La verdadera democracia exige más que elecciones
Platón en su tratado sobre La República define el sentido de la democracia como el poder que emana del pueblo. Desde el ágora ateniense, pasando por el senado romano y por las formas de gobierno de las ciudades del Renacimiento, hasta la constitución de los Estados Unidos, la Revolución Francesa, las guerras de independencia en los diferentes países de la América India e inclusive el modelo de revolución proletaria de Rusia, a comienzos de este siglo, la democracia, como poder del pueblo, ha estado presente como ideal y antorcha hacia la cual tienden teóricamente los cambios políticos y socio-culturales de los diferentes grupos sociales.
En Panamá como muchos países del área sólo se aborda el concepto o constitución de ella para tiempos de elecciones y después de éstas, no se habla más, sino hasta la próxima campaña electoral.
La verdadera democracia exige más que elecciones. Requiere de la participación de todos, tanto de la oposición como de los gobernantes de turno y demás grupos que conforman nuestra sociedad, sin distingo de raza, credo o afiliación política. No necesariamente se tiene que pertenecer a un colectivo político o status social de abolengo para poder elegir o ser elegido; para aspirar y vivir en un régimen de verdadera democracia.
La democracia tiene injerencia efectiva en todos los eventos y facetas que configuran el mosaico de la vida y accionar diario del Estado y sus componentes, y va más allá cuando exige respeto de todos, especialmente de los que ejercen el poder en un momento dado. La tolerancia entre las partes es un ingrediente esencial para encontrar el equilibrio y la armonía en todo proceso democrático incipiente, como el nuestro.
Una verdadera democracia se construye y se fortalece en la medida en que los hombres y mujeres respeten el derecho de los demás y abran el compás de participación y equidad en los momentos de la toma de decisiones, donde estén involucrados los sagrados intereses del pueblo.
Todos, antes de llegar al poder a través de elecciones populares, pregonan y predican la democracia y después se convierten -con sus acciones impopulares- en enemigos de ella y por lo tanto del mismo pueblo a pesar de haberlos elegido.
No me explico cómo se espera contar con un gobierno de carácter democrático-representativo, cuando casi todos los candidatos elegidos y partidos políticos existentes han tenido directa o indirectamente una ligazón con los gobiernos de los últimos 30 años de vida política. Cabe señalar que en este periodo (últimos 30 años de protagonismo político), se ha visto todo tipo de atropellos y vejámenes contra la democracia; tal es el caso de los fraudes electorales, persecución, asesinatos, restricción de la libertad de expresión, entre otros por parte de los que fueron elegidos, para atender supuestamente, el clamor de las mayorías.
La democracia la debemos cimentar todos diariamente, pero es el gobierno por su naturaleza de líder y conductor de la nave del Estado, el encargado de llamar a la participación y concertación de todos los sectores de la sociedad, sean estos políticos o no.
De no establecerse estos canales de intercomunicación social, es de dudar que prevalezca la transparencia y la honestidad en los procesos electorales, coartando el ejercicio mismo de la democracia en su esencia de libertad y participación, a tal punto de regresar a situaciones de gobiernos intransigentes y dictatoriales. Consolidemos nuestra democracia, hoy, mañana y siempre.
En Panamá como muchos países del área sólo se aborda el concepto o constitución de ella para tiempos de elecciones y después de éstas, no se habla más, sino hasta la próxima campaña electoral.
La verdadera democracia exige más que elecciones. Requiere de la participación de todos, tanto de la oposición como de los gobernantes de turno y demás grupos que conforman nuestra sociedad, sin distingo de raza, credo o afiliación política. No necesariamente se tiene que pertenecer a un colectivo político o status social de abolengo para poder elegir o ser elegido; para aspirar y vivir en un régimen de verdadera democracia.
La democracia tiene injerencia efectiva en todos los eventos y facetas que configuran el mosaico de la vida y accionar diario del Estado y sus componentes, y va más allá cuando exige respeto de todos, especialmente de los que ejercen el poder en un momento dado. La tolerancia entre las partes es un ingrediente esencial para encontrar el equilibrio y la armonía en todo proceso democrático incipiente, como el nuestro.
Una verdadera democracia se construye y se fortalece en la medida en que los hombres y mujeres respeten el derecho de los demás y abran el compás de participación y equidad en los momentos de la toma de decisiones, donde estén involucrados los sagrados intereses del pueblo.
Todos, antes de llegar al poder a través de elecciones populares, pregonan y predican la democracia y después se convierten -con sus acciones impopulares- en enemigos de ella y por lo tanto del mismo pueblo a pesar de haberlos elegido.
No me explico cómo se espera contar con un gobierno de carácter democrático-representativo, cuando casi todos los candidatos elegidos y partidos políticos existentes han tenido directa o indirectamente una ligazón con los gobiernos de los últimos 30 años de vida política. Cabe señalar que en este periodo (últimos 30 años de protagonismo político), se ha visto todo tipo de atropellos y vejámenes contra la democracia; tal es el caso de los fraudes electorales, persecución, asesinatos, restricción de la libertad de expresión, entre otros por parte de los que fueron elegidos, para atender supuestamente, el clamor de las mayorías.
La democracia la debemos cimentar todos diariamente, pero es el gobierno por su naturaleza de líder y conductor de la nave del Estado, el encargado de llamar a la participación y concertación de todos los sectores de la sociedad, sean estos políticos o no.
De no establecerse estos canales de intercomunicación social, es de dudar que prevalezca la transparencia y la honestidad en los procesos electorales, coartando el ejercicio mismo de la democracia en su esencia de libertad y participación, a tal punto de regresar a situaciones de gobiernos intransigentes y dictatoriales. Consolidemos nuestra democracia, hoy, mañana y siempre.