¿La terminal de la imposición?
Sería pretencioso tratar el tema de la Terminal de Albrook como parte de la crisis del transporte público en la República de Panamá, no tanto por el espacio limitado que nos brinda el medio, sino más bien por la resistencia que ha existido, existe y parece existirá en tirios y troyanos, para abordar la temática del transporte de una manera sistémica y global. La ausencia de una visión para el transporte público y la carencia de interés, recursos y talentos para hacer el esfuerzo por construirla, nos ofrecen como resultado parámetros indefinidos, oscuros y costosos para el sector, y es así, bajo esas condiciones de incertidumbre y alto riesgo, donde debe desarrollarse en nuestro país cualquier actividad de transporte y de las cuales, obviamente, no escapa la nueva terminal.
Como es del conocimiento general, existe un rechazo al traslado de las operaciones de la Terminal de El Chorrillo hacia la Terminal de Albrook. En esta cruzada han dado la cara, de diversa manera, en diferente tiempo y por distintas razones, los administradores de la terminal de El Chorrillo (COTRAOSA), los presidentes de rutas, los dueños de buses, los conductores y palancas, los vendedores de lotería, los arrendatarios de locales y áreas comerciales, los vendedores ambulantes y por último, los usuarios del transporte que sirven al sector de Panamá Oeste, desde Veracruz, Arraiján hasta Capira. Por el ánimo que siempre me ha motivado a contribuir para mejorar el servicio que se merecen los usuarios, ofrezco algunas alternativas de solución a este problema, no sin antes hacer algunas consideraciones para mayor información y mejor ilustración de los lectores.
La idea de una terminal única surgió hace ya algunos años de los mismos transportistas, tal vez demasiado tiempo atrás como para que muchos de los que hoy se oponen con vehemencia puedan recordar que fueron parte del grupo de promotores originales del proyecto. En ese entonces, la posibilidad de contar con unas nuevas instalaciones para cobijar todas las operaciones del transporte interurbano (Panamá Oeste) e interprovincial (interior) del país era vista por las autoridades y todos los transportistas como atractiva y conveniente, que se hizo aún más interesante cuando la inversión y el riesgo de la misma la decidió llevar un tercero, y donde la única responsabilidad para los transportistas era trasladar sus operaciones una vez construida la nueva terminal.
Para darle formalidad a este "compromiso", cada ruta elevó al Consejo Técnico Provincial respectivo una solicitud de reconocimiento a la futura existencia de la Terminal de Albrook y la autorización de traslado de las operaciones a dicha terminal como punto final de destino. Como resultado, la entonces Dirección de Tránsito y Transporte Terrestre del Ministerio de Gobierno y Justicia emitió una resolución por la cual se reconocía como terminal única a la futura Terminal de Albrook y dictaba que todas las rutas tendrían hasta seis meses para trasladar sus operaciones a la nueva terminal una vez ésta iniciara operaciones. Esta decisión de la autoridad competente quedó incluida en la nueva Ley 34 del 28 de julio de 1999, por medio de la cual se creó la Autoridad del Tránsito y Transporte Terrestre (ATTT). La Terminal de Albrook abrió el pasado 1" de agosto, o sea que los seis meses de plazo establecidos en la resolución mencionada se cumplen el próximo 1" de febrero de 2001.
Adicionalmente, ambas partes formalizaron notarialmente su "compromiso", mediante un Convenio de Asociación, entre el promotor del proyecto y una sociedad denominada Transportistas Asociados, S.A. (TASA), a la cual pueden aspirar como accionistas los 1,200 tenedores de concesiones o permisos de operación de las más de cincuenta rutas que operan en las modalidades mencionadas. Este convenio fue firmado en 1997 por los presidentes de cada ruta sin que ninguno de ellos en ese momento fuera accionista de TASA y hasta hoy, la gran mayoría de los transportistas se han abstenido de formar parte de TASA por razones que no vale la pena señalar en este momento. En todo caso, TASA es una sociedad famélica, que no ha logrado cumplir con el propósito para la cual fue creada y como tal, está muy lejos de ser representativa del grupo de transportistas.
Por otra parte, COTRAOSA, la empresa administradora de la Terminal de El Chorrillo, opera su concesión de terminal en terrenos del Municipio de Panamá y, según los términos de un acuerdo firmado en noviembre de 1999 con el alcalde, está autorizada a utilizarlos hasta el próximo mes de abril de 2001. En dicho acuerdo quedó establecido, y después fue confirmado por una vista de la Procuradora de la Administración, que COTRAOSA no tiene, por no haberlo ejercido en su momento, derecho de compra alguno sobre dichos terrenos e instalaciones, por lo que en la fecha señalada, salvo reconsideración del dueño, COTRAOSA debe salir de El Chorrillo.
