La tierra, ALCA y los bosques
Lo confieso: Siento pánico cuando escucho de ideas como una llamada "ciudad gubernamental", "barriadas populares del milenio", concesión, donación o proyecto que necesariamente al parecer, tienen que caer sobre los Parques y Reservas Naturales. Me horrorizo cuando oigo a personajes con capacidad decisoria sostener que los parques nacionales, particular y no casualmente los que bordean la región canalera son ni más ni menos que un obstáculo al progreso y al desarrollo del país. Y esto para colmo del horror, en medio del desboque del "mercadismo salvaje".
Este razonamiento responde a una contradicción e incoherencia entre lo que es o debe entenderse como una estrategia -vocablo que ha fuerza de usarla por todos y para todo ha devenido en comodín confuso y sin sentido real- de un verdadero desarrollo nacional sostenible, "donde no se comprometa el bienestar de las futuras generaciones futuras", como suele rezarse en las tertulias ambientales locales y en las conferencias internacionales.
Panamá, por ejemplo, cuenta con una Estrategia Nacional del Ambiente -ENA- cuidadosa y concienzudamente elaborado y asesorado por el BID. La misma está plasmada en un documento. Algunos lo conocemos y consultamos; hay quienes desean conocerlo, y desde luego los que no desean por algún motivo ni conocerlo, ni que se conozca. Pues bien. En muchos aspectos como el que nos ocupa, el razonamiento desarrollista viene a contradecir y a tratar de hacer letra muerta de esta estrategia ambiental. Y parece lógico que así suceda. Si no se tiene a la mano una estrategia nacional de desarrollo clara y consistente que sirva de norte y norma general para todos, entonces aparecen casi obligadamente las ocurrencias e "ideas geniales", o sencillamente, los emparchamientos de última hora como los recién propuestos por un sector del empresariado nacional y que en nada tienen en cuenta al agro ni al ambiente, sencillamente porque no tiene para los proponentes mayor valor de cambio.
Claro que así resulta difícil comprender en la retórica vs. práctica, que es lo que muchas de estas personas con capacidad de decisión entienden por sostenibilidad y desarrollo, o desarrollo sostenible. Estas contradicciones, por decir lo menos, se reflejan en áreas tan sensibles para el país, como la ya predicha región canalera. Ya perdí la cuenta y posiblemente usted también, de la cantidad de proyectos y programas "de desarrollo sostenible" que inciden sobre la Cuenca Hidrográfica del Canal de Panamá, desde Huile en Arraiján hasta Coclé del Norte en el Atlántico, o sea 213.112 has., sin las áreas de amortiguamiento y los entornos humanos y naturales.
Aunque estoy familiarizado con algunas áreas de la región -hermosa y fecunda - no he podido cuantificar, e decir poner en claro hasta dónde este amontonamiento de programas, iniciativas que en entre todos deben sumar unos buenos millones de dólares, han propiciado efectivamente el desarrollo y mejor vida de la gente de estos lugares. Digo efectivamente, porque aunque sí se registra actividad por parte de estos programas en la región, no se conoce al menos no públicamente, la eficacia en términos de resultados de los mismos.
Hace escasamente tres años cuando caminamos la región Norte de Capira, una de las más pobres del todo el país, detectamos los siguientes datos alimenticios en 5 corregimientos, 138 comunidades para 13,861 personas: El consumo principal es arroz y yuca. Carnes de pollo 27% y deberes 12%. Huevo y leche 7 y 5 %. Cerdo 1 %. Las legumbres no registraron nada significativo; era una aspiración de los pobladores. En algo, pues, ayudaba el vaso de leche y la galleta (pero este es otro tema...).
En otras palabras. De mantenerse los grados de pobreza y falta de impacto de los programas dirigidos a aliviarla o al menos encararla con firmeza, lo más probable es que los campesinos de esta y otras regiones pongan sus flamantes títulos de propiedad recién otorgados por el "Programa de Titulación Masiva", en manos de los especuladores de tierras, que bien conocen de la vulnerabilidad de la Cuenca y especialmente de los proyectos que sobre esta región se han imaginado.
Por lo demás, el 22 de abril se ha conmemorado en todo el planeta con no poca preocupación, después de la patada al Protocolo de Kioto sobre el comportamiento climático, el Día Mundial de la Tierra. Donde no parecieron haberse enterado fue en Quebec, los grandes convidados de ALCA, más preocupados por la dolarización, el desmonte de los mercados regionales y ver qué le sacan al rico, que por los pulmones y reguladores del clima mundial como los son, por ejemplo, nuestros bosques. En este contexto y tal como nos viene de los lacrimógenos de Quebec, no nos sorprenda que la criatura ALCA nos venga de un parto deforme y contrahecho, eso sí para beneficio de unos pocos, de dentro y de afuera.
