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La tragedia del veneno chino


Se calcula que más de un centenar de panameños puede haber muerto a causa del envenenamiento con dietilenglicol, compuesto químico utilizado para fabricar refrigerantes y que es utilizado por falsificadores chinos de glicerina para obtener malditas ganancias ilegales. El New York Times, en su edición del sábado 5 de mayo, dedicó amplio espacio a un completísimo reportaje sobre el origen de esta tragedia que nos ha tocado vivir en Panamá.
Produce rabia e impotencia constatar cómo las autoridades de países en vías de desarrollo obstaculizan las investigaciones que tienen que ver con procesos donde el resultado final es la muerte de seres humanos inocentes quienes, en búsqueda de aliviar un malestar menor, causado por un resfriado o por alguna molestia que les produjo tos, han encontrado en lo que creían era medicina, la muerte.
En China, un sastre de una pequeña comunidad rural hizo fortuna sustituyendo glicerina por dietilenglicol. Está detenido, esperando una sentencia que podría llegar a ser la pena de muerte. Claro, su desmedido afán de lucro causó la muerte de al menos 18 ciudadanos chinos. Pero las investigaciones periodísticas que ha hecho el New York Times sobre las muertes en Panamá, han chocado con la evasiva actitud de funcionarios del gobierno comunista de la China Popular. El gerente de la fábrica de glicerina, apellidado Wan, no quizo ofrecer declaraciones.
En una jugarreta que se antoja leguleya, según el diario estadounidense, las autoridades médicas chinas se han declarado impedidas para adelantar una investigación sobre el origen de las muertes causadas en Panamá, con el pretexto que no tienen jurisdicción para investigar una fábrica de un producto industrial que no es para consumo humano.
Todo apunta a que no sólo en Panamá, nuestras muertes podrían quedar impunes. ¡Qué verdadera tragedia!

101 años de Panamá América

 
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