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La verdadera función del directivo escolar




Filósofo y escritor

Los directivos deben analizarse introspectivamente al dirigirse a las masas educativas directas (docentes y estudiantes), a las no-directas (padres de familia, acudientes y comunidad en general), con la finalidad de educar al hombre desarrollado armónica y multifacéticamente que conjugue en sí la riqueza espiritual, la pureza moral, el florecimiento intelectual y el perfeccionamiento físico (desarrollo multilateral de la personalidad).
Esta problemática de superación administrativa exigiría el procedimiento dialéctico de la "Crítica y la Autocrítica", que contribuiría a exponer al desnudo los obstáculos originados por las diferencias de intereses que existen entre los asociados; contratiempos que frenan el avance y se reafirma lo nuevo, lo progresivo. Es casualmente en base a las transformaciones del status interno, que puede una institución escolar o colegial surgir y se orientan a todos sus miembros, de una manera integral. Para este objetivo, podemos demarcar algunos cimientos que estructurarían la efectiva labor del administrativo, y sus positivas relaciones con sus dependientes. Las bases son las siguientes:
Superación de las relaciones humanas, que deben ser multifacéticas, para con los docentes, educandos, padres de familia, población donde se labora y para consigo mismo. Esto se fundamenta, no obstante de establecerse la supuesta "División Técnica del Trabajo", en el proceso intraescolar.
Estimular psicológica, moral y materialmente a los subalternos inmediatos (educadores y estudiantes), en base a una modalidad eventual. Con relación directa al profesional de la educación, esto se puede plasmar justipreciando el principio de que "Uno no solamente hace el trabajo (Subjetivación), sino también que el trabajo lo hace a uno (Objetivación).
Impregnar sanamente en las mentalidades, el ideal de que el superior jerarquizado no puede subsistir y surgir sin el inferior convencional, creando la igualdad de oportunidades y el sentido mutualista. De esta manera, se deshecha todo intento de sectorización, rosca o mal burocrático (cáncer escolar o colegial).
Establecer las pautas concretas para una interrelación armoniosa, lógica, amplia y saludable entre estudiantes, educadores, administrativos y trabajadores manuales.
Con un "Criterio Objetivo", que es el antítesis de la "Ceguera Egocéntrica", se impugnaría la arbitrariedad, la patanería y el capricho. La jerarquización debe armonizar en todas sus partes, como también globalmente.
Recordar que el plantel como institución oficial, como edificio público, no es cosa exclusiva de alguien o de algunos, sino de todos, y como consecuencia la modalidad directiva para con los subalternos, no debe ser de índole despótico; debe trazar delineamientos que inquiera democracia auténtica, justicialismos y libertades individuales responsables. De esta manera nadie es peón de nadie, porque imperaría la genuina solidaridad que combate el servilismo, que en una forma regionalista se traduce en "cepillería", dando génesis a su secuela: La "sapería".
Los jefes administrativos de las escuelas o colegios, no deben tener ninguna tendencia persecutoria, ni tender conspiraciones, en contra de educadores, estudiantes, inspectores, secretarias y trabajadores manuales por motivos de casta, ideología propia, idiosincracia o de ideales religiosos; mucho menos tener celos profesionales con relación a un maestro o profesor.
En lo que se refiere a "Organización Escolar para el Docente", ésta debe cimentarse en la justicia, la imparcialidad, las condiciones individuales, y el estudio ético-psicológico del personal docente; nunca debe fundamentarse en un procedimiento amañado, ilegal y despótico, que beneficie a unos y perjudique inauditamente a otros. "A cada quien según sus capacidades, de cada uno según sus necesidades".
En vez de los rutinarios, convencionales y obsoletas resoluciones y expedientes acusatorios, establecidos a priori o de antemano, es primordial la táctica psicocivilizada, forjándose en la mente la siguiente máxima: "No sea su enemigo, no haga enemigos".
Los directivos deben participar con los profesionales de la educación y estudiantes en la transformación social, cultural y educativa de la localidad, afianzándose en principios de la genuina democracia popular y un veraz justicialismo radical.
El docente como verdadero "proletario de la educación", como punto de enlace entre administrativos y educandos, como trabajador directo del sistema educativo, y por su capacidad de superación es el indicado para requerir una atinada, concisa y cualitativa evaluación del personal directivo, principalmente en aspectos primordiales, tales como: las relaciones humanas, ética administrativo-profesional, puntualidad, disposición disciplinaria y de autodisciplinamiento, perfeccionamiento organizativo, capacidad de corrección y autocorrección, etc. Con esta nueva modalidad a nivel nacional se pule el sistema educativo y la educación se eleva en todos sus frentes.
Los consejos, reuniones o citaciones con los docentes no deben ser solamente de carácter informativo o de automatización de los subalternos, sino también de índole formativo; no sólo debe plantearse lo que debe hacerse, sino también como se hacen las cosas, vinculando los fines y los medios para sintetizar una armoniosidad entre gobernantes y gobernados del plantel.
La supervisión intraescolar debe fundamentarse, no exclusivamente en la programación metodológica convencional, en la crítica destructiva, en la persecución por no poseer tal o cual papel o documento. Debe afianzarse en la visión democrático-científica. No podemos exponer una perfecta elaboración del Sistema Enseñanza-Aprendizaje; mucho menos debemos proclamar un intachable sistema directivo.

101 años de Panamá América

 
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