La tercera edad
Debiéramos pensar que es la edad hermosa de la experiencia, del descanso, de la despreocupación. Sin embargo, para muchos de los que tenemos la suerte de llegar a la edad dorada, la vida se torna dura; aparecen problemas que no habían confrontado en su juventud ni en la madurez. Aparece, en ocasiones, la inseguridad, la falta de recursos económicos porque su jubilación no es lo suficiente para sobrevivir.
Cuando la pareja llega a vieja, la solución de los problemas es más factible. Ambos viven en su hábitat, deciden dónde ir y qué hacer; con quién conversar y en qué ocupar su tiempo. Visitan a sus hijos y nietos y son respetados, generalmente. Sin embargo, muchas veces se encuentran con hijos y nietos que no tienen el amor que merecen por lo que les han brindado durante su vida y que los han formado para sobrevivir en el mundo competitivo.
La juventud de hoy no es como la de antes. No quiero repetir con esto que cualquier tiempo pasado fue mejor. Quiero sólo hacer comparación entre el mundo actual y el que vivimos nosotros. Ese mundo lleno de tiempo para visitar, para atender las necesidades de los mayores, para darles cariño y escuchar consejos y sugerencias. Hoy, los jóvenes están ocupados para llamar a sus padres y preguntarles: ¿Cómo amaneciste, dormiste bien, cómo van tus dolores?
¿Cuántas veces a la semana los hijos visitan a sus padres y les llevan unos dulces para demostrarles cariño?.
Es necesario que los hijos y nietos comprendan esa vejez abandonada, a veces por compromisos y necesidades que no permitan dar más atención. Pero, lo malo es cuando esos hijos maltratan a sus padres o permiten que los nietos lo hagan con sus abuelos faltándoles el respeto que merecen. No comprenden que, a medida que pasan los años, la sensibilidad de las personas aumenta y aquello que antes no importaba ni le poníamos atención, hoy resulta una tragedia ante palabras dichas con dureza o en forma de reclamo, de regaño o de crítica sin comprender que los años no pasan en vano.
Son muchos los que se aprovechan de sus padres para el cuidado de los niños, para hacer supermercado, para hacer el papel de sirvientas. Y los padres lo hacen con mucho gusto. Sin embargo, no hay derecho para abusar de la buena voluntad de esos padres. Vemos cómo los hijos o nietos le quitan abiertamente el dinero de su jubilación a los padres y no les dan la alimentación merecida y que necesitan de acuerdo a la edad.
111...hay otros que no merecen llamarse seres humanos y que tratan a sus padres como seres inservibles, seres que sólo estorban y llenan de tristeza sus vidas.
Ser viejo es hermoso, aunque a veces pensemos que más lo fue la juventud. ¡Qué va! Pero, los jóvenes tienen la obligación de hacer más placentera la vida de esos viejos. ¿Qué cuesta a los hijos llevar de vacaciones con ellos a sus padres? ¿Qué sacrificio significa almorzar con ellos de vez en cuando y escuchar sus necesidades, sus sueños, sus recuerdos, su pasado que elabora su presente? Existen muchos hijos buenos y yo los conozco. Pero hay otros que no merecen llamarse seres humanos y que tratan a sus padres como seres inservibles, seres que sólo estorban y llenan de tristeza sus vidas.
No jovencitos, recuerden esto: como tú trates a tus padres, serás tratado por tus hijos en tu vejez. Si no diste suficiente amor y atención a los mayores; te aconsejo que no aspires a llegar a la vejez y, si lo haces, pagarás tu mal comportamiento. Igualmente debes enseñar a tus hijos a querer a sus abuelos porque no hay dicha comparable a tener abuelos que los quieran, que los mimen, que les den y los complazcan. Pero, si no son enseñados por los padres, los mirarán como seres inútiles que sólo molestan y no ven sus ventajas.
