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La última bofetada


Aún no me repongo de la última bofetada que recibí, igual que el resto de mis compatriotas, el domingo 1 de septiembre por parte de los políticos y el gobierno con el espectáculo inaudito que presenciamos con motivo de la elección de la nueva directiva de la Asamblea. No recuerdo precedente histórico-político de acto más obvio de intervención y manipulación del Ejecutivo de la dirección de la Asamblea. Aunado con bochornoso comportamiento inculto y mal educado de algunos legisladores y una barra obviamente parcializada. Todo lo sucedido ese día desdijo la majestad y solemnidad que el acto amerita. Confirma mi convicción de que este gobierno y los malos políticos nos están llevando al despeñadero y, lo más crítico, nos estamos dejando llevar dócilmente.
El comportamiento cínico y mal educado de algunos de los defensores del nuevo orden y las barras parcializadas, produjo un espectáculo más propio de una corregiduría de barrio que el de un acto solemne y protocolar de cambio de dirección de un poder del Estado. Me siento avergonzado ante la presencia en ese espectáculo de los señores del cuerpo diplomático. Ruego sus excusas. Felicito, por el otro lado, la valentía del señor arzobispo de admitir públicamente su vergüenza.
Pudiera soslayarse, aunque es extremadamente difícil, el comportamiento chabacano e inapropiado de algunos legisladores y la barra atribuyéndolo al calor que genera la pasión política. Pudiéramos, igualmente, atribuirlo a su conocida inhabilidad de ocultar su falta de conocimiento de normas elementales de cortesía y buen comportamiento público. Lo que sí es imperdonable, es la desfachatez del gobierno en utilizar personajes del partido político opositor, su enemigo histórico, para presidir la Asamblea en su nuevo periodo y tratar de convencernos de que se trata de un acto de bienestar nacional. Una explicación que solo puede interpretarse como una burla a nuestro intelecto.
El hecho de que miembros rebeldes del "odiado PRD" sean escogidos por el Ejecutivo para presidir la Asamblea, importante comisión y puestos de asesoría y que la bancada oficialista y membresía partidista acepten alegremente esta nueva realidad; crea mil y una conjeturas, ninguna buena. ¿Cómo se lo "aguantan" los arnulfistas? No tengo la menor duda que esa movida de ubicarlos en segundo plano no ha sido de su agrado. ¿Qué los mantiene quietos? ¿Qué hay detrás de todo esto? ¿Las partidas circuitales con un nuevo nombre? ¿Promesas de financiamiento de futuras campañas políticas? ¿Contratos del FIS? ¿Puestos y prebendas en la Asamblea? No veo nada bueno venir para el país, pero quizás muchos beneficios personales para algunos privilegiados, como se comenta en todos los círculos.
No existe explicación lógica alguna en el escogimiento de la directiva de la Asamblea. Este gobierno sigue jugando con nuestra paciencia. El acto del domingo lo confirma. Por el otro lado, la ciudadanía en general continúa actuando como si aquí no pasa nada, creando la impresión de que somos un país de borregos. Sigo rogando a Dios que despertemos de este letargo cuando aún no es demasiado tarde. ¿Hasta cuándo han de abusar de nuestra paciencia? ¿Será lo del domingo la última bofetada que recibiremos?
Afortunadamente, se acerca una buena oportunidad de demostrar que no somos un país de opereta. Dentro de muy poco habrá un nuevo ejercicio democrático, esperamos, de elección nacional el gobierno y los malos políticos, seguramente, cuentan con que continuaremos actuando como borregos y que demostraremos, una vez más, nuestra tradicional veleidad y memoria corta. Bajo esas premisas apuestan a su permanencia. Probémosle errados. Recordemos bien la actitud de los actuales políticos. Si tendremos que escoger entre ellos para nuevos puestos de elección popular; escojamos los pocos que supieron actuar con honradez y manifiesta sensibilidad social, repudiemos y expulsemos del mundo político a aquellos que consistentemente se han burlado de nosotros. Paguémosle con la misma moneda, demostrándoles nuestro repudio y desprecio. Seamos críticos y suspicaces en evaluar candidaturas de personajes del gobierno actual cuyas repentinas fortunas han sido constantemente cuestionadas por la opinión pública. No votemos por ellos. En ausencia de acción judicial, castiguémosles con sanción moral colectiva a través de nuestro voto. Mantengámonos alerta de la presencia en la sombra de los mismos personajes que siempre disfrutan de los beneficios de los gobiernos de turno. Luchemos para alejarlos para siempre de futuros gobiernos.
Sobre todo, demostremos con nuestra acción ciudadana que nos importa Panamá. Tengamos siempre presente que es cierto que los pueblos tienen los gobiernos que se merecen. Merecemos mejores gobiernos, pero hasta ahora no lo hemos demostrado. Despertemos de nuestro letargo. Aprovechemos la oportunidad que se nos avecina. Después no nos lamentemos.

101 años de Panamá América

 
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