default

La terquedad del gobierno


En la pasada campaña política todos los candidatos presidenciales, sin excepción, se refirieron al grave problema que constituye el transporte público. Fueron varias las soluciones propuestas. Era, según las distintas manifestaciones que hicieron, ante la presión popular, un compromiso prioritario para la nueva administración. Nuestro país no podría seguir de prisionero de un grupo de transportistas que sólo han defendido sus intereses sin ninguna consideración para con los usuarios.

El gobierno del Presidente Torrijos se pasó cuatro años sin hacer absolutamente nada respecto al transporte. Se dieron algunos pasos muy cosméticos como cambios de director del Tránsito, nuevas licencias, etc. Ahora, en su último año, después de haber creado grandes expectativas y esperanzas, el presidente Torrijos salió con un plan que básicamente contempla unos nuevos "diablos rojos" articulados y la creación de dos rutas principales que se sacarían a licitación. Se ha insistido tanto en este sistema, que ha llevado a la opinión pública a la percepción de que el nuevo sistema ya tiene nombre propio. El gobierno argumenta que después de muchos estudios técnicos se descartaron para el sistema rápido otras opciones (monorriel, subterráneos, tren rápido, etc., etc.). Sin embargo, no se ha dicho quiénes son esos técnicos, ni porqué razón insisten en un sistema que ya ha fracasado en varias ciudades, entre ellas, la cercana Bogotá y Santiago de Chile.

No soy técnico en tránsito, pero tengo sentido común y he viajado bastante. He visto varios modelos para el transporte masivo y me siento con autoridad para opinar sobre el tema.

en una ciudad como la nuestra, con tan peculiar desarrollo urbanístico, con tranques por doquier y que soporta integrar a ella, anualmente, unos diez mil vehículos, no pueden agravarse más los "tranques" trayendo buses más grandes. Si con los chicos ya se tiene un problema intolerable, ¿qué será mañana con vehículos más grandes? Existen ciudades con "tranques" como los que se dan aquí, y han puesto en marcha varios sistemas para resolverlos, pero ninguno de ellos es el de los buses articulados solamente.

El rechazo a los buses articulados ha sido generalizado y ha producido también una huelga de transporte. El usuario, con toda razón, busca rapidez en el servicio, seguridad en el mismo y precios cónsonos con su bolsillo; pero el sistema que se quiere implementar no le va a brindar eso. El próximo gobierno tendrá que buscar otra solución. Lo que existe hoy día tiene más de 40 años y exige cambios pues el usuario, que es el afectado siempre, no lo puede seguir tolerando. Hay que comenzar, sin duda, con algo; es imprescindible que no perdamos más tiempo, pero hagámoslo bien. No quitemos a uno para poner al otro, ni sigamos agravando la situación.

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América