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La victoria de Pinochet


El exdictador insiste que el derrocamiento del presidente Salvador Allende y la sangrienta represión subsiguiente, no fue sino mero cumplimiento de su deber.
Desde su punto de vista, lo que imperó en los oscuros años 70 fue una guerra entre el Estado y los grupos irregulares que lo asediaban siguiendo los dictados del comunismo internacional, quienes se empeñaban en desquiciar el orden y propiciar la conquista violenta del poder.
Recuerda en especial las tomas de propiedades por seguidores del fenecido Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) y la proliferación de grupos armados, que hicieron del Palacio de la Moneda su cuartel central.
Lo que siguió tras el asalto de la presidencia y la persecución masiva de conocidos elementos de izquierda y hasta de meros sospechosos ha sido harto ilustrado en películas, libros, canciones y poemas.
En esa época, Chile y Pinochet seguían el patrón en boga, de férreas dictaduras militares respaldadas por Estados Unidos, en los tiempos más crudos de la Guerra Fría.
Inperaba la Doctrina de la Seguridad Nacional, según la cual los ejércitos se erigieron en guardianes de la seguridad como valor supremo, por sobre los derechos humanos, la libertad individual, la vida y la libre opinión entre otros. Fue la época dorada de la Escuela de Las Américas y sus aberraciones.
El fenómeno de los desaparecidos fue característico de esos tiempos, a los que cantó Blades: "¿A dónde van los desaparecidos? ¿Y por qué será que se desaparecen? Porque no todos somos iguales". En Panamá desapareció el padre Gallego y fueron muertas varias decenas de ciudadanos. Igual fue en Uruguay, Argentina, Brasil, Centroamérica, Perú, Bolivia y Paraguay.
Tras su retiro del mando del ejército, Pinochet pasó, por virtud de su propia Constitución a ser senador vitalicio. La repulsa fue tan unánime como inevitable su nuevo cargo que lo dota de oportuna inmunidad.
Pero eso no evitó que sus colegas del senado intentaran aprobar una moción, de mero valor moral, que recomendaría su juzgamiento por delitos contra la Humanidad. Bastante menos de lo que se pretende contra el expresidente serbio Rodovan Karadzic.
Para sorpresa de todos, la votación fue favorable a Pinochet 62 contra 52, con el inesperado apoyo de senadores demócratacristianos, a despecho de sus aliados socialistas que ahora amenazan con romper la alianza parlamentaria que ha permitido al gobierno del presidente Eduardo Frei contar con la mayoría en el Congreso.
Colocados en situación no ganadora, los demócratacristianos optaron por el mal menor, arriesgar la alianza de gobierno, con tal de no exponer al país a una confrontación con los militares. Al fin y al cabo, Pinochet no es eterno. Como insólitamente ha reconocido el propio general: "Entiendo que lo han hecho por razones de mejor servicio a Chile e inspirados en el bien común". Sólo así se explicaría la votación.

101 años de Panamá América

 
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