La Visión del Canal: ¿Es del Estado o de la ACP?
Hay una inminente necesidad de recurrir a una evaluación, serena, objetiva y con sinceridad, para averiguar hasta qué punto la visión de la Autoridad del Canal de Panamá (ACP) refleja la visión de la nación panameña.
La visión es tan importante que en la Sagrada Escritura aparece el versículo 29-18 en los proverbios y dice, “El pueblo que no tiene visión perecerá”. El proverbio se refiere a la visión de un pueblo, que en nuestro lenguaje vernacular puede ser Estado o Nación, y no a un ente ficticio que legalmente llamamos “Gobierno Corporativo” o “Corporación Política”, lo cual es la ACP. Es por esto que todo el pueblo panameño, pobre o rico, tienen una alta responsabilidad de velar eternamente y con valor por el bienestar de esta noble empresa, su patrimonio.
La ley que dio origen a la Autoridad del Canal Panamá, establece que debe ser rentable. El honorable Alberto Alemán, administrador de la misma, está llevando a cabo esta misión con seria dedicación en modernizar el Canal, y con miras de expandir el mercado para los barcos post-panamax, y para esto, ya tiene los diseños de los estudios conceptuales para un Tercer Juego de Esclusas.
Públicamente hay que reconocer que el gran éxito del pasado (Comisión del Canal de Panamá) y del presente (Autoridad del Canal de Panamá) se debe a la gran fuerza laboral altamente calificada, dedicada, leal y con una gran motivación intrínseca, que en su mayoría han servido durante ambas administraciones brillantemente.
A pesar del gran esfuerzo de la ACP en lograr su visión (corporación política), emerge un conflicto con segmentos del pueblo panameño (visión de Estado). Los accionistas de este patrimonio, el Administrador con su Junta Directiva, pueden desear el mismo fin; pero pueden diferir en cómo llegar a éste, y es aquí donde radica el “meollo” de la controversia.
Concibo que la ACP ha incurrido en un acto inexplicable e inoportuno al querer expulsar al cooperante de Cáritas Española, Francisco Aperador Garza, por el solo hecho de contribuir a que nuestros campesinos sean entes pensantes. Por amor de Dios, cómo el acto fraternal, dictado por ley divina, de “amar a tu prójimo como a ti mismo” puede estar en contra de la “seguridad nacional”. Ello es inconcebible, cuando en estos momentos miembros de esta misma organización (Cáritas-Red Internacional) en su labor humanitaria exponen sus vidas al distribuir alimentos en las zonas más peligrosas y violentas de Irak.
Este acto, invocará el recuerdo de otra época, donde otro misionero (colombiano) en el interior de nuestro país, con gran esfuerzo y sacrificio, cumplía su deber misionero a través de sus enseñanzas y la organización del campesinado, para que estas personas fueran capacitadas e independientes en su quehacer cotidiano. A este misionero lo expulsaron, pero a otra vida. Su nombre, el padre Héctor Gallego.
La percepción de la imagen de un país es tan delicada e importante que un ex presidente, refiriéndose a una disputa de otro ex mandatario de la República, se expresó en la siguiente forma: “Me parece que es un espectáculo que daña la imagen del país, porque se eleva al extranjero una visión que aquí somos todos corruptos y que los presidentes son corruptos” (El Panamá América, 13 de diciembre de 2003).
La estrategia de la ACP de optar por saturar los medios de comunicación para señalar los beneficios que reciben algunos empresarios, trabajadores artesanales, además, de los tránsitos a través de las esclusas que hacen estudiantes, legisladores y así como organizaciones, entre otros, tiene como objetivo persuadir masivamente al pueblo panameño con el fin de transformar la visión “corporativa” en una visión de “Estado” para su posible aprobación en un referéndum.
Este esfuerzo de relaciones públicas de la ACP es loable, como lo es también de aquellos que difieren, con respecto al alto costo del proyecto, el problema social de los embalses, que remueve a los campesinos de sus tierras, cuestionamiento de los mismos embalses, la desconfianza sobre la construcción de las hidroeléctricas, la destrucción de nuestros bosques, la pérdida de terreno para la agricultura, y la mayoría silenciosa teme que si el proyecto falla, todos los accionistas tendrán que pagar el “pato” por generaciones.
Me parece que este conflicto (y costo) puede reducirse considerablemente utilizando innovaciones tecnológicas verdaderamente de punta, que harían del Canal de Panamá, la vía más eficiente en la faz de la tierra. Para esto se requerirá valor, oportunidad, respaldo y confianza de que los panameños podemos hacerlo mejor administrativa y tecnológicamente.