Aunque entendible, pero de lamentar, la resistencia de COTRAOSA para mudar sus operaciones a la nueva terminal es básicamente de carácter económico y del principal interés de sus administradores. La inclusión de los conductores, los buhoneros, los comerciantes, los billeteros y finalmente de los usuarios, a pesar de su validez e importancia, tiene que ver más con la estrategia para ejercer presión sobre las autoridades que con un verdadero deseo de brindar un mejor servicio a los pasajeros. De otra manera ya desde un primer instante se hubiesen preocupado por mejorar las instalaciones y las condiciones de seguridad, sanidad y comodidad en la Terminal de El Chorrillo.
La Autoridad de Tránsito y Transporte Terrestre tiene la oportunidad de hacer algo verdaderamente provechoso para el usuario, para evitar que el uso de la Terminal de Albrook resulte una imposición al pueblo y se perciba como un favoritismo hacia un grupo económico o una persona determinada. Si se reconoce la necesidad de brindar un servicio a los pasajeros que transbordan en El Chorrillo con destino a San Felipe, Santa Ana y otros lugares cercanos, la autoridad debe exigir a las rutas de Panamá Oeste la operación hacia ambas terminales, El Chorrillo y Albrook, con lo cual se logra ofrecer una mayor oferta de transporte a los pasajeros, se establece una diferencia en la calidad y en el costo de los servicios y al final de cuentas, permite a los usuarios decidir cuál de las dos alternativas es la que más le conviene. Esto además dividiría el flujo de buses urbanos, evitando los tranques en las angostas calles del sector antiguo de la ciudad, que tantas inconveniencias y tantos malestares causa a los moradores y transeúntes del área.
Termino señalando que el transporte público es un problema que afecta, de una manera u otra, a toda la sociedad panameña, y por ello, no es sólo un problema del gobierno. Su solución debe ser integral para romper con los esquemas tradicionales y con la metodología que ha permitido hasta ahora soluciones individuales, puntuales, clientelistas y aisladas, plagadas de consideraciones políticas, favores personales y de corrupción institucionalizada. Sólo con la participación de todos los sectores, incluyendo a los usuarios, y con propuestas, soluciones que impliquen cambios y compromisos de todas las partes involucradas, podremos intentar crear una estructura de servicio que asegure niveles de calidad aceptables, eficacia, seguridad y precios accesibles a todos los usuarios del transporte público.
Como es del conocimiento general, existe un rechazo al traslado de las operaciones de la Terminal de El Chorrillo hacia la Terminal de Albrook. En esta cruzada han dado la cara, de diversa manera, en diferente tiempo y por distintas razones, los administradores de la terminal de El Chorrillo (COTRAOSA), los presidentes de rutas, los dueños de buses, los conductores y palancas, los vendedores de lotería, los arrendatarios de locales y áreas comerciales, los vendedores ambulantes y por último, los usuarios del transporte que sirven al sector de Panamá Oeste, desde Veracruz, Arraiján hasta Capira. Por el ánimo que siempre me ha motivado a contribuir para mejorar el servicio que se merecen los usuarios, ofrezco algunas alternativas de solución a este problema, no sin antes hacer algunas consideraciones para mayor información y mejor ilustración de los lectores.
La idea de una terminal única surgió hace ya algunos años de los mismos transportistas, tal vez demasiado tiempo atrás como para que muchos de los que hoy se oponen con vehemencia puedan recordar que fueron parte del grupo de promotores originales del proyecto. En ese entonces, la posibilidad de contar con unas nuevas instalaciones para cobijar todas las operaciones del transporte interurbano (Panamá Oeste) e interprovincial (interior) del país era vista por las autoridades y todos los transportistas como atractiva y conveniente, que se hizo aún más interesante cuando la inversión y el riesgo de la misma la decidió llevar un tercero, y donde la única responsabilidad para los transportistas era trasladar sus operaciones una vez construida la nueva terminal.
