¡La verdad y la mentira!
No es necesario hacer aquí un panegírico de la verdad ni recordar las innumerables anécdotas que circulan por ahí en las que el que dice la verdad, tarde o temprano recibe su premio y el que miente es a su turno castigado. La verdad, la necesidad de que el mundo se mueva por senderos donde no existen mentiras, es algo mucho más serio que un anecdotario. Hay un punto de apoyo muy importarle en el desarrollo de las relaciones entre los hombres que se llama confianza y la confianza solo puede basarse en la verdad. Las sociedades humanas actúan y proceden con agilidad merced a ese sentimiento de confianza indispensable entre sus componentes, a fin de que todo emprendimiento pueda llegar a buen fin y hacerlo en el menor tiempo posible. Pero la confianza se engendra solo a través de la verdad. Cuando una mentira se introduce en las relaciones entre los hombres, la confianza empieza a mermar e incluso puede desaparecer definitivamente.
En cierto modo, no hay en el mundo quien no haya mentido alguna vez, pero eso no significa que la mentira es "un mal necesario", llegando a justificarla cuando se trata de evitar peores efectos de la verdad. Sabemos que el ser humano no es perfecto, y que está en su propia naturaleza acudir al engaño siempre que no consigue triunfar con la sinceridad y no encuentra otro recurso para calmar su impulso de lograr un determinado e imperioso objetivo. Pero la obra de la educación, tanto familiar como escolar o social, laica como religiosa, se realiza para extirpar, o por lo menos controlar, las tendencias instintivas que espontáneamente nos llevarían al defecto, al pecado y al delito simultáneamente, si no fuesen frenadas respectivamente por la moral, la ética, la religión y el Código Penal.
Por extraño que parezca, si los llamados "falsos testimonios" a veces son sancionados oficialmente, existen infinitos embustes que no solamente son tolerados por la ley, sino que, inclusive, son usados por los altos dirigentes de cada país, considerando que se hallan en juego los "sagrados intereses de la nación" y por esto se encuentran justificados todos los medios para defenderlos. Así, cada gobierno dispone de una oficina central de información (siempre controlada por la propia Presidencia o por un ministerio), encargada de divulgar los textos que convienen al programa de acción política de ese gobierno.
Precisamente, por este mal ejemplo que dan al público quienes más deberían servirle de modelo, se comprende que crezcan y medren entre él, a diario, nuevos mentirosos y que fracasen estrepitosamente los llamados de los educadores, padres y moralistas de todas las categorías en el sentido de cultivar la sinceridad y la honestidad como primordiales virtudes ciudadanas. Cualquiera que sea la mentira proferida y quien la oye o lee, solamente caben dos posibilidades: o no es creída, o es aceptada bajo sospecha a reserva de ulterior comprobación.
También existen casos de mentirosos que jamás fueron descubiertos o que fueron descubiertos después de muchos años de haberse aprovechado de sus mentiras. Pero en contraposición a esas opciones, ¡cuántos más numerosos son los casos en que el mentiroso (o sea, un individuo, un grupo, una empresa, un partido o un gobierno) será o habrá sido expuesto al desprecio y a la vindicta de su pueblo y de su historia!
*Pedagogo, escritor, diplomático.