A la vanguardia del cambio
Hemos escuchado y leído en los medios de comunicación comentarios sobre el daño que causa a los seres vivos el uso de productos químicos. Considero que, como funcionario de una institución responsable de velar por el bienestar de los consumidores, es necesario hacer algunas observaciones al respecto.
La industria química es un sector innovador que crece diariamente, y ha potenciado la revolución industrial a tal punto que está transformando productos y procesos de otras industrias que han permanecido inmutables desde hace siglos. El éxito de los productos químicos es crucial para el futuro de todos las naciones. Los cables de acero de alta resistencia, por ejemplo, están viéndose obligados a dar paso a fibras de polietileno de muy levado peso molecular, que son mucho más ligeras y no se corroen. Otro ejemplo de innovación es el de la fabricación de motores cerámico de explosión con pistones de carbono reforzado con fibras de titanio.
En el campo de la electrónica, la tecnología química está jugando un papel cada vez más importante. Un cierto número de compañías líderes se están convirtiendo en grandes productores de aseniuro de galio, la substancia que substituirá al silicio en los chips del mañana, y algunas están en primera fila en la producción de fibras ópticas avanzadas y en el uso de materiales acrílicos como núcleos centrales de los cables ópticos. Aunque la informática, en la percepción pública, está más asociada a la física y a la ingeniería que a la química, es ésta, la que ha generado los avances de los productos electrónicos en los últimos años. La fotoquímica es la base científica para el desarrollo de productos para sistemas tecnológicos de información, porque es posible transferir gráficos y dibujos de un original a otro reproduciendo la intrincada y diminuta estructura de los chips mediante materiales de grabación con revestimientos sensibles a la luz. Lo que llamamos "chip", suele ser una oblea de un metal o compuesto de gran pureza que sólo puede proporcionar la química. Luciano de Samosata, el Barón de Münchausen y Julio Verne nos llevaron con su imaginación a la Luna, pero ha sido precisa la imaginación de los químicos para que la ilusión se convirtiese en realidad a través del desarrollo de combustibles, fibras y materiales especiales, recubrimientos de cerámica, ordenadores, fibra óptica, material transparente y alimentos preparados.
Uno de cada diez puestos de trabajo en los países del G-7 tienen relación con el automóvil, lo que es una muestra de la gran importancia económica y social de una máquina que no sería posible sin el auxilio de sofisticados productos químicos. El uso de plásticos, más ligeros que los metales, se traduce en más kilómetros por galón de combustible. Desde que los primeros automóviles aparecieron, la vida de los neumáticos se ha alargado 400 veces. Por otra parte, cada fluido de su auto es un producto especialmente diseñado para un propósito.
La ingeniería mecánica es una de las más importantes ramas para la economía de los países, pero no se movería ni una sola pieza sin la contribución de la química. Las máquinas no se pueden fabricar sin productos químicos, porque la manufactura de los metales, el afilado, el torneado, la soldadura, la limpieza de superficies o el templado, son todos procesos dependientes de los productos químicos. Una vez construidas las máquinas no podrían arrancar - o detenerse - sin productos químicos. La máquina más perfecta del universo, el cuerpo humano, se mueve por procesos corporales que son químicos en su mayoría. Mientras respiramos, hacemos la digestión, crecemos, envejecemos e incluso pensamos, estamos siendo reactores químicos ambulantes. Los procesos químicos de las fábricas son diferentes en escala, más que conceptualmente, puesto que en ellas se procesan, se separan y se recombinan materiales para convertirlos en nuevas y provechosas formas.
La química es el protagonista esencial, mediante los productos farmacéuticos, en la lucha contra las enfermedades y en la mejora de la calidad de vida hasta edades muy avanzadas. Sin los productos hechos por las compañías químicas, decenas de miles de panameños estarían hoy incapacitados. Las válvulas cardiacas, los marcapasos, los riñones artificiales y el hilo de coser de los quirófanos están hechos de productos químicos de alta tecnología y muchos aparatos fabricados con ellos funcionan gracias a la química.
Los sordos pueden oír por medio de diminutos aparatos de plástico provistos de pilas, los ciegos pueden ver con córneas artificiales de materiales sintéticos y los cojos pueden andar gracias a prótesis de materiales químicos biocompatibles. Y las operaciones quirúrgicas sólo pueden realizarse mediante el concurso de incontables productos químicos como antisépticos, desinfectantes, gases industriales, finos tubos de plásticos, bolsas de sangre, dextrosa, adhesivos y la anestesia.
Para evitar accidentes o mitigar los daños, el hombre recurre también a aparatos de protección, como los cascos, guantes, calzado de seguridad, gafas, trajes ignífugos, chalecos antibalas e incluso trajes espaciales, fabricados todos ellos con materiales químicos ligeros y de alta resistencia.
