"La vida no vale nada"
"La vida no vale nada, si no es para merecerla…. O dicho de otro modo, la vida no vale nada si no es productiva; que no significa, en modo alguno, justificar, mucho menos insensibilizarnos ante los sistemáticos asesinatos que se producen por doquier y de manera cotidiana en nuestro país. Asesinatos que nos gritan que estamos a punto de convertirnos en un país en donde ¡la vida no vale nada!
Cuando en una sociedad la violencia carcome y estremece sus cimientos hemos de admitir que como gobernantes y gobernados, padres e hijos, hombres y mujeres, ciudadanos y ciudadanas, ¡hemos fracasado! Pero más que eso, ha fracasado la sociedad como modelo de orientación y consenso social; la sociedad como marco y sustento de la democracia y la participación ciudadana.
Sí, hemos fallado con toda la responsabilidad que nos corresponde desde los diferentes roles y posiciones que ocupamos en el bregar diario. No olvidemos que "una de las riquezas del ser humano es la capacidad que tiene para experimentar una gran cantidad de emociones... que se activan a partir de pensamientos, sentimientos ,sucesos que nos ocurren, etc. El problema surge cuando estas emociones, en principio positivas, se ponen en marcha con excesiva frecuencia, intensidad o duración e influyen negativamente en el bienestar personal", lo que sin lugar a dudas se refleja y/o proyecta al entorno. (Amor, Echeverría, Montalvo "Vivir sin violencia", Ediciones Pirámides, Universidad Complutense de Madrid-España ).
Habida cuenta de que la violencia es un problema de carácter estructural, consecuentemente requiere de un tratamiento integral, valga decir desde las distintas estructuras que conforman la sociedad (económicas, políticas y sociales). Manejarla por retazos y de manera aislada no hace más que enmascarar las causas y, desde luego, posibles soluciones. Los problemas sociales como la violencia y la criminalidad nos ateñen a todos/as ineludiblemente.
Ahora bien, las fuerza de los hechos nos obliga a meternos de lleno en la solución del problema, sin más dilación; ubicarlo en la agenda gubernamental (de verdad) como una cuestión de Estado, con políticas acertadas, que vayan más allá de los enunciados y propósitos de enmiendas. Se nos acabó el tiempo, no hay plazo para demagogias o planteamientos retóricos, pues las vidas que se está cobrando la criminalidad en nuestro país, además de dolorosas, resultan injustificables.
Hace poco murió a manos de la delincuencia Anel Omar Rodríguez (RIP), distinguido funcionario de este gobierno; situación que nos impactó, no sólo por tratarse de una figura joven en la plenitud de su vida, sino porque este hecho se convirtió en ¡Un golpe a la cultura! Además de ser el Director del Instituto Nacional de Cultura, era un enjundioso trabajador de la misma, que en su breve transitar por este mundo demostró lo que "sí se puede cuando se quiere". Paz a su alma, resignación y fortaleza para sus familiares, aunque el luto es colectivo, aún para aquellos/as que sólo de referencia le conocimos.