¿La última corrida del Toro?
Ernesto Pérez Balladares pasará a la historia , definitivamente, como uno de los políticos más inteligentes y sagaces de Panamá. Como los panameños de hoy, en su mayoría, tienen edades jóvenes, encuentro interesante resaltar los orígenes del surgimiento del ex Presidente al alto tinglado del escenario rutilante del poder. Sin alarde de exactitudes y pidiendo disculpas anticipadas por errores, omisiones o agregados no puntuales, me atrevo a recordar que el personaje, hoy tan conocido y discutido, le fue presentado al General Omar Torrijos Herrera por su primo Rodrigo (Rory) González, cuando el último era uno de los mejores amigos personales del entonces Jefe de Gobierno. Con esta introducción Ernesto, que venía del sector bancario, ingresa gradualmente al entorno de Omar. El General lo encomendó al Lic. Marcelino Jaén, su cuñado y coordinador de la entidad política llamada "Comisión de Legislación" que hizo las veces de órgano de consulta y asesoría legislativa, la misma que redacta el anteproyecto de Constitución Nacional aprobada luego porla Asamblea de Representantes de Corregimientos, que la convierte en instrumento jurídico, con las connotaciones propias del régimen.
Para la época de 1974, "El Toro" ingresa a la Comisión de Legislación como el miembro No. 8. Tal entidad tenía, además de sus integrantes principales, unos 24 asistentes, técnicos en varias disciplinas. Entre aquellos hombres de confianza política que sirvieron al General Torrijos antes que Ernesto estaban Marcelino Jaén, ya citado, al Lic. Adolfo Ahumada, Lic. Arístides Royo y los difuntos Lic. Ricardo Rodríguez, Dr. Carlos Pérez Herrera, Lic. Rubén Darío Herrera y Lic. Miguel Angel Picard Amí.
Cuando Ernesto ingresa al grupo, ya esta comisión llevaba bastante tiempo de labores asesorando a Omar. Uno de estos integrantes me comentaba hace un tiempo atrás sobre El Toro lo siguiente: "El General nos avisó que nos mandaba a este nuevo compañero para que lo observáramos y lo ayudáramos a integrarse al grupo. Como no conocía sus capacidades o limitantes nos pidió ser prudentes y tratar de hacer equipo buscando la fortaleza que debía traernos, al venir del sector privado y donde estaba el capital, haciéndonos bromas sobre que éste, Ernesto, iba a ser el único que conocía cómo producir dinero y ganancias, lo cual debíamos aprovechar para fortalecer el país y el gobierno".
Luego del comentario de este ex miembro de aquella comisión, le pregunté sobre la manera en que se integró al grupo el hoy ex presidente Pérez. Su respuesta fue: "Tuvimos, y así se lo dijimos al propio General, muchas inquietudes por rumores, no confirmados nunca, que nos llegaron en el sentido de que El Toro tenía vínculos demasiados fuertes con los americanos y con la CIA; pero tal como era Omar, nos respondió con una broma característica: "con el mote de izquierdistas que nos tienen clavado a todos, no es malo tener un buen amigo de los gringos, pensando en Los Tratados". Ernesto, nos agregan, demostró desde el inicio de labores una ambición notable y una búsqueda de acercarse al General. Sus esfuerzos tuvieron pronta cosecha, ya que al quedar cerca de Torrijos se fue granjeando, de tal modo su confianza que se erige en una especie de tesorero de lo que podría llamársele la Partida Discrecional del General Torrijos, eso que todos los mandatarios desde Amador Guerrero a la fecha, con nombres distintos, han tenido para sus fondos especiales. Y, conocido es, que Omar Torrijos prodigó a miles de panameños un sentido paternalista demasiado espontáneo, tal como también hoy se conoce que a más de 22 años de su desaparición trágica no le encuentran al ex mandatario millones de ninguna clase, acciones en empresas privadas, ni fortunas dejadas a sus hijos. Ubicaba al dinero donde debía estar: simple medio de solución de problemas, no en el leiv motiv del que gobierna, lo común en la mayoría de los mandatarios del mundo.