La visión es tan importante que en la Sagrada Escritura aparece el versículo 29-18 en los proverbios y dice, “El pueblo que no tiene visión perecerá”. El proverbio se refiere a la visión de un pueblo, que en nuestro lenguaje vernacular puede ser Estado o Nación, y no a un ente ficticio que legalmente llamamos “Gobierno Corporativo” o “Corporación Política”, lo cual es la ACP. Es por esto que todo el pueblo panameño, pobre o rico, tienen una alta responsabilidad de velar eternamente y con valor por el bienestar de esta noble empresa, su patrimonio.
La ley que dio origen a la Autoridad del Canal Panamá, establece que debe ser rentable. El honorable Alberto Alemán, administrador de la misma, está llevando a cabo esta misión con seria dedicación en modernizar el Canal, y con miras de expandir el mercado para los barcos post-panamax, y para esto, ya tiene los diseños de los estudios conceptuales para un Tercer Juego de Esclusas.
Públicamente hay que reconocer que el gran éxito del pasado (Comisión del Canal de Panamá) y del presente (Autoridad del Canal de Panamá) se debe a la gran fuerza laboral altamente calificada, dedicada, leal y con una gran motivación intrínseca, que en su mayoría han servido durante ambas administraciones brillantemente.
A pesar del gran esfuerzo de la ACP en lograr su visión (corporación política), emerge un conflicto con segmentos del pueblo panameño (visión de Estado). Los accionistas de este patrimonio, el Administrador con su Junta Directiva, pueden desear el mismo fin; pero pueden diferir en cómo llegar a éste, y es aquí donde radica el “meollo” de la controversia.
Concibo que la ACP ha incurrido en un acto inexplicable e inoportuno al querer expulsar al cooperante de Cáritas Española, Francisco Aperador Garza, por el solo hecho de contribuir a que nuestros campesinos sean entes pensantes. Por amor de Dios, cómo el acto fraternal, dictado por ley divina, de “amar a tu prójimo como a ti mismo” puede estar en contra de la “seguridad nacional”. Ello es inconcebible, cuando en estos momentos miembros de esta misma organización (Cáritas-Red Internacional) en su labor humanitaria exponen sus vidas al distribuir alimentos en las zonas más peligrosas y violentas de Irak.
Este acto, invocará el recuerdo de otra época, donde otro misionero (colombiano) en el interior de nuestro país, con gran esfuerzo y sacrificio, cumplía su deber misionero a través de sus enseñanzas y la organización del campesinado, para que estas personas fueran capacitadas e independientes en su quehacer cotidiano. A este misionero lo expulsaron, pero a otra vida. Su nombre, el padre Héctor Gallego.
La percepción de la imagen de un país es tan delicada e importante que un ex presidente, refiriéndose a una disputa de otro ex mandatario de la República, se expresó en la siguiente forma: “Me parece que es un espectáculo que daña la imagen del país, porque se eleva al extranjero una visión que aquí somos todos corruptos y que los presidentes son corruptos” (El Panamá América, 13 de diciembre de 2003).
La estrategia de la ACP de optar por saturar los medios de comunicación para señalar los beneficios que reciben algunos empresarios, trabajadores artesanales, además, de los tránsitos a través de las esclusas que hacen estudiantes, legisladores y así como organizaciones, entre otros, tiene como objetivo persuadir masivamente al pueblo panameño con el fin de transformar la visión “corporativa” en una visión de “Estado” para su posible aprobación en un referéndum.
Este esfuerzo de relaciones públicas de la ACP es loable, como lo es también de aquellos que difieren, con respecto al alto costo del proyecto, el problema social de los embalses, que remueve a los campesinos de sus tierras, cuestionamiento de los mismos embalses, la desconfianza sobre la construcción de las hidroeléctricas, la destrucción de nuestros bosques, la pérdida de terreno para la agricultura, y la mayoría silenciosa teme que si el proyecto falla, todos los accionistas tendrán que pagar el “pato” por generaciones.
Me parece que este conflicto (y costo) puede reducirse considerablemente utilizando innovaciones tecnológicas verdaderamente de punta, que harían del Canal de Panamá, la vía más eficiente en la faz de la tierra. Para esto se requerirá valor, oportunidad, respaldo y confianza de que los panameños podemos hacerlo mejor administrativa y tecnológicamente.