La violencia engendra violencia
Hace unos días vi en un canal de televisión de la localidad cómo un agente del orden público detuvo a un delincuente, cuando aún estaba dentro del local donde pretendía perpetrar un robo. La rápida y valiente acción del uniformado permitió la captura de este antisocial sin que hubiese víctimas que lamentar.
Sin embargo, lo que me causó extrañeza fue que cuando el policía tenía al bandido sometido, desarmado y en el piso bocabajo, se escuchaban voces de personas que gritaban: "¡Mátalo!, ¡mátalo!, ¡mátalo!". ¿Que podríamos pensar de estas personas que pedían la muerte del delincuente, ¿qué son personas muy malas? ¿Qué son unos delincuentes también? Pienso que no. Simplemente son ciudadanos desesperados, que ya no saben qué hacer ante esta ola de violencia que azota nuestro país.
¿Acaso piensa nuestro gobierno que los ciudadanos de este país vamos a renunciar al derecho que tenemos de proteger la vida, honra y bienes de nuestros seres queridos? ¿Que vamos a esperar impasibles, mientras matan a nuestros hijos y asaltan nuestras casas? Nuestro gobierno tiene el sagrado deber de rechazar a los agresores de la sociedad civil. Pero mientras el Estado panameño duerme el sueño de la inacción y no cumple con decisión su papel de regular y armonizar las relaciones entre los asociados, veremos como la espiral de violencia irá en aumento.
La palabra de Dios le tiene una advertencia a los que gobiernan y no cuidan de su pueblo: "Porque el Señor les ha dado el dominio, y el poder lo han recibo del Altísimo: Él examinará las obras de ustedes y juzgará sus designios. Ya que ustedes, siendo ministros de su reino, no han gobernado con rectitud ni han respetado la Ley ni han obrado según la voluntad de Dios, él caerá sobre ustedes en forma terrible y repentina, ya que un juicio inexorable espera a los que están arriba". (Sabiduría 6, 3ss).