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La "Tía Analida"


Hace unos días murió a los 87 años nuestra querida Tía Analida. Era, para muchos de los que tengan la amabilidad de leer este artículo, una persona desconocida. Sin embargo, para los descendientes de Don Inocencio Galindo, tronco de seis generaciones de nuestra familia, fue la Tía Analida eje e imán, quien con gran afecto logró la unidad de todos. A las diversas ramas en que fueron proliferando la descendencia del viejo patriarca nos inculcó el sentido de familia que fue y sigue muy arraigado en todos. Ella nos brindó su cariño, su buen humor y el consejo oportuno. Frente a la "Tía" todas las discrepancias que teníamos, como es normal en toda familia numerosa, quedaban atrás. La Tía Analida no tenía mayores bienes materiales que pudieran atraer hacia ella a los que buscaban beneficios, pero sí poseía un corazón muy grande abierto para todos los que deseábamos -y siempre encontramos- el reposo espiritual que nos brindaba su compañía. La bondad que irradiaba nos servía de escudo protector.
Sus casas, siempre, constituyeron un refugio para toda la "prole" de los Galindo. En la Calle Uruguay, en Taboga, en Contadora y finalmente en su apartamento de Paitilla, las puertas de ellas -sus casas- siempre estaban abiertas de par en par para nosotros. Eran ellas el centro de nuestras reuniones familiares donde imperaba la cordialidad, el respeto de uno con el otro y sobre todo una gran armonía. Nos olvidábamos de las diferencias que pudiéramos tener.
Analida Galindo se casó con Roosevelt Thayer (mejor conocido como "Chiquitito") y tuvo tres hijos. Enrique (ya fallecido) y Roosevelt (Lito) y Mercedes (Mechi). No obstante, todos nos sentíamos como sus hijos. No hablo solo de sus sobrinos como yo, sino de sus propios hermanos que aunque fueran mayores que ella siempre la vieron al igual que nosotros como el alma generosa que con bondad, paciencia y mucha inteligencia mantenía la unidad del "clan".
Desde el más allá, en el sitio destinado para los buenos, seguirá la Tía Analida inspirándonos en nuestro caminar por la vida, manteniendo siempre lo que ella buscó y pudo lograr: la unidad de una extensa familia.
Su larga vida y dedicación permanente a todos debe seguir siendo nuestra guía. Solo la familia y las buenas amistades cuentan, lo demás pasa sin dejar huellas, así pensaba y actuaba y nos predicaba Tía Analida.
Las huellas ha quedado quedan. Con una sonrisa de temor dibujada en su rostro Giamil dice que el fenómeno cambió su vida, ya no puede escuchar que llueva y mucho menos, su hija Kadine de 6 años. Apenas el cielo se empieza a poner oscuro, se asustan.
A algunos vecinos les tocó mudarse donde familiares y hacer gastos para reparar sus viviendas.
El día del tornado, según SINAPROC, hubo 115 personas afectadas por desprendimiento de techos, caída de árboles sobre viviendas, vías y tendidos eléctricos en el sector de Alcalde Díaz y Arraiján.
La oficina de Hidrometeorología de ETESA señaló que estas ráfagas de viento fueron producto de una turbonada.

101 años de Panamá América

 
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