La victoria de Putin y las armas químicas
El sábado pasado, comandos rusos rescataron a 700 rehenes mantenidos cautivos por rebeldes chechenos desde el 23 de octubre en el Teatro Central de Moscú, todos civiles, incluyendo mujeres, ancianos y niños, de varias nacionalidades, rusos en su mayoría. La operación fue un completo éxito, pero no estuvo exenta de víctimas. De los muertos, 95 eran rehenes, 50 secuestradores y 60 comandos liberadores. El costo en vidas fue alto, pero mucho menos que en circunstancias normales. ¿Circunstancias normales?
Hace algunos años, un comando peruano liberó a unos 200 rehenes secuestrados por la guerrilla Tupac Amaru. Los comandos penetraron por un túnel abierto por el piso del edificio de la Embajada de Japón en Lima. Una veintena de rebeldes fue muerta supuestamente luego de rendirse, y una decena de soldados falleció en la operación. Se hizo a tiros, tras varias semanas de incertidumbre y negociaciones, tiempo que aprovechó la fuerza de seguridad para taladrar el túnel. En el caso ruso, la operación se hizo en tres días, en términos que el propio presidente ruso describió de "imposible".
Los rehenes estaban repartidos entre los muchos aposentos del teatro. Todo el edificio estaba plagado de explosivos, incluso los propios terroristas en sus cuerpos. Las tropas rusas estaban a doscientos metros. Al menor movimiento, eran tiroteados a distancia. ¿Cómo logró Putin el milagro? Con un arma química.
El 26 de octubre será una fecha histórica porque marca el uso exitoso por vez primera en el siglo XXI de un arma química, de consecuencias que empiezan a filtrarse, hasta que la cortina del hermetismo la cierre para siempre. Los despachos noticiosos lo describen como "un gas incoloro, inodoro e insípido pero de acción fulminante, no letal en principio, aunque con efectos graves en grupos de riesgo, perteneciente a los llamados neurotóxicos, neuroparalizantes o incapacitantes de acuerdo a los partes oficiales. Provoca síntomas irritantes inmediatos, espuma azulada, palidez, vómitos, taquicardia, sueño profundo y alucinaciones acompañadas de desorientación total, según testimonio de sobrevivientes". Las fuerzas rusas lo esparcieron por los ventiladores.
Los mismos despachos informan que de los rehenes repartidos entre cuatro hospitales, 42 "están en estado grave, envenenados con un gas desconocido"; 15 están "en estado de reanimación, sin conocimiento y en estado grave", otros 3 "graves por envenenamiento" y 13 niños en "servicio de toxicología, uno de los cuales está en coma".
El triunfo de Putin inicia una era, como la atómica con el ataque norteamericano a Hiroshima y Nagasaki (1945), en la que agentes químicos y tóxicos desapercibidos serán usados en situaciones semejantes y en condiciones de alteración del orden público.
A partir de ahora, queda abierta la polémica ética sobre su uso, los derechos humanos, así como la vigencia y alcance de los convenios internacionales sobre su proscripción. Conste, para nosotros es prematuro tomar partido en uno u otro sentido. Quizás sólo bajo condiciones extremas se justifique.
Sus dudas siempre persistirán. Sobre todo por el control que Nieves mantenía sobre su enfermedad. "Siempre que me faltaba el aire, ella me decía no te desesperes, respira hondo y te vas a componer", pues esa era su fórmula para controlarse.
Ahora, sus esfuerzos están concentrados en ayudar a sus nietas, en especial a la que ha presentado la enfermedad. "Tenemos muchos más cuidados con ella, se le dan sus medicamentos a tiempo y usa mucho la medicina alternativa. "Gracias a Dios, desde que murió la mamá sólo le ha dado una crisis".
Solicitó a los médicos que busquen otras alternativas, porque si a Nieves le estaban haciendo la terapia y no le funcionó, debieron recetarle otra "cosa".
Además, deben dar prioridad cuando un asmático llega en busca de atención médica, pues nadie sabe las condiciones de esa persona, para que no le pase "lo que a mi hija".
Hace algunos años, un comando peruano liberó a unos 200 rehenes secuestrados por la guerrilla Tupac Amaru. Los comandos penetraron por un túnel abierto por el piso del edificio de la Embajada de Japón en Lima. Una veintena de rebeldes fue muerta supuestamente luego de rendirse, y una decena de soldados falleció en la operación. Se hizo a tiros, tras varias semanas de incertidumbre y negociaciones, tiempo que aprovechó la fuerza de seguridad para taladrar el túnel. En el caso ruso, la operación se hizo en tres días, en términos que el propio presidente ruso describió de "imposible".
Los rehenes estaban repartidos entre los muchos aposentos del teatro. Todo el edificio estaba plagado de explosivos, incluso los propios terroristas en sus cuerpos. Las tropas rusas estaban a doscientos metros. Al menor movimiento, eran tiroteados a distancia. ¿Cómo logró Putin el milagro? Con un arma química.
El 26 de octubre será una fecha histórica porque marca el uso exitoso por vez primera en el siglo XXI de un arma química, de consecuencias que empiezan a filtrarse, hasta que la cortina del hermetismo la cierre para siempre. Los despachos noticiosos lo describen como "un gas incoloro, inodoro e insípido pero de acción fulminante, no letal en principio, aunque con efectos graves en grupos de riesgo, perteneciente a los llamados neurotóxicos, neuroparalizantes o incapacitantes de acuerdo a los partes oficiales. Provoca síntomas irritantes inmediatos, espuma azulada, palidez, vómitos, taquicardia, sueño profundo y alucinaciones acompañadas de desorientación total, según testimonio de sobrevivientes". Las fuerzas rusas lo esparcieron por los ventiladores.
Los mismos despachos informan que de los rehenes repartidos entre cuatro hospitales, 42 "están en estado grave, envenenados con un gas desconocido"; 15 están "en estado de reanimación, sin conocimiento y en estado grave", otros 3 "graves por envenenamiento" y 13 niños en "servicio de toxicología, uno de los cuales está en coma".
El triunfo de Putin inicia una era, como la atómica con el ataque norteamericano a Hiroshima y Nagasaki (1945), en la que agentes químicos y tóxicos desapercibidos serán usados en situaciones semejantes y en condiciones de alteración del orden público.
A partir de ahora, queda abierta la polémica ética sobre su uso, los derechos humanos, así como la vigencia y alcance de los convenios internacionales sobre su proscripción. Conste, para nosotros es prematuro tomar partido en uno u otro sentido. Quizás sólo bajo condiciones extremas se justifique.
Sus dudas siempre persistirán. Sobre todo por el control que Nieves mantenía sobre su enfermedad. "Siempre que me faltaba el aire, ella me decía no te desesperes, respira hondo y te vas a componer", pues esa era su fórmula para controlarse.
Ahora, sus esfuerzos están concentrados en ayudar a sus nietas, en especial a la que ha presentado la enfermedad. "Tenemos muchos más cuidados con ella, se le dan sus medicamentos a tiempo y usa mucho la medicina alternativa. "Gracias a Dios, desde que murió la mamá sólo le ha dado una crisis".
Solicitó a los médicos que busquen otras alternativas, porque si a Nieves le estaban haciendo la terapia y no le funcionó, debieron recetarle otra "cosa".
Además, deben dar prioridad cuando un asmático llega en busca de atención médica, pues nadie sabe las condiciones de esa persona, para que no le pase "lo que a mi hija".