El área dedicada hoy en día a la agricultura en el mundo (1,400 millones de hectáreas, que es una extensión equivalente a la de América del Sur) es la misma que en 1950 gracias a la agricultura intensiva y sostenible facilitada por la ayuda de fertilizantes y abonos orgánicos, a pesar de que en ese tiempo la humanidad ha pasado de 2.5 a 6 mil millones de personas. Esto ha evitado la utilización de 26 millones de kilómetros cuadrados más de suelo, lo que equivale a la superficie conjunta de los dos países más extensos de la Tierra (Rusia y Canadá) para alimentar a la población actual.
Y ya que hablamos del campo, una sola planta de acrilonitrilo, que ocupa la extensión de un campo de fútbol, permite producir la misma cantidad de fibras que un "rebaño" de 12 millones de ovejas, que para pastar necesitarían una extensión del tamaño de las provincias de Panamá, Colón y Darién.
La química hace posibles el nivel de vida y las comodidades a las que estamos acostumbrados. Empezando por la cocina, en ella encontramos utensilios recubiertos de plástico a los que no se adhieren los alimentos, recipientes y muebles del mismo material, estufas de cerámica, latas de conserva protegidas interiormente y alimentos preparados contra el efecto de hongos y bacteria. Si pasamos a la sala de estar, allí se encuentran la televisión, el video, un reproductor de sonido, discos compactos, y cintas magnéticas ... todos ellos construidos con materiales químicos. Y en todas las habitaciones hay elementos derivados de productos químicos: alfombras, tapicería, telas, relleno de almohada, jabón, perfumes, pintura, adhesivos, juguetes, detergentes, insecticidas, cosméticos ... Mire a su alrededor y busque algún objeto para cuya fabricación no haya jugado la química un papel importante ... y este ejercicio lo puede repetir en el avión, el automóvil o en la calle.
Mi opinión como químico es que, para la mejor comprensión de la realidad, es necesario asumir una visión amplia del problema, tratando de ser más objetivo y estar mejor ilustrado. La realidad es que el problema no es la industria química, sino el desconocimiento de aquellos que no comprenden que estos productos si son mal utilizados pueden causar efectos negativos y contrarios a los previstos por los científicos y técnicos que los desarrollaron. La química es una ciencia que se ha ganado un lugar preponderante en el altar de la historia de la humanidad y los químicos, como actores principales, han ayudado al desarrollo de mejores productos para que todas las personas puedan vivir mejor y más tiempo.
La industria química es un sector innovador que crece diariamente, y ha potenciado la revolución industrial a tal punto que está transformando productos y procesos de otras industrias que han permanecido inmutables desde hace siglos. El éxito de los productos químicos es crucial para el futuro de todos las naciones. Los cables de acero de alta resistencia, por ejemplo, están viéndose obligados a dar paso a fibras de polietileno de muy levado peso molecular, que son mucho más ligeras y no se corroen. Otro ejemplo de innovación es el de la fabricación de motores cerámico de explosión con pistones de carbono reforzado con fibras de titanio.
En el campo de la electrónica, la tecnología química está jugando un papel cada vez más importante. Un cierto número de compañías líderes se están convirtiendo en grandes productores de aseniuro de galio, la substancia que substituirá al silicio en los chips del mañana, y algunas están en primera fila en la producción de fibras ópticas avanzadas y en el uso de materiales acrílicos como núcleos centrales de los cables ópticos. Aunque la informática, en la percepción pública, está más asociada a la física y a la ingeniería que a la química, es ésta, la que ha generado los avances de los productos electrónicos en los últimos años. La fotoquímica es la base científica para el desarrollo de productos para sistemas tecnológicos de información, porque es posible transferir gráficos y dibujos de un original a otro reproduciendo la intrincada y diminuta estructura de los chips mediante materiales de grabación con revestimientos sensibles a la luz. Lo que llamamos "chip", suele ser una oblea de un metal o compuesto de gran pureza que sólo puede proporcionar la química. Luciano de Samosata, el Barón de Münchausen y Julio Verne nos llevaron con su imaginación a la Luna, pero ha sido precisa la imaginación de los químicos para que la ilusión se convirtiese en realidad a través del desarrollo de combustibles, fibras y materiales especiales, recubrimientos de cerámica, ordenadores, fibra óptica, material transparente y alimentos preparados.
Uno de cada diez puestos de trabajo en los países del G-7 tienen relación con el automóvil, lo que es una muestra de la gran importancia económica y social de una máquina que no sería posible sin el auxilio de sofisticados productos químicos. El uso de plásticos, más ligeros que los metales, se traduce en más kilómetros por galón de combustible. Desde que los primeros automóviles aparecieron, la vida de los neumáticos se ha alargado 400 veces. Por otra parte, cada fluido de su auto es un producto especialmente diseñado para un propósito.
