La tragedia y la placa
Es increíble cómo puede cegar el narcisismo a los poderosos. La tragedia del 23 de octubre es una herida abierta en el alma de muchos panameños y panameñas. La llaga no termina de cicatrizar, sobre todo, porque no se ha hecho nada para que una tragedia similar a ésta no vuelva a suceder. Pero para agregar insulto al agravio, alguien le recomendó al señor Alcalde poner una placa en el sitio del desastre, supuestamente, en honor a las víctimas, en donde su nombre, el de la presidenta del Concejo y el escudo del municipio son varias veces mayores que los nombres de los fallecidos. Para rematar el bochorno, el discurso que le escribieron no fue, ciertamente, el más apropiado para un acto de recordación.
Nos tenemos que preguntar si realmente se quería honrar a las víctimas o sólo traficar un rédito político de la tragedia de tanta gente buena y noble. Nos tenemos que preguntar si se han preocupado de la situación de salud, anímica y económica de las víctimas y sus familias con el mismo empeño con que quisieron hacerse notar el día del aniversario.
¡Pobre Panamá, que tiene que sufrir no sólo estos dolorosos hechos, sino también manifestaciones políticas que no saben respetar el dolor ajeno!