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La trascendencia de un patriota


Desde la concepción empezamos a crecer. El largo viaje de la vida es eso: crecer y crecer, con etapas buenas y malas, pero que todas enriquecen ese proceso de crecimiento que nos da sentido, que permanece en nosotros y que nos ayuda en el hacer y en el proyectarnos. Se construye una sociedad con la experiencia de vida de cada individuo y con el abrazo colectivo que nos damos para que esa, nuestra patria y nuestro mundo crezcan y se enriquezcan en su evolución constante.
El adiós, sin despedidas, sorpresivo, casi fulminante de Eligio Salas me lleva a esas reflexiones. Tuve la suerte de verlo, semanas antes, en dos circunstancias felices e inolvidables, con la visita de nuestro bien amado Félix Luna, reunidos en Farallón con amigos que nos han acompañado este crecimiento personal y colectivo al cual me refiero, Aida Alba, Adolfo, Norberta Tejada, Jorge Ritter, Edith María Roquebert, Leonardo y María Carrizo, y Chachi su inseparable esposa y amiga; allí junto a la playa hablamos de los temas constantes en nuestras vidas, la literatura, la política, los amigos, la patria pródiga y el futuro que todavía nos exige trabajo y compromiso.
Semanas más tarde, un día antes de morir, lo encontré en la Academia de la Lengua en donde su inseparable amigo Ritter ingresaba como académico de número de la misma, muy feliz por este acontecimiento que honraba a su amigo y hermano. Conversamos animadamente y me preguntó cómo iba el Concurso Ricardo Miró. Eligio fue jurado de Poesía en el 2006. ¿Por qué un abogado es seleccionado como jurado en un Concurso de Poesía? Porque Eligio es poeta. Escribió buena poesía en su juventud y además era un devorador insaciable de la mejor poesía. Eligio perteneció a uno de los movimientos más ricos y fructíferos en la era estudiantil; para pertenecer al mismo era indispensable no sólo ser buen estudiante, sino leer, crear, discutir, porque era muy vergonzoso llegar a una reunión y no saber que había pasado en el mundo, que nuevo libro había salido, cuáles eran las nuevas directrices políticas y económicas que se discutían en el momento. La búsqueda del conocimiento era la exigencia número uno para ese crecimiento individual y colectivo que nos exigíamos.
Recuerdo a Eligio como dirigente de la Unión de Estudiantes Universitarios. Delgado y tímido se transformaba delante de miles de estudiantes que escuchaban y aplaudían su razonamiento, elocuencia y sentido crítico. Eran momentos en que se discutía la Reforma Universitaria, se hacían propuestas para la democratización de la enseñanza y se luchaba por el retorno de la Zona del Canal a manos panameñas. Es inolvidable la imagen de Eligio con la bandera panameña en sus manos en la Presidencia de la República aquel fatídico 9 de enero de 1964, cuando su papel de líder y conductor se hizo presente denunciando la masacre y la violación cometida en nuestro suelo y en la carne de nuestros mártires. Recuerdo también esa parte hermosa de su vida; su romance con Chachi que tuvo como escenario las aulas universitarias y que contó con la complicidad y el cariño de sus compañeros y amigos.
Eligio a lo largo de su vida nos dio un ejemplo de honestidad, de ser fiel a sus principios. Cuando me refería al crecimiento me refería a Eligio quien contribuyó a que todos juntos creciéramos individual y colectivamente, Pedro Rivera, Aida Libia, Adolfo Ahumada, Reinaldo Rivera, Renato Pereira, Elda Maud de León, Esther Orobio, Delsa Urriola, los hermanos Jorge, Ana y Nini Montalbán, los hermanos César, Rolando y Moisés Carrasquilla, Rolando Murgas, César Jaramillo; Luis Vergara, Robinson Hernández, Humberto Harris, Ramiro Vásquez, Rolando Armuelles, Honorio Quesada, Ramiro Ochoa, Ramón Oviero, Dimas Lidio Pitty y otros, porque no fue un minúsculo grupo, si no todo una generación que en el día de hoy ha sido trascendente en sus actividades profesionales y en su compromiso patriótico.
Eligio, el renegón y contestatario; Eligio, el dulce, sensitivo, comprensivo y bonachón; Eligio, el estudioso, el comprometido, el patriótico; Eligio el amigo, el compañero, el solidario; Eligio, el buen padre, buen esposo, buen hijo; Eligio el histórico, el que ha dejado huellas imborrables en la historia panameña, el amigo del General Torrijos; el Rector, el dirigente, el magistrado, y sobre todo, Eligio, la persona, el ser trascendente que aportó con su palabra, sus ideas y reflexiones a nuestro crecimiento personal y colectivo.
A Eligio, parafraseando su poema, aunque el verano se ha ido tu sol se quedó brillando entre los naranjales.
abog27172010@hotmail.com

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