Para darle formalidad a este "compromiso", cada ruta elevó al Consejo Técnico Provincial respectivo una solicitud de reconocimiento a la futura existencia de la Terminal de Albrook y la autorización de traslado de las operaciones a dicha terminal como punto final de destino. Como resultado, la entonces Dirección de Tránsito y Transporte Terrestre del Ministerio de Gobierno y Justicia emitió una resolución por la cual se reconocía como terminal única a la futura Terminal de Albrook y dictaba que todas las rutas tendrían hasta seis meses para trasladar sus operaciones a la nueva terminal una vez ésta iniciara operaciones. Esta decisión de la autoridad competente quedó incluida en la nueva Ley 34 del 28 de julio de 1999, por medio de la cual se creó la Autoridad del Tránsito y Transporte Terrestre (ATTT). La Terminal de Albrook abrió el pasado 1" de agosto, o sea que los seis meses de plazo establecidos en la resolución mencionada se cumplen el próximo 1" de febrero de 2001.
Adicionalmente, ambas partes formalizaron notarialmente su "compromiso", mediante un Convenio de Asociación, entre el promotor del proyecto y una sociedad denominada Transportistas Asociados, S.A. (TASA), a la cual pueden aspirar como accionistas los 1,200 tenedores de concesiones o permisos de operación de las más de cincuenta rutas que operan en las modalidades mencionadas. Este convenio fue firmado en 1997 por los presidentes de cada ruta sin que ninguno de ellos en ese momento fuera accionista de TASA y hasta hoy, la gran mayoría de los transportistas se han abstenido de formar parte de TASA por razones que no vale la pena señalar en este momento. En todo caso, TASA es una sociedad famélica, que no ha logrado cumplir con el propósito para la cual fue creada y como tal, está muy lejos de ser representativa del grupo de transportistas.
Por otra parte, COTRAOSA, la empresa administradora de la Terminal de El Chorrillo, opera su concesión de terminal en terrenos del Municipio de Panamá y, según los términos de un acuerdo firmado en noviembre de 1999 con el alcalde, está autorizada a utilizarlos hasta el próximo mes de abril de 2001. En dicho acuerdo quedó establecido, y después fue confirmado por una vista de la Procuradora de la Administración, que COTRAOSA no tiene, por no haberlo ejercido en su momento, derecho de compra alguno sobre dichos terrenos e instalaciones, por lo que en la fecha señalada, salvo reconsideración del dueño, COTRAOSA debe salir de El Chorrillo.
Aunque entendible, pero de lamentar, la resistencia de COTRAOSA para mudar sus operaciones a la nueva terminal es básicamente de carácter económico y del principal interés de sus administradores. La inclusión de los conductores, los buhoneros, los comerciantes, los billeteros y finalmente de los usuarios, a pesar de su validez e importancia, tiene que ver más con la estrategia para ejercer presión sobre las autoridades que con un verdadero deseo de brindar un mejor servicio a los pasajeros. De otra manera ya desde un primer instante se hubiesen preocupado por mejorar las instalaciones y las condiciones de seguridad, sanidad y comodidad en la Terminal de El Chorrillo.
La Autoridad de Tránsito y Transporte Terrestre tiene la oportunidad de hacer algo verdaderamente provechoso para el usuario, para evitar que el uso de la Terminal de Albrook resulte una imposición al pueblo y se perciba como un favoritismo hacia un grupo económico o una persona determinada. Si se reconoce la necesidad de brindar un servicio a los pasajeros que transbordan en El Chorrillo con destino a San Felipe, Santa Ana y otros lugares cercanos, la autoridad debe exigir a las rutas de Panamá Oeste la operación hacia ambas terminales, El Chorrillo y Albrook, con lo cual se logra ofrecer una mayor oferta de transporte a los pasajeros, se establece una diferencia en la calidad y en el costo de los servicios y al final de cuentas, permite a los usuarios decidir cuál de las dos alternativas es la que más le conviene. Esto además dividiría el flujo de buses urbanos, evitando los tranques en las angostas calles del sector antiguo de la ciudad, que tantas inconveniencias y tantos malestares causa a los moradores y transeúntes del área.
Termino señalando que el transporte público es un problema que afecta, de una manera u otra, a toda la sociedad panameña, y por ello, no es sólo un problema del gobierno. Su solución debe ser integral para romper con los esquemas tradicionales y con la metodología que ha permitido hasta ahora soluciones individuales, puntuales, clientelistas y aisladas, plagadas de consideraciones políticas, favores personales y de corrupción institucionalizada. Sólo con la participación de todos los sectores, incluyendo a los usuarios, y con propuestas, soluciones que impliquen cambios y compromisos de todas las partes involucradas, podremos intentar crear una estructura de servicio que asegure niveles de calidad aceptables, eficacia, seguridad y precios accesibles a todos los usuarios del transporte público.