La visita del emperador
DESDE LA Roma imperial, los emperadores visitaban a sus tribus o territorios conquistados por la fuerza de las armas, y de los cuales una buena parte habían sido manumitidos o sea, reducidos a la condición de esclavos. Por supuesto que semejantes visitas eran precedidas de grandilocuentes anuncios, que destacaban la "bondad de César" de dignarse visitar aquellos lugares.
Los pueblos, amantes por naturaleza de la libertad y no de la esclavitud, organizaban manifestaciones públicas en contra de la presencia del emperador, a sabiendas que las mismas serían reprimidas colectivamente y aún personal y selectivamente; pero era más fuerte el sentimiento de rechazo que el temor a la represión.
Al final de la visita y los consecuentes grandes festines romanos dedicados al César, quedaba la satisfacción de los esbirros de haber adulado más allá de lo necesario a César y de los plebeyos, de haber expresado sus convicciones que el emperador no era más que un farsante, depredador del pueblo y de la naturaleza y opresor de la libertad humana.
A pesar que han transcurrido muchos siglos, la historia se repite, una vez como tragedia y otra como comedia porque hoy, el presidente de Estados Unidos (EU), George W. Bush se pasea por una parte del mundo cual si fuera César, visitando los territorios conquistados con algunas diferencias que precisamente lo ubican como una triste comedia representativa de los viajes de los emperadores romanos. En primer lugar, porque las batallas de conquistas eran encabezadas personalmente por César, quien participaba de la lucha cuerpo a cuerpo para demostrar su coraje y darle ánimo a sus tropas, mientras que nuestro César moderno lo más cerca que ha estado del campo de batalla donde combaten sus tropas es un acorazado en el medio del mar, a miles de kilómetros de la batalla.
César no mentía a sus tropas ni utilizaba subterfugios legales ni excusas falsas para invadir a otros pueblos. Bush le mintió a su pueblo y al mundo para justificar la guerra contra Afganistán e Irak, incluso le mintió a su tropas.
El César romano accedía al cargo por linaje o parentesco, lo que fue interpretado por nuestro César moderno como una posibilidad al heredar el trono llamado presidencia de USA, aunque para ello tuviese que enredar el resultado electoral al menos en su primer mandato.
Recordemos que Bush no era más que un oscuro presidente que arruinaba la economía de EU hasta el 11 de septiembre de 2001, cuando inició su guerra contra el terrorismo mundial, mediante la cual su familia, su Vicepresidente y su hasta entonces consejera de seguridad nacional han obtenido enormes ganancias económicas. Una guerra tan cómoda que nuestro César moderno decide cuando quiera, quién es el enemigo y cómo y dónde debe atacarlo, advirtiéndole al mundo que quien no está con él está contra él. En eso se parece a las intrigas romanas.
Los pueblos con dignidad y con memoria histórica no pueden olvidar a sus muertos; no pueden olvidar las invasiones militares como la que fue víctima Panamá en diciembre de 1989, con el pretexto de arrestar a un hombre (el mismo pretexto que en Irak ha costado más de 50,000 vidas humanas). El emperador anterior intentó pasearse por nuestro país poco después de la invasión para humillarnos más, pero una cadena de acontecimientos en nuestro suelo, incluidas las manifestaciones públicas de rechazo a su presencia, terminó opacando la misma. Hoy, el heredero del trono pretende "visitarnos" en el marco de unas "nuevas relaciones" que no son otra cosa que nuevas formas de dominio imperial, dirigido siempre a garantizar el bienestar del imperio a costa de sus colonias.
Esta visita se da en el marco de un calentamiento global que provoca desastres naturales que no han podido ser controlado porque el Gobierno de EU se niega a firmar el Protocolo de Kioto; en el marco de una globalización de los mercados, encabezada por EU, que ha producido la mayor concentración de capital en muy pocas manos, como nunca antes en la historia; el aumento de la brecha entre ricos y pobres es mas impresionante que nunca. La desigualdad entre la quinta parte más pobre de la población mundial y la quinta parte más rica ha pasado de 30 a 1 en 1960 a 90 a 1, hoy. La riqueza total de las tres personas más ricas del mundo sobrepasa el ingreso nacional acumulado de los 48 países más pobres y los 225 individuos más ricos poseen una fortuna acumulada (de mas de mil millones de millones de dólares USA) equivalente al ingreso anual del 47 % de la población más pobre del planeta. La General Motors, por ejemplo, anuncia un volumen de negocios de un billón 78 mil millones de dólares, o sea, un resultado superior al PIB de África del Sur o de Egipto. Sin duda, hay responsables por esta situación. Todo este proceso de polarización económica es liderizado por nuestro César moderno.
