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La Universidad necesita de sus hijos


La Universidad de Panamá, fue fundada en 1935 bajo la administración del Presidente Dr. Harmodio Arias Madrid y dirigida por su primer Rector Octavio Méndez Pereira y colaboradores quienes forjaron los cimientos de lo que es hoy, ha sido, es y será la Universidad del Pueblo. A pesar de que ha habido momentos y personas que la han calificado de elitistas, equivocada apreciación, ya que esta institución de enseñanza superior se inició como una universidad de trabajadores; por eso fue nocturna, pues la mayoría de quienes asistían a ella trabajaban y sólo de noche podían darse la oportunidad de alcanzar una educación universitaria. Con el tiempo, se fueron abriendo carreras diurnas y fue creciendo en infraestructura y población estudiantil, expandiéndose hacia las provincias en lo que primero fueron las Extensiones y después los Centros Regionales Universitarios.
En más de una forma la Universidad de Panamá es una universidad popular. Sus puertas siempre han estado abiertas a todos, y la mayoría de sus estudiantes siempre han procedido de familias de escasos recursos, por cuya causa el costo de la matrícula desde sus inicios hasta el presente es significativamente bajo. El costo de la matrícula por semestre oscila entre B/.27.00 en la Facultad de Arquitectura, hasta B/.65.00 en la de Medicina, de suerte que un estudiante normal que completa su carrera en cinco años, invierte en concepto de costos universitarios entre 300 a 780 balboas y en la mayoría de los casos podría considerarse un promedio de 500 balboas.
A cambio de esa inversión (porque lo que se gasta en educación debe considerarse inversión) el estudiante no sólo obtiene una magnífica educación, sino que recibe o tiene acceso a un sinnúmero de actividades y facilidades, tales como aulas de clase, mobiliario, laboratorios, equipo, reactivos y otros materiales, en algunos casos transporte, material didáctivo y muchas cosas más, cuya suma, si se cuantifica su costo, supera con creces lo que el estudiante paga semestralmente por matrícula. De este modo podría decirse que la Universidad de Panamá es gratuita.
Al cabo de cinco años se gradúa el estudiante constituido en profesional. Así, la Universidad ha graduado poco más de cincuenta mil quinientos profesionales, entre médicos, ingenieros, abogados arquitectos, enfermeras, químicos, biólogos, administradores, economistas, profesores, etc., la mayoría de los cuales ha logrado emplearse en instituciones del Estado, en la empresa privada o ha desarrollado sus propios negocios, superando sustancialmente su situación económica, gracias en buena parte a lo que la Universidad de Panamá les dio. De esta manera, los que fueron en un comienzo estudiantes pobres, después de cinco años han adquirido una carrera profesional, empiezan a trabajar, y en el primer mes de sueldo recuperan lo que han invertido en cinco años de matrícula. A partir de ese momento el resto es ganancia, y aunque en un tiempo lo fueron, ya no son tan pobres...
La Universidad como todos sabemos funciona gracias a un presupuesto que le otorga el Estado, un presupuesto que nunca es suficiente y el que finalmente, luego de ser modificado, recortado y aprobado por la Asamblea tiene que ajustarse y reajustarse para cubrir prioritariamente la docencia, relegando a un segundo plano esa otra función de vital importancia que es la investigación, actividad esencial para generar conocimiento nuevo que habrá de renovar y nutrir permanentemente lo que se enseña; es la verdadera modernización. En síntesis, el producto de la investigación: conocimiento o información, constituye la semilla para el desarrollo de nuevas tecnologías o para el mejoramiento de las existentes. Es aquí donde la Universidad de Panamá necesita de sus hijos, sus egresados, los que fueron, pero ya no son tan pobres. Entre ellos se cuenta con funciones de diversos niveles, gerentes, empresarios, distinguidos galenos, banqueros, ganaderos, prósperos agricultores, ministros, magistrados, legisladores y hasta ha habido presidentes... Estoy seguro que no tomaría más de un minuto de meditación recordando los tiempos vividos en la "Casa de Méndez Pereira" para llegar a la conclusión de lo que hoy somos, lo que nos permite llevar una vida productiva y decorosa se lo debemos en gran parte a la institución que nos dio la oportunidad de adquirir una carrera profesional a un costo de quinientos balboas o un poco más.
Lo expresado en los párrafos que anteceden me motiva a expresar la idea de elaborar un proyecto de ley que establezca un impuesto (se me ocurre por decir algo, que podría ser el 0.25% del sueldo bruto) a todo egresado de la Universidad de Panamá con el propósito de crear un fondo para la investigación exclusivamente, con la advertencia enfática de que no se debe emplear en salarios o para aumentar la burocracia. Se aseguraría así una fuente permanente para la obtención de recursos para la compra de insumos, equipo, materiales, reactivos, etc., para investigación. Ello le permitiría a la Universidad cumplir su doble misión de formar profesionales, ciudadanos útiles, y contribuir al desarrollo científico y tecnológico del país.
Este es un llamado a la conciencia de los miles de profesionales que se formaron en la Universidad de Panamá y que hoy están en capacidad de devolverle una mínima parte de lo que ella les dio, contribución esta que beneficiará a sus propios hijos y a las generaciones de jóvenes panameños que igual que ellos deberán tener la oportunidad de superarse en esta institución de enseñanza superior.

101 años de Panamá América

 
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