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La Universidad de Panamá: ¿Qué hacer?


Las universidades están llamadas a acrecentar la conciencia social, a reproducir los ideales de justicia, equidad y soberanía de los pueblos como condición sine qua non para su desarrollo y para que, al mismo tiempo, sirvan de reflejo de la sociedad.
En ese sentido hay que destacar que los panameños contamos con una universidad pública donde se encuentran los mejores docentes del país, razón que conduce ir en procura de un mejor desarrollo tecnológico y científico, que pueda alcanzar una formación académica integral para enfrentar los retos del mundo globalizado.
Los ataques que muchas veces se han lanzado contra la Universidad de Panamá y la administración del profesor Julio Vallarino, no han tomado en cuenta que en las administraciones anteriores no existía la cantidad de estudiantes que hay en la actualidad; entendiéndose que bajo la administración del Dr. Carlos Iván Zúñiga, la población estudiantil estaba por el orden de 49,963 en 1993; de 1994 a 1999 con la administración del Dr. Gustavo García de Paredes, un promedio de 54,718; y para el 2002, bajo la administración del Mgter. Julio Vallarino, se alcanzó la cifra de 72,776, esperádose para el 2003, aproximadamente, 75,500 estudiantes. Paralelamente, el presupuesto de la Universidad ha decrecido sustancialmente en estos últimos tres años, tanto así que en el presente año el presupuesto es inferior en 6 millones de dólares con relación al de 2001. Estas realidades han ido produciendo un déficit presupuestario significativo. Se ha estimado que el costo promedio de atención a un estudiante por año lectivo está en el orden de $1,484.05.
Igualmente, las inversiones en infraestructuras y equipamiento realizadas, requieren de mayores y mejores recursos, tomando en cuenta el crecimiento estudiantil; pues las asignaciones presupuestarias son insuficientes, afectándose también el renglón de mantenimiento, tan necesario para extender la vida útil de estas infraestructuras y equipos.
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Se concluye que la Universidad de Panamá, para poder hacerle frente mínimamente a sus compromisos, requiere para este año, la autorización de gastos por el orden de $112 millones; con ello se lograría atender a la población estudiantil que año tras año se ha venido incrementando, lo cual cubriría solamente un funcionamiento racionalizado, pues aún así no estaría en capacidad de enfrentar debidamente las exigencias académicas que demanda el desarrollo integral de Panamá, para que el país pueda enfrentar los retos de la globalización.
Es por ello que resulta injustificable que en medio de la profunda crisis presupuestaria por la que atraviesa la Universidad de Panamá, sectores universitarios realicen alianzas con grupos externos para poner en peligro la autonomía e institucionalidad universitaria. Los desmedidos apetitos políticos de personas que añoran su regreso a la rectoría han sido suficiente excusa para atentar no sólo contra la actual administración universitaria, sino contra toda la institución universitaria, símbolo supremo de nuestra nacionalidad. A consecuencia de estas aventuras politiqueras a la Contraloría General de la República, que en alianza permanente con el Ministerio de Economía y Finanzas, vienen ejecutando acciones de estrangulamiento financiero a la Universidad de Panamá, lo que ha producido malestares administrativos e intranquilidad dentro de la familia universitaria, primordialmente en lo referente al cumplimiento de las fechas y horas de pago de la planilla.
Somos conscientes de que la nueva Universidad debe abandonar su posición clientelista y ubicarse como promotora de un permanente escenario de discusión de los grandes problemas nacionales; la inclinación o preferencia electoral no debe estar acompañada de compromisos que hipotequen la Universidad y la amordacen impidiéndole despegar y transitar por el sendero del desarrollo. La entrega del verdadero universitario debe darse hacia el fortalecimiento de la calidad académica y el protagonismo cimero dentro de la sociedad panameña. Para que ello sea posible, debemos contar con la unidad de todos los universitarios. Se debe reflexionar con el fin de evitar que las ansias de alcanzar el poder no sean razón para destruir el templo más sagrado de la educación panameña. Al concluir este examen nos preguntamos: ¿De qué valdría alcanzar la Rectoría, si para ese entonces administraríamos las ruinas y escombros de lo que un día fue nuestra Primera Casa de Estudios Superiores?

101 años de Panamá América

 
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