¡La tormenta política empezó!
La tormenta política que se temía venir para finales de 2003, acaba de empezar. Está comprobado que los panameños no resistimos cinco años de “desgobierno”. Las torpes actuaciones prepotentes del gobierno mireyista, de poco importa y hasta cínicas, por fuerza tienen que provocar oposición; y aunque el ambiente político actual es desesperanzador, esta oposición halla en el comportamiento oficial del régimen mireyista suficiente base objetiva para ganar adeptos cada día. Ahí tenemos ya al primer candidato presidencial opositor: Guillermo Endara Galimany, ex presidente de la República.
No hay nada tan fácil como matar una idea de gobierno progresista de dimensión nacional e internacional; basta con ponerla en un medio inadecuado, tal vez en el cerebro de la Presidenta y de sus adláteres colaboradores inmediatos, porque para ellos la crítica constructiva de los ciudadanos capaces y honestos y la opinión pública no cuentan. La Constitución Nacional y las leyes (incluso las aprobadas por el propio gobierno mireyista) parecieran ser letras muertas, que en nada influyen en las decisiones de Palacio ni mucho menos en la sociedad.
El gobierno mireyista ha hecho perder a Panamá (una vez cumplido su período), cinco años de progreso nacional; esta pérdida será fatal.
En lugar de incitar a la energía nacional y a la inversión extranjera, la ha adormecido, ahuyentado y desparramado. Sí, el desgobierno de la presidenta de los pobres, a poco de finalizar su mandato presidencial, arroja un lamentable saldo de descrédito por corrupción, nepotismo, incapacidad para gobernar, desgreño administrativo, falta de justicia, aumento desproporcionado del gasto público, desempleo y criminalidad creciente, viajes costosos e improductivos, alarmante déficit fiscal, etc.
No obstante, el desgobierno arnulfista interesado en su próximo candidato a la presidencia de la República, se debate entre el proceso de democracia interna (elecciones primarias) y la Convención (que es lo mismo que decir el señalar de “dedo” quién ha de ser el candidato del partido y del oficialismo). Por otra parte, el partido Cambio Democrático, ha decidido continuar con su candidato Ricardo Martinelli hasta el final.
El Partido Revolucionario Democrático (PRD), el mayor y mejor organizado del país, elegirá el próximo domingo 30 de marzo actual, en democracia (elecciones primarias), de entre cuatro precandidatos, a su legítimo candidato a la presidencia del país. Todo indica, de acuerdo a las circunstancias y al liderazgo de su actual secretario general, Martín Torrijos Espino, que éste será el vencedor y, por tanto, el candidato opositor del PRD en las elecciones de mayo de 2004.
La campaña política será larga y costosa, tanto en lo económico como en lo físico; en la que no solamente participarán los candidatos a puestos de elección, sino todos los ciudadanos y ciudadanas (directa o indirectamente) involucrados en el proceso eleccionario.
A pesar de todo, la democracia que nos empeñamos en construir y que tiene tanto campos abiertos, es una experiencia que deberá completarse, sin embargo, con algunas correcciones fundamentales. Tal vez lo mejor de la democracia es su imperfección. Sería muy aburrido un sistema político que fuera perfecto desde su origen. Consideramos que la mejor manera de hacer que un modelo de desarrollo político puede crecer es anotando sus imperfecciones, de modo que al lado de las experiencias que se acumulen, se forme también la masa de conceptos críticos que la mejoren. Esa es la posibilidad de la democracia, la esencial, la apertura de un sistema político construido en torno a la libertad del hombre y la mujer, que le ofrece oportunidades de corregir los defectos, de acentuar aciertos, de notificar continuamente el balance diario de la vida social.
Presidenta Moscoso, ante su responsabilidad cívica en cuanto al proceso electoral en marcha, repetimos otra vez: ¡Los panameños queremos que en Panamá habite la inteligencia y reine la justicia!
No hay nada tan fácil como matar una idea de gobierno progresista de dimensión nacional e internacional; basta con ponerla en un medio inadecuado, tal vez en el cerebro de la Presidenta y de sus adláteres colaboradores inmediatos, porque para ellos la crítica constructiva de los ciudadanos capaces y honestos y la opinión pública no cuentan. La Constitución Nacional y las leyes (incluso las aprobadas por el propio gobierno mireyista) parecieran ser letras muertas, que en nada influyen en las decisiones de Palacio ni mucho menos en la sociedad.
El gobierno mireyista ha hecho perder a Panamá (una vez cumplido su período), cinco años de progreso nacional; esta pérdida será fatal.
En lugar de incitar a la energía nacional y a la inversión extranjera, la ha adormecido, ahuyentado y desparramado. Sí, el desgobierno de la presidenta de los pobres, a poco de finalizar su mandato presidencial, arroja un lamentable saldo de descrédito por corrupción, nepotismo, incapacidad para gobernar, desgreño administrativo, falta de justicia, aumento desproporcionado del gasto público, desempleo y criminalidad creciente, viajes costosos e improductivos, alarmante déficit fiscal, etc.
No obstante, el desgobierno arnulfista interesado en su próximo candidato a la presidencia de la República, se debate entre el proceso de democracia interna (elecciones primarias) y la Convención (que es lo mismo que decir el señalar de “dedo” quién ha de ser el candidato del partido y del oficialismo). Por otra parte, el partido Cambio Democrático, ha decidido continuar con su candidato Ricardo Martinelli hasta el final.
El Partido Revolucionario Democrático (PRD), el mayor y mejor organizado del país, elegirá el próximo domingo 30 de marzo actual, en democracia (elecciones primarias), de entre cuatro precandidatos, a su legítimo candidato a la presidencia del país. Todo indica, de acuerdo a las circunstancias y al liderazgo de su actual secretario general, Martín Torrijos Espino, que éste será el vencedor y, por tanto, el candidato opositor del PRD en las elecciones de mayo de 2004.
La campaña política será larga y costosa, tanto en lo económico como en lo físico; en la que no solamente participarán los candidatos a puestos de elección, sino todos los ciudadanos y ciudadanas (directa o indirectamente) involucrados en el proceso eleccionario.
A pesar de todo, la democracia que nos empeñamos en construir y que tiene tanto campos abiertos, es una experiencia que deberá completarse, sin embargo, con algunas correcciones fundamentales. Tal vez lo mejor de la democracia es su imperfección. Sería muy aburrido un sistema político que fuera perfecto desde su origen. Consideramos que la mejor manera de hacer que un modelo de desarrollo político puede crecer es anotando sus imperfecciones, de modo que al lado de las experiencias que se acumulen, se forme también la masa de conceptos críticos que la mejoren. Esa es la posibilidad de la democracia, la esencial, la apertura de un sistema político construido en torno a la libertad del hombre y la mujer, que le ofrece oportunidades de corregir los defectos, de acentuar aciertos, de notificar continuamente el balance diario de la vida social.
Presidenta Moscoso, ante su responsabilidad cívica en cuanto al proceso electoral en marcha, repetimos otra vez: ¡Los panameños queremos que en Panamá habite la inteligencia y reine la justicia!