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La verdad y la moral política


No dudamos que cada vez son más las personas (políticas o no) a las que no les gustaría escuchar consignas que expresan honestidad, capacidad y probidad.

Se trataría de consignas que podrían incomodar a algunos, haciendo rememorar periodos que no serían de su gusto. En cambio, son muchas las personas a quienes les harían recordar épocas que todavía atesoran íntimamente, y que representan lo mejor del Panamá de ayer: ejemplos de tiempos en que brillaban los políticos honestos y capaces como Justo Arosemena, Belisario Porras y Eusebio A. Morales, para citar solo unos cuantos de los más distinguidos. Pero creemos que en esos tiempos la política era una pasión que se fundía con el romanticismo. La filosofía, la política, la literatura y las artes, eran parte de una visión de búsqueda de identidad nacional y continental.

No obstante, en esos periodos también se dieron acciones como la lucha armada, y la violencia en todos los "bandos", el antagonismo de las clases sociales, como parte relevante de la lucha en que lo ideológico era determinante. Como en todos los tiempos, siempre rescataremos episodios, hechos y personajes que aún son símbolos que nos permiten espacios para pensar en sociedades ideales y posibles. Pero lo cierto es que en la actualidad hemos cruzado la frontera moral de nuestras convicciones con el fin de presionar y girar hacia una retórica capaz de llevarnos a la confusión, a la ambigüedad, y a desatinos aún más nihilistas y angustiantes que antaño.

En verdad, estamos viviendo tiempos marcados por discursos que debilitan la credibilidad de la política y que juegan con el espíritu de la democracia, induciéndonos a visualizar fases sociales críticas al no existir sustento moral en los torneos electorales. La dificultad de forjar nuevos liderazgos nos ha llevado a un panorama apocalíptico en tiempo tan breve que la sospecha de conspiración a nuestra institucionalidad ya parece posible de elucubrar. La pérdida de foco en el debate, la ceguera en el ansia del poder y la anulación de ideales se agota en intentos de alianzas o coaliciones imposibles o débiles, que carecerán de fuerza para enfrentar crisis futuras.

A siete meses de las elecciones de mayo de 2009, esta reflexión nos parece necesaria, en el sentido de que debemos concienciarnos de la necesidad de la legitimidad en el ejercicio de la política y de la certeza de que aún tenemos en Panamá hombres y mujeres de acción basados en la razón, la verdad y la moral, es decir, personas de bien, capaces de manifestar hidalguía, honestidad, eficiencia y honradez, tal como se hacía en aquellos tiempos de antaño, de grata memoria, en nuestro actual y distinto contexto histórico.

101 años de Panamá América

 
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