El resto de la historia política de El Toro es más conocida: Torrijos lo designa inicialmente Ministro de Hacienda y Tesoro, con lo cual abanica de cerca los aires de Palacio. Es, además, el dueño y señor de las partidas, de los favores especiales, lo cual sabe aprovechar brillantemente. Conoce que esa inversión le será muy redituable. Pronto surge el político. Inteligente, sagaz, conspirador, que ostenta varias posiciones. Al fallecimiento de Omar, si bien su importancia varía, mantiene un primerísimo nivel de representatividad en el gobierno de los militares, permanece cerca de los cuarteles e inicia su ascenso a la jerarquía partidista cuando se va conformando lo que llega a ser el PRD.
Recordemos su obcedada aspiración a la candidatura presidencial de 1984, sitio del cual lo baja Noriega, que prefiere a Nicky Barletta. Pero Ernesto no es hombre de aceptar fracasos. Con honestidad le corresponde el mayor logro y reconocimiento por el trabajo y esfuerzo de reconstruir la organización partidaria a partir de la invasión militar norteamericana que buscó descabezar el partido que fundan los militares con los pioneros civiles. El Toro logra armar a ese ejército bajo el plomo y, finalmente, lo lleva a ganar las elecciones de 1994, increíblemente.
¿Qué ha pasado ahora? ¿Por qué no han salido a defenderlo gremialmente ante las arremetidas contra su persona? Esto es digno de análisis. ¿Por qué Ernesto no significa casi nada a nivel del PRD? ¿Por qué no logró siquiera una representación como dignatario local? ¿Por qué no se le ve en campaña a favor del candidato del partido? ¿Por qué los rumores de que más bien ha conspirado contra el portaestandarte de la campaña? Contrasta esto con los perfiles, públicos o privados, de participación que ostentan otros hombres y nombres de su generación política: Gerardo González, activo siempre; Arístides Royo, Presidente de la Fundación Omar Torrijos; Ricardo de la Espriella, discreto pero tomado en cuenta; además de otros.
Probablemente este aislamiento de El Toro, y esta distancia tan conocida de la campaña electoral del PRD, nos habla de las luces y de las sombras que rodean la figura del ex gobernante. Tal vez nos diga del viejo adagio oriental: "Con la vara que mides serás medido" ¿Será todo para el Toro? ¿Resurgirá como astado bravío en las fiestas de luces del año 2009? Lo conoce solamente El Señor de los Anillos.
Para la época de 1974, "El Toro" ingresa a la Comisión de Legislación como el miembro No. 8. Tal entidad tenía, además de sus integrantes principales, unos 24 asistentes, técnicos en varias disciplinas. Entre aquellos hombres de confianza política que sirvieron al General Torrijos antes que Ernesto estaban Marcelino Jaén, ya citado, al Lic. Adolfo Ahumada, Lic. Arístides Royo y los difuntos Lic. Ricardo Rodríguez, Dr. Carlos Pérez Herrera, Lic. Rubén Darío Herrera y Lic. Miguel Angel Picard Amí.
Cuando Ernesto ingresa al grupo, ya esta comisión llevaba bastante tiempo de labores asesorando a Omar. Uno de estos integrantes me comentaba hace un tiempo atrás sobre El Toro lo siguiente: "El General nos avisó que nos mandaba a este nuevo compañero para que lo observáramos y lo ayudáramos a integrarse al grupo. Como no conocía sus capacidades o limitantes nos pidió ser prudentes y tratar de hacer equipo buscando la fortaleza que debía traernos, al venir del sector privado y donde estaba el capital, haciéndonos bromas sobre que éste, Ernesto, iba a ser el único que conocía cómo producir dinero y ganancias, lo cual debíamos aprovechar para fortalecer el país y el gobierno".
