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La "verdadera" crisis de la energía eléctrica


Un hombre en el primer piso de un edificio queda atrapado por un fuego en la planta baja. No le queda más que saltar por el balcón, pero sabe que sus posibilidades de salir ileso no son muchas y que podría resultar herido. Como no se decide, las llamas lo obligan a subir al segundo piso. Desde el siguiente balcón aprecia que sus posibilidades de sobrevivencia se han reducido y que al saltar con toda seguridad se romperá, no un hueso, sino varios. Pero no se atreve a hacer lo que tiene que hacer y sigue pensando, hasta que el incendio lo obliga a subir al tercer piso, desde el que, en estado frenético, salta y muere en el pavimento. Esto es lo que pasa, y podría pasar, con la crisis de la energía eléctrica en Panamá.
Cada vez que se postergan los aumentos, se transmite una falsa sensación de que se ha superado una crisis, cuando en realidad lo que se está haciendo es crear peores condiciones para un próximo aumento, que sería más elevado y de consecuencias aún más desastrosas. La suspensión de las tarifas eléctricas ordenada por el Ejecutivo no soluciona nada. Mostrar ahora los estados financieros de las empresas eléctricas tampoco arregla nada. Es como creer que la ictericia se remedia con un buen polvo facial. Lo que hay que hacer es corregir los errores cometidos en el diseño del mercado eléctrico y eliminar los incentivos perversos al aumento. Hay que crear mecanismos que motiven al ahorro entre los consumidores y estimulen la competencia entre las empresas de generación y distribución eléctrica.
El Gobierno debe proporcionar soluciones duraderas y estructurales, así como abandonar la actitud de postergarlo todo con la creación de comisiones, como se hizo con el Pacto de Estado sobre la Justicia.
No se puede jugar con la economía, como se hizo con la reforma judicial. Esto es serio.

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