Los viejos necesitamos todo el cariño posible. Lo que nos era indiferente de jóvenes, ahora nos es indispensable. Si los jóvenes tienen esto presente, harán la felicidad de los viejos y tendrán su recompensa cuando Dios los premie con la edad dorada.
Cuando la pareja llega a vieja, la solución de los problemas es más factible. Ambos viven en su hábitat, deciden dónde ir y qué hacer; con quién conversar y en qué ocupar su tiempo. Visitan a sus hijos y nietos y son respetados, generalmente. Sin embargo, muchas veces se encuentran con hijos y nietos que no tienen el amor que merecen por lo que les han brindado durante su vida y que los han formado para sobrevivir en el mundo competitivo.
La juventud de hoy no es como la de antes. No quiero repetir con esto que cualquier tiempo pasado fue mejor. Quiero sólo hacer comparación entre el mundo actual y el que vivimos nosotros. Ese mundo lleno de tiempo para visitar, para atender las necesidades de los mayores, para darles cariño y escuchar consejos y sugerencias. Hoy, los jóvenes están ocupados para llamar a sus padres y preguntarles: ¿Cómo amaneciste, dormiste bien, cómo van tus dolores?
¿Cuántas veces a la semana los hijos visitan a sus padres y les llevan unos dulces para demostrarles cariño?.
Es necesario que los hijos y nietos comprendan esa vejez abandonada, a veces por compromisos y necesidades que no permitan dar más atención. Pero, lo malo es cuando esos hijos maltratan a sus padres o permiten que los nietos lo hagan con sus abuelos faltándoles el respeto que merecen. No comprenden que, a medida que pasan los años, la sensibilidad de las personas aumenta y aquello que antes no importaba ni le poníamos atención, hoy resulta una tragedia ante palabras dichas con dureza o en forma de reclamo, de regaño o de crítica sin comprender que los años no pasan en vano.
Son muchos los que se aprovechan de sus padres para el cuidado de los niños, para hacer supermercado, para hacer el papel de sirvientas. Y los padres lo hacen con mucho gusto. Sin embargo, no hay derecho para abusar de la buena voluntad de esos padres. Vemos cómo los hijos o nietos le quitan abiertamente el dinero de su jubilación a los padres y no les dan la alimentación merecida y que necesitan de acuerdo a la edad.
111...hay otros que no merecen llamarse seres humanos y que tratan a sus padres como seres inservibles, seres que sólo estorban y llenan de tristeza sus vidas.
Ser viejo es hermoso, aunque a veces pensemos que más lo fue la juventud. ¡Qué va! Pero, los jóvenes tienen la obligación de hacer más placentera la vida de esos viejos. ¿Qué cuesta a los hijos llevar de vacaciones con ellos a sus padres? ¿Qué sacrificio significa almorzar con ellos de vez en cuando y escuchar sus necesidades, sus sueños, sus recuerdos, su pasado que elabora su presente? Existen muchos hijos buenos y yo los conozco. Pero hay otros que no merecen llamarse seres humanos y que tratan a sus padres como seres inservibles, seres que sólo estorban y llenan de tristeza sus vidas.
No jovencitos, recuerden esto: como tú trates a tus padres, serás tratado por tus hijos en tu vejez. Si no diste suficiente amor y atención a los mayores; te aconsejo que no aspires a llegar a la vejez y, si lo haces, pagarás tu mal comportamiento. Igualmente debes enseñar a tus hijos a querer a sus abuelos porque no hay dicha comparable a tener abuelos que los quieran, que los mimen, que les den y los complazcan. Pero, si no son enseñados por los padres, los mirarán como seres inútiles que sólo molestan y no ven sus ventajas.
Los viejos necesitamos todo el cariño posible. Lo que nos era indiferente de jóvenes, ahora nos es indispensable. Si los jóvenes tienen esto presente, harán la felicidad de los viejos y tendrán su recompensa cuando Dios los premie con la edad dorada.