La ingeniería mecánica es una de las más importantes ramas para la economía de los países, pero no se movería ni una sola pieza sin la contribución de la química. Las máquinas no se pueden fabricar sin productos químicos, porque la manufactura de los metales, el afilado, el torneado, la soldadura, la limpieza de superficies o el templado, son todos procesos dependientes de los productos químicos. Una vez construidas las máquinas no podrían arrancar - o detenerse - sin productos químicos. La máquina más perfecta del universo, el cuerpo humano, se mueve por procesos corporales que son químicos en su mayoría. Mientras respiramos, hacemos la digestión, crecemos, envejecemos e incluso pensamos, estamos siendo reactores químicos ambulantes. Los procesos químicos de las fábricas son diferentes en escala, más que conceptualmente, puesto que en ellas se procesan, se separan y se recombinan materiales para convertirlos en nuevas y provechosas formas.
La química es el protagonista esencial, mediante los productos farmacéuticos, en la lucha contra las enfermedades y en la mejora de la calidad de vida hasta edades muy avanzadas. Sin los productos hechos por las compañías químicas, decenas de miles de panameños estarían hoy incapacitados. Las válvulas cardiacas, los marcapasos, los riñones artificiales y el hilo de coser de los quirófanos están hechos de productos químicos de alta tecnología y muchos aparatos fabricados con ellos funcionan gracias a la química.
Los sordos pueden oír por medio de diminutos aparatos de plástico provistos de pilas, los ciegos pueden ver con córneas artificiales de materiales sintéticos y los cojos pueden andar gracias a prótesis de materiales químicos biocompatibles. Y las operaciones quirúrgicas sólo pueden realizarse mediante el concurso de incontables productos químicos como antisépticos, desinfectantes, gases industriales, finos tubos de plásticos, bolsas de sangre, dextrosa, adhesivos y la anestesia.
Para evitar accidentes o mitigar los daños, el hombre recurre también a aparatos de protección, como los cascos, guantes, calzado de seguridad, gafas, trajes ignífugos, chalecos antibalas e incluso trajes espaciales, fabricados todos ellos con materiales químicos ligeros y de alta resistencia.
El área dedicada hoy en día a la agricultura en el mundo (1,400 millones de hectáreas, que es una extensión equivalente a la de América del Sur) es la misma que en 1950 gracias a la agricultura intensiva y sostenible facilitada por la ayuda de fertilizantes y abonos orgánicos, a pesar de que en ese tiempo la humanidad ha pasado de 2.5 a 6 mil millones de personas. Esto ha evitado la utilización de 26 millones de kilómetros cuadrados más de suelo, lo que equivale a la superficie conjunta de los dos países más extensos de la Tierra (Rusia y Canadá) para alimentar a la población actual.
Y ya que hablamos del campo, una sola planta de acrilonitrilo, que ocupa la extensión de un campo de fútbol, permite producir la misma cantidad de fibras que un "rebaño" de 12 millones de ovejas, que para pastar necesitarían una extensión del tamaño de las provincias de Panamá, Colón y Darién.
La química hace posibles el nivel de vida y las comodidades a las que estamos acostumbrados. Empezando por la cocina, en ella encontramos utensilios recubiertos de plástico a los que no se adhieren los alimentos, recipientes y muebles del mismo material, estufas de cerámica, latas de conserva protegidas interiormente y alimentos preparados contra el efecto de hongos y bacteria. Si pasamos a la sala de estar, allí se encuentran la televisión, el video, un reproductor de sonido, discos compactos, y cintas magnéticas ... todos ellos construidos con materiales químicos. Y en todas las habitaciones hay elementos derivados de productos químicos: alfombras, tapicería, telas, relleno de almohada, jabón, perfumes, pintura, adhesivos, juguetes, detergentes, insecticidas, cosméticos ... Mire a su alrededor y busque algún objeto para cuya fabricación no haya jugado la química un papel importante ... y este ejercicio lo puede repetir en el avión, el automóvil o en la calle.
Mi opinión como químico es que, para la mejor comprensión de la realidad, es necesario asumir una visión amplia del problema, tratando de ser más objetivo y estar mejor ilustrado. La realidad es que el problema no es la industria química, sino el desconocimiento de aquellos que no comprenden que estos productos si son mal utilizados pueden causar efectos negativos y contrarios a los previstos por los científicos y técnicos que los desarrollaron. La química es una ciencia que se ha ganado un lugar preponderante en el altar de la historia de la humanidad y los químicos, como actores principales, han ayudado al desarrollo de mejores productos para que todas las personas puedan vivir mejor y más tiempo.