Los gobiernos tienen derecho a invitar a los jefes de Estado que quieran, pero los pueblos tenemos el derecho de repudiar la presencia en el país de una mala caricatura de César hoy, aunque algunos como en esos tiempos, se podrán de rodillas y dirán ¡AVE CESAR!
Los pueblos, amantes por naturaleza de la libertad y no de la esclavitud, organizaban manifestaciones públicas en contra de la presencia del emperador, a sabiendas que las mismas serían reprimidas colectivamente y aún personal y selectivamente; pero era más fuerte el sentimiento de rechazo que el temor a la represión.
Al final de la visita y los consecuentes grandes festines romanos dedicados al César, quedaba la satisfacción de los esbirros de haber adulado más allá de lo necesario a César y de los plebeyos, de haber expresado sus convicciones que el emperador no era más que un farsante, depredador del pueblo y de la naturaleza y opresor de la libertad humana.
A pesar que han transcurrido muchos siglos, la historia se repite, una vez como tragedia y otra como comedia porque hoy, el presidente de Estados Unidos (EU), George W. Bush se pasea por una parte del mundo cual si fuera César, visitando los territorios conquistados con algunas diferencias que precisamente lo ubican como una triste comedia representativa de los viajes de los emperadores romanos. En primer lugar, porque las batallas de conquistas eran encabezadas personalmente por César, quien participaba de la lucha cuerpo a cuerpo para demostrar su coraje y darle ánimo a sus tropas, mientras que nuestro César moderno lo más cerca que ha estado del campo de batalla donde combaten sus tropas es un acorazado en el medio del mar, a miles de kilómetros de la batalla.
César no mentía a sus tropas ni utilizaba subterfugios legales ni excusas falsas para invadir a otros pueblos. Bush le mintió a su pueblo y al mundo para justificar la guerra contra Afganistán e Irak, incluso le mintió a su tropas.
El César romano accedía al cargo por linaje o parentesco, lo que fue interpretado por nuestro César moderno como una posibilidad al heredar el trono llamado presidencia de USA, aunque para ello tuviese que enredar el resultado electoral al menos en su primer mandato.
Recordemos que Bush no era más que un oscuro presidente que arruinaba la economía de EU hasta el 11 de septiembre de 2001, cuando inició su guerra contra el terrorismo mundial, mediante la cual su familia, su Vicepresidente y su hasta entonces consejera de seguridad nacional han obtenido enormes ganancias económicas. Una guerra tan cómoda que nuestro César moderno decide cuando quiera, quién es el enemigo y cómo y dónde debe atacarlo, advirtiéndole al mundo que quien no está con él está contra él. En eso se parece a las intrigas romanas.
Los pueblos con dignidad y con memoria histórica no pueden olvidar a sus muertos; no pueden olvidar las invasiones militares como la que fue víctima Panamá en diciembre de 1989, con el pretexto de arrestar a un hombre (el mismo pretexto que en Irak ha costado más de 50,000 vidas humanas). El emperador anterior intentó pasearse por nuestro país poco después de la invasión para humillarnos más, pero una cadena de acontecimientos en nuestro suelo, incluidas las manifestaciones públicas de rechazo a su presencia, terminó opacando la misma. Hoy, el heredero del trono pretende "visitarnos" en el marco de unas "nuevas relaciones" que no son otra cosa que nuevas formas de dominio imperial, dirigido siempre a garantizar el bienestar del imperio a costa de sus colonias.
Esta visita se da en el marco de un calentamiento global que provoca desastres naturales que no han podido ser controlado porque el Gobierno de EU se niega a firmar el Protocolo de Kioto; en el marco de una globalización de los mercados, encabezada por EU, que ha producido la mayor concentración de capital en muy pocas manos, como nunca antes en la historia; el aumento de la brecha entre ricos y pobres es mas impresionante que nunca. La desigualdad entre la quinta parte más pobre de la población mundial y la quinta parte más rica ha pasado de 30 a 1 en 1960 a 90 a 1, hoy. La riqueza total de las tres personas más ricas del mundo sobrepasa el ingreso nacional acumulado de los 48 países más pobres y los 225 individuos más ricos poseen una fortuna acumulada (de mas de mil millones de millones de dólares USA) equivalente al ingreso anual del 47 % de la población más pobre del planeta. La General Motors, por ejemplo, anuncia un volumen de negocios de un billón 78 mil millones de dólares, o sea, un resultado superior al PIB de África del Sur o de Egipto. Sin duda, hay responsables por esta situación. Todo este proceso de polarización económica es liderizado por nuestro César moderno.
Los gobiernos tienen derecho a invitar a los jefes de Estado que quieran, pero los pueblos tenemos el derecho de repudiar la presencia en el país de una mala caricatura de César hoy, aunque algunos como en esos tiempos, se podrán de rodillas y dirán ¡AVE CESAR!