La tortura del transporte
Además del debate sobre el Seguro Social, hay otro tema que no está yendo a ninguna parte: El del transporte público colectivo. Es realmente atroz el maltrato cotidiano que sufren cientos de miles de panameños y panameñas al ir de su hogar a su trabajo y vuelta, en autobuses chatarrosos conducidos por malcriados cuando no, verdaderos sicópatas del volante.
A pesar del aumento del pasaje nada ha cambiado en este servicio que mata a plazos a nuestros conciudadanos.
Pareciera que todo lo que se hace en este sector, con la probable excepción de la terminal de Albrook, acaba en un escándalo como ha sido el caso de los préstamos del Banco Nacional, o la terminal fantasma de Colón. ¿No es posible acaso que el Estado pueda hacer algo bien en este campo?
En un sondeo que publicamos hace unos días sobre el servicio del transporte público, la queja fue generalizada. No importaba de dónde era el entrevistado, en todas partes el servicio era calificado de malo a pésimo.
Ya es hora que se rompan las roscas y los gobernantes dejen de actuar en base a lo que un pequeño grupo de explotadores del servicio crea que le conviene más y empiecen a pensar en los intereses del gran público usuario de este mal prestado servicio.
Las horas de tortura diaria que tienen que sufrir nuestros conciudadanos corresponde con tiempo precioso que no pueden dedicar al descanso, al esparcimiento, a su familia o a otras actividades productivas.
Esperamos que la capacidad de atención del gobierno no se vea limitada a un tema por vez y se dedique tiempo, esfuerzo y coraje a resolver este problema que no parece avanzar a ninguna parte.
A pesar del aumento del pasaje nada ha cambiado en este servicio que mata a plazos a nuestros conciudadanos.
Pareciera que todo lo que se hace en este sector, con la probable excepción de la terminal de Albrook, acaba en un escándalo como ha sido el caso de los préstamos del Banco Nacional, o la terminal fantasma de Colón. ¿No es posible acaso que el Estado pueda hacer algo bien en este campo?
En un sondeo que publicamos hace unos días sobre el servicio del transporte público, la queja fue generalizada. No importaba de dónde era el entrevistado, en todas partes el servicio era calificado de malo a pésimo.
Ya es hora que se rompan las roscas y los gobernantes dejen de actuar en base a lo que un pequeño grupo de explotadores del servicio crea que le conviene más y empiecen a pensar en los intereses del gran público usuario de este mal prestado servicio.
Las horas de tortura diaria que tienen que sufrir nuestros conciudadanos corresponde con tiempo precioso que no pueden dedicar al descanso, al esparcimiento, a su familia o a otras actividades productivas.
Esperamos que la capacidad de atención del gobierno no se vea limitada a un tema por vez y se dedique tiempo, esfuerzo y coraje a resolver este problema que no parece avanzar a ninguna parte.