Luego del comentario de este ex miembro de aquella comisión, le pregunté sobre la manera en que se integró al grupo el hoy ex presidente Pérez. Su respuesta fue: "Tuvimos, y así se lo dijimos al propio General, muchas inquietudes por rumores, no confirmados nunca, que nos llegaron en el sentido de que El Toro tenía vínculos demasiados fuertes con los americanos y con la CIA; pero tal como era Omar, nos respondió con una broma característica: "con el mote de izquierdistas que nos tienen clavado a todos, no es malo tener un buen amigo de los gringos, pensando en Los Tratados". Ernesto, nos agregan, demostró desde el inicio de labores una ambición notable y una búsqueda de acercarse al General. Sus esfuerzos tuvieron pronta cosecha, ya que al quedar cerca de Torrijos se fue granjeando, de tal modo su confianza que se erige en una especie de tesorero de lo que podría llamársele la Partida Discrecional del General Torrijos, eso que todos los mandatarios desde Amador Guerrero a la fecha, con nombres distintos, han tenido para sus fondos especiales. Y, conocido es, que Omar Torrijos prodigó a miles de panameños un sentido paternalista demasiado espontáneo, tal como también hoy se conoce que a más de 22 años de su desaparición trágica no le encuentran al ex mandatario millones de ninguna clase, acciones en empresas privadas, ni fortunas dejadas a sus hijos. Ubicaba al dinero donde debía estar: simple medio de solución de problemas, no en el leiv motiv del que gobierna, lo común en la mayoría de los mandatarios del mundo.
El resto de la historia política de El Toro es más conocida: Torrijos lo designa inicialmente Ministro de Hacienda y Tesoro, con lo cual abanica de cerca los aires de Palacio. Es, además, el dueño y señor de las partidas, de los favores especiales, lo cual sabe aprovechar brillantemente. Conoce que esa inversión le será muy redituable. Pronto surge el político. Inteligente, sagaz, conspirador, que ostenta varias posiciones. Al fallecimiento de Omar, si bien su importancia varía, mantiene un primerísimo nivel de representatividad en el gobierno de los militares, permanece cerca de los cuarteles e inicia su ascenso a la jerarquía partidista cuando se va conformando lo que llega a ser el PRD.
Recordemos su obcedada aspiración a la candidatura presidencial de 1984, sitio del cual lo baja Noriega, que prefiere a Nicky Barletta. Pero Ernesto no es hombre de aceptar fracasos. Con honestidad le corresponde el mayor logro y reconocimiento por el trabajo y esfuerzo de reconstruir la organización partidaria a partir de la invasión militar norteamericana que buscó descabezar el partido que fundan los militares con los pioneros civiles. El Toro logra armar a ese ejército bajo el plomo y, finalmente, lo lleva a ganar las elecciones de 1994, increíblemente.
¿Qué ha pasado ahora? ¿Por qué no han salido a defenderlo gremialmente ante las arremetidas contra su persona? Esto es digno de análisis. ¿Por qué Ernesto no significa casi nada a nivel del PRD? ¿Por qué no logró siquiera una representación como dignatario local? ¿Por qué no se le ve en campaña a favor del candidato del partido? ¿Por qué los rumores de que más bien ha conspirado contra el portaestandarte de la campaña? Contrasta esto con los perfiles, públicos o privados, de participación que ostentan otros hombres y nombres de su generación política: Gerardo González, activo siempre; Arístides Royo, Presidente de la Fundación Omar Torrijos; Ricardo de la Espriella, discreto pero tomado en cuenta; además de otros.
Probablemente este aislamiento de El Toro, y esta distancia tan conocida de la campaña electoral del PRD, nos habla de las luces y de las sombras que rodean la figura del ex gobernante. Tal vez nos diga del viejo adagio oriental: "Con la vara que mides serás medido" ¿Será todo para el Toro? ¿Resurgirá como astado bravío en las fiestas de luces del año 2009? Lo conoce solamente El Señor de los Anillos.