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La victoria del paro cívico venezolano


No deja de asombrar que ciertos analistas todavía duden acerca del significado del reciente paro cívico en Venezuela y su impacto en la lucha contra la amenaza chavista. A quienes creen que el paro fue un fracaso de la oposición se aplica lo que una vez dijo Henry Kissinger: "Como no comprendían la magnitud del peligro, no podían entender la naturaleza del éxito". Del mismo modo que muchos venezolanos tardaron largo tiempo en asimilar la gravedad del riesgo que para nuestra libertad y democracia representa la llamada "revolución bolivariana", cuesta percibir los éxitos que vamos logrando en el camino.
El peor escenario para Venezuela era el de la ambigüedad, es decir, precisamente la situación que Chávez y sus secuaces sostuvieron por cuatro años, hasta diciembre de 2002. Por un lado, la fachada democrática y por otro la realidad de un autoritarismo que avanzaba de acuerdo con los designios estratégicos del régimen, destruyendo gradualmente la resistencia de la oposición, preservando la imagen y recursos para fortalecerse a largo plazo y evitando enfrentamientos decisivos prematuros. En otras palabras, desde el punto de vista estratégico, la confrontación en Venezuela se estaba llevando a cabo según las etapas diseñadas por Chávez y sus asesores cubanos, expertos en el combate desigual de décadas contra Washington y la OEA.
El paro cívico rompió decisivamente ese esquema. A pesar de la miopía de numerosos analistas y "líderes" de la oposición que no entienden lo ocurrido, el paro ha constituido una importante victoria para nosotros, en tres aspectos fundamentales: Primero, el paro cívico aceleró la ejecución del proyecto autoritario, despojó de sus máscaras al chavismo y le está obligando a adelantar acciones que estaban planificadas para momentos más propicios, destruyendo así el escenario de ambigüedad que por cuatro años engañó a muchos y adormeció a otros, ambigüedad que ganó para Chávez un respiro crucial. Ahora, se hace imperativo para el gobierno acrecentar la represión y asumir de manera mucho más clara su naturaleza dictatorial. Ello, sin duda, nos colocará ante la necesidad de nuevas formas de lucha, pero en un contexto de definiciones en el que la oposición tiene fortalezas en cuanto a legitimidad y compromiso nacional democrático.
Es mil veces preferible combatir a un dictador que a un falso demócrata. El primero asume su verdad, el segundo nos somete con sus mentiras. En segundo lugar, el paro cívico (y en particular su componente petrolero) despertó a Washington sobre la gravedad de la crisis venezolana, también a Gaviria, a la OEA y al resto de los presidentes demócratas de América. A partir de esos dos meses de epopéyica manifestación popular, Chávez ha quedado muchísimo más solo que antes en el entorno interamericano y mundial. La imagen de la oposición ha ganado inmensamente a ojos del mundo y se ha revertido la campaña difamatoria que con relativo éxito impulsó el gobierno entre abril y diciembre de 2002. Antes del paro, Washington y Brasilia jugaban a "esperar y ver". Ahora ya vieron.
En tercer lugar, y esto me parece esencial, el paro cívico mostró a los millones de venezolanos que estamos luchando por el país frente a la satrapía chavista que el combate es duro, difícil, complejo, costoso; que no habrá gratificaciones inmediatas ni salidas fáciles y sin elevados costos. Lamentablemente, los errores se pagan y el error gigantesco de haber llevado a Chávez a la presidencia, de haberle dado una Constituyente, una Constitución a su medida y el respaldo electoral de su ratificación, se está pagando caro. A la vez, estamos extrayendo un aprendizaje social extraordinario, que tendrá gran impacto en el rumbo de reconstrucción nacional a ser emprendido una vez que superemos el desafío de crear una nueva Venezuela con el esfuerzo de todos.
La falla clave de la dirigencia de la oposición no estuvo en su conducción del paro cívico, sino en su incapacidad posterior para articular su significado ante la gente y proyectar una visión de triunfo que en realidad se corresponde con los hechos. Se trató de una jornada de enorme relevancia, que pocas sociedades han estado dispuestas a afrontar y que la nuestra ahora estará preparada a repetir cuando sea necesario, junto a otras formas de lucha, en este camino de superación que mantienen los venezolanos con perseverancia y voluntad a toda prueba.
* Profesor de Ciencia Política, Universidad Simón Bolívar.
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