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La tolerancia en el debate


La vida cotidiana en sociedad implica un permanente intercambio de experiencias y opiniones entre los diversos componentes de la misma. En ese diario bregar, cada cual debe convivir con algunas personas que son de su agrado, otras con las que no comulga y con individuos que te pueden caer bien o mal, pero con los cuales debes interactuar. Por lo tanto, para coexistir pacíficamente, debes entender que no todos pueden pensar como tú piensas ni todos pueden ser depositarios de tu más alta estima. En otras palabras, la tolerancia es fundamental para la construcción de una sociedad democrática y amante de la paz.
La misma reflexión cabe cuando analizas el escenario político. Al ingresar a un partido político, ingresas a un colectivo con miles de miembros, muchos de los cuales ni siquiera conoces. Para convivir, debes aceptar las diferencias como plenamente legítimas y no puedes pretender que haya total homogeneidad. Que haya criterios divergentes o intereses contrapuestos, no puede significar que recurramos a la violencia, ya sea física o verbal. La tolerancia se erige así, como un elemento fundamental para el normal desenvolvimiento de nuestros procesos electorales. En los últimos meses, me he sentido muy orgulloso de participar de un foro de discusión que, a mi juicio, ha sido modelo de tolerancia política. Representantes de diversas posiciones políticas hemos interactuado diariamente, defendido con pasión nuestras respectivas posiciones y al mismo tiempo, dando una lección de respeto y armonía, que bien podrían servir de estímulo para que ésa sea la tónica de nuestro debate público. No hay necesidad de recurrir a los insultos ni mucho menos tenemos porque convertir en enemigos a quienes somos meros contrincantes en el terreno de las ideas.
No siento el menor recato en señalar que respeto la forma de pensar y el estilo de expresar sus ideas de mis compañeros de debate, aunque muchas veces no concordemos en nuestro análisis del escenario político nacional. Nuestros antecedentes son distintos y en no pocas ocasiones, hemos estado en lados diametralmente opuestos del espectro político, especialmente en aquellos momentos en que la sociedad panameña estaba radicalmente dividida entre civilistas y militaristas. Pero creo que hemos aprendido a recorrer el camino de la tolerancia y en el respetar al contrario, hemos encontrado una forma de debatir en democracia.
Al conversar con los asiduos televidentes u oyentes de “Debate abierto”, he encontrado una comprensión de esa característica fundamental del programa: la tolerancia. Lamentablemente, no todos entienden que el país ha llegado a ese grado de madurez. Hay quienes todavía creen que la mayoría de la opinión pública se nutre del debate de personalidades, donde los ataques son hirientes y las posiciones, irreconciliables. Hay quienes estiman que el “rating” están en función de la controversia destructiva, no del debate constructivo.
En lo que a mí respecta, me cuento del lado de la tolerancia. Durante la dictadura, estuve exiliado, fui detenido y golpeado. Pero ya tenemos doce años de vivir en democracia. Sin olvidar las lecciones del pasado, debemos construir en el presente las bases de un mejor futuro, un país sin excluidos y con un régimen democrático cimentado sobre bases sólidas. Para ello, debe ser una democracia para todos, no solamente para quienes se pretenden erigir como los Supremos Poseedores de la Verdad o la Moral. La posibilidad de una sociedad donde el debate sea posible, sin que se busque derrotar o humillar al contrario, sino llegar a una solución de los problemas, es el objetivo al que debemos aspirar.
Me rehúso a poner la supuesta expectativa de la gente por un tinglado político donde todos salgamos llenos de “moretones”, por encima de la enaltecedora experiencia de disfrutar todas las mañanas de un debate de altura, con posiciones encontradas, pero con personas que respetan y hasta estiman a su contrario. Los meses vividos bajo la experiencia de un debate abierto en esas circunstancias han sido para mí, debo confesarlo, una lección de madurez política.
Amable lector o lectora, ¿qué opina usted? ¿Para que el debate sea tal, se requiere acaso del insulto y de la falta de respeto por el contrario? ¿No es preferible que nuestro país se enrumbe hacia un debate de altura, con contrincantes que se respeten mutuamente? Me gustaría conocer su opinión, por favor escríbame a mi correo electrónico o déjeme su mensaje en mi oficina en la Asamblea.
(jblandon@asamblea.gob.pa)

101 años de Panamá América

 
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