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La vieja Europa, más vieja


El resultado de las recientes elecciones muestran que Francia está con graves problemas económicos, sin que se ofrezcan soluciones políticas. Está muriendo de socialismo porque todos sus políticos son socialistas, incluyendo a quienes lo niegan. El estado benefactor avanza hacia la bancarrota, mientras todos prometen más beneficios y más gasto público. Las elecciones regionales fueron una Berezina para el nuevo partido de Jacques Chirac (etiquetado de centro-derecha, pero en realidad de centro-izquierda). Los partidos Socialista y Verde ganaron sin ofrecer otra cosa que "restaurar el socialismo", mientras que el Frente Nacional (populistas nacionalistas de extrema derecha) no avanzó.
Desde la elección de François Miterrand en 1981, los franceses hemos castigado sistemáticamente al equipo en el poder. Nos aferramos al anticuado sistema de beneficios sociales, elaborado por los comunistas al terminar la II Guerra, y a nuestros "servicios públicos", a pesar de haber sido los dos elementos que han precipitado la decadencia y bancarrota.
El panorama francés muestra un crecimiento de 0% en 2003 (a pesar del aumento en los gastos gubernamentales de 4%, sobrepasando la mitad del PIB), progresivo aumento del desempleo desde julio de 2001, caída de las inversiones y declinación de los empleos. Las malas noticias sociales siempre aparecen tras las malas noticias económicas.
Los franceses sufrimos de alta inflación en viviendas, alimentos y servicios públicos, acompañado de la caída del poder de compra. Con respecto a la Unión Europea, el nivel de vida de los franceses ha caído en los últimos 10 años desde el tercer puesto al puesto 12. Aún así, los franceses no se dan cuenta que vamos camino a la bancarrota, lo cual creen sólo pasa en América Latina y Africa. Como nuestras élites son las más inteligentes, tienen necesariamente que haber inventado el mejor sistema.
Los franceses no somos sólo pretenciosos, sino que vivimos en el país donde la élite política tiene el mayor control sobre los medios de comunicación, que están en manos de conglomerados que tienen negocios con el gobierno y, por ello, no critican a la casta de burócratas y políticos. Los intelectuales, los "especialistas" y los periodistas repiten las mismas falsedades. El lavado mental de los franceses es tal que no sólo pensamos que tenemos los mejores quesos sino lo mejor de todo lo demás: el mejor sistema de pensiones, de salud, de transporte, y eléctrico, etc.
Los derechos de propiedad son aplastados con impuestos; la eficiencia del mercado es destruida por leyes absurdas y lo único que se les ocurre a los políticos es aumentar el gasto estatal. Pero con uno de los sistemas impositivos más altos en el mundo, no se logra un presupuesto balanceado. El último fue en 1973; o sea, hemos vivido con déficit por 30 años. Hasta las pequeñas reformas instrumentadas por el gobierno de Jean-Pierre Raffarin fueron denunciadas como injustas por los empleados públicos. Eso explica su fracaso electoral.
En teoría, los franceses tienen la opción de votar por coaliciones de la izquierda y de la derecha, lo mismo que sucede en todos los países democráticos. Pero la realidad es que sólo podemos votar por funcionarios públicos estalinistas, lo cual nos condena al statu quo. El problema es que el statu quo no es sostenible en un mundo cambiante.
En casi todos los países desarrollados, la mayoría de la gente, incluso algunos socialistas, comprende que el socialismo no funciona. Los socialistas en Nueva Zelanda y los comunistas italianos han reducido el número de empleados públicos. Los socialistas suecos han privatizado empresas. Pero en Francia, ni siquiera los "conservadores" han hecho tales cosas. Nuestros políticos "conservadores" son más izquierdistas que la mayoría de los socialistas del mundo. Podemos comparar a Francia con la vieja Unión Soviética, donde la derecha era estalinista y la izquierda trotskista.
Las victorias socialistas en Francia y España envejecen aún más a la vieja Europa.
* Analista de TechCentralStation.com.
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