa capacidad que han venido revelando sus estados para revertir la situación mencionada, se ha venido abriendo camino una especie de miedo colectivo, incertidumbre e inseguridad, que nos lleva a dudar y sospechar hasta de nuestro vecinos.
La realidad panameña presenta signos que inducen a señalar, que estamos trasuntando estos caminos de intermitencia criminal y de alto voltaje delincuencial.
En nuestro medio, se palpa una especie de miedo colectivo, que mantiene al ciudadano, a la población nerviosa y no es para menos, a diario se registran hechos que dan cuenta del fenómeno mencionado.
No estamos escribiendo que las autoridades no están haciendo nada, lo que estamos señalando es que no se observa con claridad si realmente tenemos una estrategia bien concebida para enfrentar este flagelo de la criminalidad.
El enfoque policiaco por si solo no es suficiente, si no se inscribe en el marco de una estrategia criminológica, donde estado y sociedad, se mancuernen para dar lugar a un enfoque integral, sujeto a permanente evaluaciones, ya que resulta notorio que las organizaciones del crimen son mutantes y también cambian sus métodos de operar, algunos de ellos, usados en el pasado por los estados fascistas, en el sentido de sembrar miedo en la población.
Valgan las reflexiones anteriores, para señalar lo que decía una periodista colombiana, Panamá esta todavía a tiempo para evitar la condición de estado fallido, inerte y postrado para enfrentar la criminalidad.
Las autoridades que tienen la responsabilidad de enfrentar la criminalidad, necesitan recursos para operar.
Mantener un aparato de inteligencia, de agentes encubiertos, buenos salarios, tecnología, etc.. , demanda de sumas cuantiosas. El estado no puede ser mezquino con la lucha anticrimen.
Vivimos tiempos en los que las organizaciones criminales operan como aparatos paralelos. Con muchos recursos y tecnología. La ley orgánica de la policía demanda ajustes. Los pies de fuerza, para su operatividad y eficiencia, demandan niveles de concentración en las decisiones y el mando.
Los que piensan que estamos frente un problema exclusivo de criminalidad se equivocan, en esta lucha también se juega preservar la democracia y su institucionalidad.
Estamos a tiempo para revertir el flagelo delincuencial; no podemos permitir que los signos de lo que en Latinoamérica se conoce como el estado fallido, se haga realidad e insisto se trata de un problema que compete a toda la sociedad.