La victoria de Chávez
Un suspiro de alivio exhalaron los principales mercados internacionales tras la contundente victoria del presidente venezolano Hugo Chávez en el referéndum revocatorio del pasado domingo. El mandatario, con todo y sus defectos, representa estabilidad en el suministro de petróleo del cuarto mayor productor mundial, en momentos que más los necesitan las potencias industriales occidentales, presionadas por alzas de precios que remontan los $45.00 el barril, sin posibilidad de rebaja cercana. Un corto o disminución en la participación del crudo venezolano, habría provocado una debacle.
Por otra parte, haber sacado un 18% de ventaja a la oposición interna, es garantía de estabilidad interna y el mensaje que seguramente aguardaban las fuerzas armadas del país para continuar por el difícil camino del respeto de la institucionalidad democrática, ahora -más que nunca en los últimos años, querrámoslo o no- personificada por Chávez.
Hasta las próximas elecciones nacionales, en el 2007, el país debe gozar de relativa tranquilidad y la oposición debiera entenderlo así, igual que el propio Chávez.
Claro que Estados Unidos y otros preferirían una Venezuela sin Chávez, pero la consulta popular del domingo cierra esa posibilidad, salvo que se quiera acudir a la inaceptable vía de los hechos. El mandatario seguirá siendo una piedra en el zapato con la que sus detractores van a tener que aprender a caminar, por no arriesgarse a perder la pierna o el pie.
Chávez, en lo internacional, va a continuar siendo un saludable factor de contrapeso en esta región, en un mundo unipolar y unidoctrinal globalizante, al margen de sus incoherencias. Su permanencia en el poder, gracias a los votos, sirve a todos los países para recordar que hay pobres que atender y que hay una corrupción que erradicar; y que no es posible vivir indiferentes en un mundo marcado por diferencias abismales, sin que un día algo cambie y se altere.
Lo ocurrido en Venezuela es así mismo una advertencia para los movimientos de apertura, integración de mercados y tratados de libre comercio, para que tales no se desarrollen contra los intereses de los más pobres y los más débiles.
Por otra parte, haber sacado un 18% de ventaja a la oposición interna, es garantía de estabilidad interna y el mensaje que seguramente aguardaban las fuerzas armadas del país para continuar por el difícil camino del respeto de la institucionalidad democrática, ahora -más que nunca en los últimos años, querrámoslo o no- personificada por Chávez.
Hasta las próximas elecciones nacionales, en el 2007, el país debe gozar de relativa tranquilidad y la oposición debiera entenderlo así, igual que el propio Chávez.
Claro que Estados Unidos y otros preferirían una Venezuela sin Chávez, pero la consulta popular del domingo cierra esa posibilidad, salvo que se quiera acudir a la inaceptable vía de los hechos. El mandatario seguirá siendo una piedra en el zapato con la que sus detractores van a tener que aprender a caminar, por no arriesgarse a perder la pierna o el pie.
Chávez, en lo internacional, va a continuar siendo un saludable factor de contrapeso en esta región, en un mundo unipolar y unidoctrinal globalizante, al margen de sus incoherencias. Su permanencia en el poder, gracias a los votos, sirve a todos los países para recordar que hay pobres que atender y que hay una corrupción que erradicar; y que no es posible vivir indiferentes en un mundo marcado por diferencias abismales, sin que un día algo cambie y se altere.
Lo ocurrido en Venezuela es así mismo una advertencia para los movimientos de apertura, integración de mercados y tratados de libre comercio, para que tales no se desarrollen contra los intereses de los más pobres y los más débiles.