La última
La última del siglo, del milenio. Nos tocó a los que hemos sobrevivido. ¿Cuántos quisieron llegar a ella? Son hechos reales que hacen nuestra historia.
Lo que no podemos negar es que al celebrar las Navidades todos los años, no podemos excluir alguna desgracia internacional o nacional. Ya tuvimos nosotros nuestra Navidad hace diez años metidos en nuestros hogares y en un incómodo suspenso. Habíamos sido invadidos y no sabíamos cómo íbamos a salir de ese atolladero. Pero salimos y hoy a los que vivimos aquellos momentos, nos explican lo que pasó o lo que creen ellos que pasó, pero que todos experimentamos y podemos decir lo que pasó.
Hace algunos años, le tocó al Perú con el incidente de la Embajada del Japón. Este año, las vistas televisadas de lo ocurrido en el Estado Vargas de Venezuela, nos habla de una catástrofe fuera de proporciones, mientras suenan los radios "Noche de paz...". Siempre los contrastes. Y es que así es la realidad. Podemos alegrarnos, pero con sordina. Es el fenómeno de que mientras unos celebran y se alegran otros hacen duelo. Dualidad que todo cristiano tiene que tener en cuenta, por puro sentido común.
La Navidad jamás ha sido considerada la fiesta más importante dentro del cristianismo. Durante los tres primeros siglos del cristianismo, el 25 de diciembre constituía una fiesta consagrada al culto del sol en el imperio romano, pues ese es el día de menos luz solar, era pues una fiesta pagana, el día del nacimiento del sol.
A las primeras comunidades cristianas les interesaba mucho más la resurrección que la muerte o nacimiento de Cristo. En el siglo IV los cristianos comenzaron a celebrar la Navidad, y no trataron de recordar una fecha (qué día hubiera nacido Cristo) sino una realidad importante para la Iglesia cristiana, realidad que no esta ligada a esa fecha: la manifestación plena del reinado de Cristo entre los hombres.
Cuando Constantino se convirtió al cristianismo declaró a la religión cristiana religión oficial del Imperio Romano. Se declaró a sí mismo "representante de Dios en la Tierra", y los cristianos perseguidos tenían el riesgo de creer que ya había llegado el Reino de Dios plenamente, predicado por Cristo y que no tenían nada más que esperar sino se podían instalar cómodamente en la situación.
Comunidad cristiana salió oficialmente a resolver este problema diciéndole a sus cristianos: estamos todavía a la espera de lo más importante, estamos a la espera de la plenificación del Reino de Dios, estamos a la espera de la manifestación ante todos del señorío de Jesucristo. Y así se crea, como una respuesta teológico pastoral al problema, la fiesta de la Navidad y el Ciclo del Adviento.
Como vino una vez en carne, vendrá otra vez visiblemente. Como vino indefenso, sin hacer daño a nadie, así vendrá indefenso sin hacer daño a nadie. Como inició la liberación y la redención vendrá otra vez y traerá la redención plena. Eso es Navidad.
Fue San Francisco de Asís en 1223 en Crecchi, Italia, quien le dio importancia a la fiesta de la Navidad. Hizo su primer "portal" subrayando la humildad de la encarnación y verle a Jesús postrado en el pesebre entre buey y el asno". Lo que era teología de los expertos lo puso al alcance de la gente sencilla. Lo que jamás se imaginó que se convertiría, con el tiempo, la fiesta en una de las mayores del consumismo contemporáneo, del cual estamos tratando de rescatarla. Ojalá así se pueda lograr.
Lo que no podemos negar es que al celebrar las Navidades todos los años, no podemos excluir alguna desgracia internacional o nacional. Ya tuvimos nosotros nuestra Navidad hace diez años metidos en nuestros hogares y en un incómodo suspenso. Habíamos sido invadidos y no sabíamos cómo íbamos a salir de ese atolladero. Pero salimos y hoy a los que vivimos aquellos momentos, nos explican lo que pasó o lo que creen ellos que pasó, pero que todos experimentamos y podemos decir lo que pasó.
Hace algunos años, le tocó al Perú con el incidente de la Embajada del Japón. Este año, las vistas televisadas de lo ocurrido en el Estado Vargas de Venezuela, nos habla de una catástrofe fuera de proporciones, mientras suenan los radios "Noche de paz...". Siempre los contrastes. Y es que así es la realidad. Podemos alegrarnos, pero con sordina. Es el fenómeno de que mientras unos celebran y se alegran otros hacen duelo. Dualidad que todo cristiano tiene que tener en cuenta, por puro sentido común.
La Navidad jamás ha sido considerada la fiesta más importante dentro del cristianismo. Durante los tres primeros siglos del cristianismo, el 25 de diciembre constituía una fiesta consagrada al culto del sol en el imperio romano, pues ese es el día de menos luz solar, era pues una fiesta pagana, el día del nacimiento del sol.
A las primeras comunidades cristianas les interesaba mucho más la resurrección que la muerte o nacimiento de Cristo. En el siglo IV los cristianos comenzaron a celebrar la Navidad, y no trataron de recordar una fecha (qué día hubiera nacido Cristo) sino una realidad importante para la Iglesia cristiana, realidad que no esta ligada a esa fecha: la manifestación plena del reinado de Cristo entre los hombres.
Cuando Constantino se convirtió al cristianismo declaró a la religión cristiana religión oficial del Imperio Romano. Se declaró a sí mismo "representante de Dios en la Tierra", y los cristianos perseguidos tenían el riesgo de creer que ya había llegado el Reino de Dios plenamente, predicado por Cristo y que no tenían nada más que esperar sino se podían instalar cómodamente en la situación.
Comunidad cristiana salió oficialmente a resolver este problema diciéndole a sus cristianos: estamos todavía a la espera de lo más importante, estamos a la espera de la plenificación del Reino de Dios, estamos a la espera de la manifestación ante todos del señorío de Jesucristo. Y así se crea, como una respuesta teológico pastoral al problema, la fiesta de la Navidad y el Ciclo del Adviento.
Como vino una vez en carne, vendrá otra vez visiblemente. Como vino indefenso, sin hacer daño a nadie, así vendrá indefenso sin hacer daño a nadie. Como inició la liberación y la redención vendrá otra vez y traerá la redención plena. Eso es Navidad.
Fue San Francisco de Asís en 1223 en Crecchi, Italia, quien le dio importancia a la fiesta de la Navidad. Hizo su primer "portal" subrayando la humildad de la encarnación y verle a Jesús postrado en el pesebre entre buey y el asno". Lo que era teología de los expertos lo puso al alcance de la gente sencilla. Lo que jamás se imaginó que se convertiría, con el tiempo, la fiesta en una de las mayores del consumismo contemporáneo, del cual estamos tratando de rescatarla. Ojalá así se pueda lograr.