Salud pues, y mejores días para el planeta Tierra.
Este razonamiento responde a una contradicción e incoherencia entre lo que es o debe entenderse como una estrategia -vocablo que ha fuerza de usarla por todos y para todo ha devenido en comodín confuso y sin sentido real- de un verdadero desarrollo nacional sostenible, "donde no se comprometa el bienestar de las futuras generaciones futuras", como suele rezarse en las tertulias ambientales locales y en las conferencias internacionales.
Panamá, por ejemplo, cuenta con una Estrategia Nacional del Ambiente -ENA- cuidadosa y concienzudamente elaborado y asesorado por el BID. La misma está plasmada en un documento. Algunos lo conocemos y consultamos; hay quienes desean conocerlo, y desde luego los que no desean por algún motivo ni conocerlo, ni que se conozca. Pues bien. En muchos aspectos como el que nos ocupa, el razonamiento desarrollista viene a contradecir y a tratar de hacer letra muerta de esta estrategia ambiental. Y parece lógico que así suceda. Si no se tiene a la mano una estrategia nacional de desarrollo clara y consistente que sirva de norte y norma general para todos, entonces aparecen casi obligadamente las ocurrencias e "ideas geniales", o sencillamente, los emparchamientos de última hora como los recién propuestos por un sector del empresariado nacional y que en nada tienen en cuenta al agro ni al ambiente, sencillamente porque no tiene para los proponentes mayor valor de cambio.
Claro que así resulta difícil comprender en la retórica vs. práctica, que es lo que muchas de estas personas con capacidad de decisión entienden por sostenibilidad y desarrollo, o desarrollo sostenible. Estas contradicciones, por decir lo menos, se reflejan en áreas tan sensibles para el país, como la ya predicha región canalera. Ya perdí la cuenta y posiblemente usted también, de la cantidad de proyectos y programas "de desarrollo sostenible" que inciden sobre la Cuenca Hidrográfica del Canal de Panamá, desde Huile en Arraiján hasta Coclé del Norte en el Atlántico, o sea 213.112 has., sin las áreas de amortiguamiento y los entornos humanos y naturales.
Aunque estoy familiarizado con algunas áreas de la región -hermosa y fecunda - no he podido cuantificar, e decir poner en claro hasta dónde este amontonamiento de programas, iniciativas que en entre todos deben sumar unos buenos millones de dólares, han propiciado efectivamente el desarrollo y mejor vida de la gente de estos lugares. Digo efectivamente, porque aunque sí se registra actividad por parte de estos programas en la región, no se conoce al menos no públicamente, la eficacia en términos de resultados de los mismos.
Hace escasamente tres años cuando caminamos la región Norte de Capira, una de las más pobres del todo el país, detectamos los siguientes datos alimenticios en 5 corregimientos, 138 comunidades para 13,861 personas: El consumo principal es arroz y yuca. Carnes de pollo 27% y deberes 12%. Huevo y leche 7 y 5 %. Cerdo 1 %. Las legumbres no registraron nada significativo; era una aspiración de los pobladores. En algo, pues, ayudaba el vaso de leche y la galleta (pero este es otro tema...).
En otras palabras. De mantenerse los grados de pobreza y falta de impacto de los programas dirigidos a aliviarla o al menos encararla con firmeza, lo más probable es que los campesinos de esta y otras regiones pongan sus flamantes títulos de propiedad recién otorgados por el "Programa de Titulación Masiva", en manos de los especuladores de tierras, que bien conocen de la vulnerabilidad de la Cuenca y especialmente de los proyectos que sobre esta región se han imaginado.
Por lo demás, el 22 de abril se ha conmemorado en todo el planeta con no poca preocupación, después de la patada al Protocolo de Kioto sobre el comportamiento climático, el Día Mundial de la Tierra. Donde no parecieron haberse enterado fue en Quebec, los grandes convidados de ALCA, más preocupados por la dolarización, el desmonte de los mercados regionales y ver qué le sacan al rico, que por los pulmones y reguladores del clima mundial como los son, por ejemplo, nuestros bosques. En este contexto y tal como nos viene de los lacrimógenos de Quebec, no nos sorprenda que la criatura ALCA nos venga de un parto deforme y contrahecho, eso sí para beneficio de unos pocos, de dentro y de afuera.
Salud pues, y mejores días para el planeta Tierra.