La unidad del partido
Los resultados electorales de 2009, los posteriores enfrentamientos entre grupos y la ofensiva del gobierno contra el PRD, configuran el duro momento por el que atraviesa el Partido Revolucionario Democrático.
Los tres hechos apuntan hacia un solo objetivo: la destrucción del Partido que fundó Omar Torrijos, perspectiva lamentable después de haber hecho aportes tan consistentes a la consolidación del Estado panameño.
No hay nada negativo en reconocer la situación. Lo que verdaderamente importante es realizar un balance de antecedentes, proyecciones y prioridades que nos permitan enrumbar al colectivo Torrijista.
Seguramente que la gran mayoría de perredistas coincidiremos que detrás de la derrota de mayo 2009 existieron un sinnúmero de costosos errores, que hoy se expresan en un fraccionamiento interno y la pérdida de beligerancia en la escena política nacional.
Y no se trata de destacar tan sólo la ofensiva que contra el PRD han desatado sus enemigos jurados; tampoco de las tradicionales inculpaciones que colocan las rivalidades personales o de grupos por encima de los objetivos estratégicos o de las tareas urgentes.
Los Perredistas debemos saber que la tarea primordial de hoy es recomponer el Partido que heredamos de Torrijos y apoyarnos en los factores unitarios mínimos que permitan adelantar debates constructivos, solidarios y unitarios. Salvar al Partido es la tarea número uno de todo buen Torrijista, sin que ello signifique soslayar responsabilidades.
De lo que se trata es de saber qué es lo que se debe hacer ahora, es este instante y para quienes avalamos este comunicado, la tarea del momento es recomponer y unificar el Partido.
Todo eso a partir de una intensa y consistente tarea de discusión con las bases del partido, a partir de la realidad existente en cada corregimiento, distrito y provincia, y promoviendo una serie de encuentro con agendas mínimas. Es una tarea con la que deben contribuir todos, incluso aquellos que le deben autocríticas al PRD.
Por la UNIDAD del PRD hay que construir espacios de discusión, de reflexión que excluyan factores de división y que permitan comenzar a movilizar las estructuras mínimas del Partido, frente a los problemas locales, de distritos y de provincia.
En el plano nacional, nuestros opositores desarrollan una estrategia donde combinan propuestas populistas, con escándalos dirigidos a paralizar cualquier oposición política. Es clara su intención de mantener una ofensiva política a partir de la inculpación del opositor, y la amenaza de utilizar mecanismos coercitivos.
Su propósito es: destruir o impedir el protagonismo político de su enemigo. Pero en política una cosa son las intenciones y otra es lo que se puede hacer. Cada gobierno en la región es administrador de una crisis que habitualmente no entienden los pueblos, por la afectación directa que reciben.
Desgraciadamente, si se consideran que en los últimos cuarenta años, han sido los Torrijistas y el PRD los forjadores de mecanismos de desarrollo nacional, el actual gobierno tiene en sus manos la posibilidad de enormes recursos, sino para solucionar, para amortiguar las consecuencias negativas de la crisis, por lo que nos toca determinar en qué nivel de debate político debe estar presente el PRD. ¿Quiénes puedan dar ese debate y hasta dónde el PRD debe renovar su plantilla de voceros públicos, considerando a los viejos maestros del colectivo?
El Panamá de hoy no enfrenta ya la lucha por la soberanía. Es decir a la cuestión nacional que nos ocupó por un siglo, la reemplaza la cuestión social que tiene a más de un millón de panameños viviendo en pobreza o bajo el nivel de la pobreza. Esa es, a nuestro criterio, la bandera que en cada corregimiento, distrito o provincia debe asumir las bases del partido. Nadie ha hecho más por este país en los últimos cuarenta años que el Partido Revolucionario Democrático, pese a la persecución que significó la invasión de 1989.
Por la unidad del PRD, por las banderas populares de los pobres de Panamá por la profundización a la democracia, a fortalecer el partido.